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Hairspray entretiene y propone reflexionar

En el impecable elenco se destaca la debutante Vanesa Butera, que se gana a la platea como si siempre hubiera estado en un escenario
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16 de julio de 2008  

Hairspray. Autores: Scott Wittman y Thomas Meehan. Música: Marc Shaiman. Música de las canciones: Mark O Donnell y Marc Shaiman. Basado en el film de New Line Cinema escrito y dirigido por John Waters. Adaptación de libro: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Adaptación de canciones: Enrique Pinti. Intérpretes: Enrique Pinti, Vanesa Butera, Deborah Dixon, Patricia Echegoyen, Salo Pasik, Diego Jaraz, Laura Oliva, Jorge Priano, Fernando Dente, Felipe Herrera, Solange Prat, Josefina Scaglione, Ivonne Guzmán, Jessica Abouchain, Oscar Lajad, Alejandro Ibarra, Juan José Marco, Victoria Carambat, Augusto Fraga, Laura Montini, Laura Santos, Marien Caballero Galve, Romina Cecchettini, Rodrigo Cecere, Valeria Cherekian, Carlos da Silva, Anita Fontán, Marcos Martínez, Sonia Savinell, Daniela Pantano, Rafael Valerie y Pedro Velázquez. Sonido: Pablo Abal. Iluminación: Horacio Efron y Pablo Hernando. Vestuario: Fabián Luca. Escenografía: Alberto Negrín. Director musical y preparación vocal: Gerardo Gardelín. Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge. Dirección actoral: Carlos Olivieri. Dirección general: Ricky Pashkus. En el Astral. Miércoles y jueves, a las 20.30; viernes, a las 21; sábados, a las 19.30 y 23, y domingos a las 20.30. Duración: 240 minutos.

Nuestra opinión: muy buena

Un programa televisivo estado-unidense destinado a los adolescentes aparece como punto inicial de la comedia musical Hairspray . A través de él, los jóvenes seguidores que diariamente se sientan frente a la pantalla, entonces en blanco y negro, descubren que amplían sus horizontes de vida: la moda en primer plano, pero, a la vez, el reconocimiento de una modernidad que en los años 60 no sólo se impondrá en diseños de ropa y peinados, sino además en formas de hablar, de relacionarse, tanto con los amigos como con los padres. A partir de allí, cierta libertad posibilitará a los jóvenes tomar conciencia de ese mundo que están habitando y construyendo: un mundo en el que los diferentes parecerían no tener cabida. Pero, como en ese mismo tiempo el futuro asoma como una posibilidad gloriosa, sólo habrá que proponerse redireccionarlo; con pelea, es cierto, pero también con una gran esperanza. La puesta en escena de Hairspray en Buenos Aires tiene dos novedades más que interesantes. Enrique Pinti construye a Edna, la madre de la protagonista, y su recreación es sumamente entrañable. Y la segunda es que Vanesa Butera, Tracy, la hija, debuta en una producción comercial en la calle Corrientes y lo hace desplegando una creatividad ciertamente atractiva.

Desde la primera escena, Tracy se gana a la platea, y con recursos muy genuinos: canta, baila y compone a su tierna adolescente con mucha ingenuidad, la misma que la va fortaleciendo en cada escena a la hora de provocar conflictos en los que si bien su ser joven es determinante también lo es su lucha en favor de quienes están marginados.

Y si Enrique Pinti, además de reafirmar su capacidad de gran histrión, le aporta a Edna unas ricas cualidades, a su lado lo hacen también Salo Pasik, Patricia Echegoyen y Laura Oliva. El primero con un personaje de profunda ternura y las actrices cargando una cuota de delirio que las vuelve a descubrir como reconocidas comediantes.

También son destacadas las participaciones de Diego Jaraz (Andy Collins), Jorge Priano (Kenny Loppeinem) y Fernando Dente. Este último construye a Link, el enamorado de Tracy, con una fuerte y, por momentos, conmovedora imagen. La cantante Deborah Dixon da, una vez más, muestras de ser una vocalista impecable.

Una dirección impecable

Todo el cuerpo de bailarines/cantantes expone mucho rigor, y sus trabajos se lucen gracias a la muy buena concepción coreográfica de Elizabeth de Chapeaurouge, la dirección musical y preparación vocal de Gerardo Gardelín, la dirección de actores de Carlos Olivieri y la dirección general de Ricky Pashkus. Su tratamiento general del espectáculo es muy acertado. Mientras por un lado descubre la frivolidad del mundo juvenil sesentista, por otro remarca con fuerza la pelea que, en lo ideológico, impuso cierta parte de la sociedad por llegar a la igualdad. Entre uno y otro polo la reflexión del espectador está asegurada. Esta mirada hacia la historia pasada, aunque entretenida, deja sus marcas.

Algunas escenas para el recuerdo: la canción que interpretan Enrique Pinti y Salo Pasik, "La misma de ayer"; la interpretación de "Sólo hay que luchar", por Deborah Dixon; Patricia Echegoyen en su cuadro "La leyenda de Miss Cangrejo"; la profesora de gimnasia que construye Laura Oliva, y el final con "No puedo parar el ritmo". Tanto el vestuario de Fabián Luca como la escenografía de Alberto Negrín resultan unos aportes muy enriquecedores.

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