La argentina presa en Turín se quitó la vida

María Soledad Rosas, acusada de ser anarquista, se ahorcó en una granja

12 de julio de 1998  

TURIN, (ANSA)- La mujer argentina acusada de ser anarquista, María Soledad Rosas, sometida a arresto domiciliario por su presunta participación en una ola de atentados cometidos en el norte de Italia, se suicidó anteanoche ahorcándose con una sábana.

La joven, de 24 años, una figura muy conocida entre "punks", anarquistas y "squatters" italianos (usurpadores de edificios), que la llamaban afectuosamente Sole, se colgó en el baño del centro agrícola del voluntariado donde vivía.

Nacida en Buenos Aires en el seno de una familia acomodada, Sole fue arrestada el 6 de marzo último e iba a ser juzgada próximamente con la acusación de haber formado parte de un grupo "subversivo" anarquista.

Con su desesperado último gesto, María Soledad siguió el destino de su novio, Edoardo Massari, de 35 años, quien se suicidó en marzo también colgándose en la celda del instituto penitenciario donde estaba encarcelado.

La muerte de Edoardo -conocido como Edo- había desatado las iras de la comunidad de anarquistas italianos, que tras el suicidio de su líder organizaron una serie de manifestaciones, algunas de las cuales violentas, en Turín, la capital industrial de la península.

"El lunes último la fiscalía pidió el procesamiento de María Soledad por algunos delitos, pero nada en su comportamiento hacía pensar que pudiera llegar a este gesto", comentó ayer por la mañana Luigi Ciotti, fundador del grupo Abele, que colabora con la comunidad de voluntariado donde vivía la anarquista argentina.

Ciotti comentó que los otros muchachos que viven en el mismo centro agrícola, en la provincia de Cuneo, estaban muy afectados por lo sucedido.

Por su parte, el alcalde de Turín, Valentino Castellani, lanzó un llamado a la calma e invitó a no instrumentalizar el desesperado gesto de María Soledad.

"Es un mensaje que dirijo a todos, incluida la municipalidad que encabezo: debemos interrogarnos profundamente sobre la condición juvenil, que necesita seguridades y respuestas", añadió.

Sabotaje y vandalismo

Sole acabó en la cárcel en marzo junto a su novio Edoardo y a Silvano Pelissero, a raíz de una operación policial dispuesta por la fiscalía de Turín, que consideraba a los tres responsables de las acciones de sabotaje contra instalaciones de energía eléctrica, repetidoras de televisión y tendidos del ferrocarril de alta velocidad en los alrededores de esta ciudad.

La joven abandonó la Argentina y peregrinó por varias partes del mundo hasta llegar a Italia. Primero se estableció en la provincia de Novara, donde trabajó en un hotel, y poco después se trasladó a Turín, donde conoció a Edoardo Massari, y se fue a vivir con él en un centro de "squatters" de Collegno, en las afueras de la capital piamontesa.

Para obtener la nacionalidad italiana, María Soledad se había casado "pro forma" con un amigo en febrero.

El arresto de los tres jóvenes había suscitado la protesta de los "squatters" turineses, que causaron en protesta numerosos disturbios y un fuerte estado de tensión en la ciudad. La situación se agravó con el suicidio de Massari, el 28 de marzo último, en cuyo funeral algunos periodistas fueron agredidos.

Sole había obtenido el permiso de participar, aunque brevemente, en el rito fúnebre, y después comenzó una huelga de hambre. El 16 de abril último le habían concedido el arresto domiciliario en la comunidad de Cuneo. En un reciente encuentro con Ciotti, la joven había manifestado la intención de buscar un trabajo externo para no estar todo el día en la comunidad.

El ecoterrorismo la contó entre sus filas

Atentados: torres eléctricas y trenes de alta velocidad eran los blancos atacados en defensa del ambiente por los Lobos Grises.

Se llamaba María Soledad Rosas y sus compañeras le decían Solita. Tenía 24 años, una cara que todos recuerdan bella y angelical, una figura delgada y el carisma, ese carisma que arrastraba tras de sí a su curso secundario del conocido colegio laico, pero con orientación religiosa, Río de la Plata, en Anchorena al 1600.

En el barrio de Palermo, donde vivió desde que nació, sus padres la criaron "como corresponde", según sus vecinas de la calle Beruti al 3000.

Conceden, a regañadientes, que su padre es comerciante de productos veterinarios y que Solita era la menor de dos hermanas. "Gente de clase media acomodada", dijo hace dos meses su vieja amiga de "la cuadra", María Cristina.

Sin embargo, ella decidió costearse sus estudios de hotelería en la Universidad de Belgrano, donde se recibió, paseando perros por la plaza Las Heras. Esas mismas vecinas, algo escandalizadas por las noticias de los diarios, cuentan que era "vegetariana", como si las verduras fueran síntoma de algo irreparable.

Pero un buen día Soledad se rapó y se fue a Italia. Se casó con un desconocido, amigo de su amante, y se convirtió en la "reina de los squatters ", un puñado de jóvenes usurpadores de edificios abandonados que eligen vivir de esa manera para decirle no a la sociedad y que están ligados con el anarquismo.

Estaba presa en una granja y para el fiscal era una ecoterrorista.

La prensa llegó a compararla con Dolores Ibarruri, una de las fundadoras del Partido Comunista Español, que el mundo recuerda como La Pasionaria, un apodo que a Soledad le queda grande: ella jamás dijo "no pasarán".

Sin embargo, en los tribunales de Turín la consideran una usurpadora, le endilgan formar parte de los Lobos Grises, grupo de terrorismo ecológico que perpetró atentados contra la construcción de trenes de alta velocidad que, dicen, afectarían el medio ambiente. Massari era líder de este grupo, que actúa principalmente en Turín, Milán y Bolonia. Soledad lo conoció cuando fue al norte de Italia.

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