Suscriptor digital

"La Justicia obra mal al privilegiar los derechos del asesino"

Lo dijo Rogelia Pozzi, viuda de Aulet
Paula Soler
(0)
19 de julio de 2008  

"Arquímides Puccio sale libre para enseñarles a los jóvenes a cometer hechos ilícitos. Un hombre que nunca se arrepintió de los secuestros y asesinatos que realizó no puede enseñarle apicultura a nadie", dijo a LA NACION Rogelia Pozzi, la viuda de Eduardo Aulet, víctima del hombre que luego de estar 23 años preso, salió libre para trabajar en una granja de apicultura de un amigo.

El fallo de la Justicia, que ordenó la liberación de Arquímedes Puccio, el jefe del clan que secuestró y asesinó a tres empresarios en la década del ´80, sigue causando desconcierto entre los familiares de las víctimas.

El testimonio de Rogelia Pozzi, viuda de Aulet, coincide con los dichos de Guillermo Manoukian a LA NACION, publicados ayer. "Cuando no hay arrepentimiento, no hay recuperación", dijo Pozzi a este diario, aún consternada por la decisión de la Justicia.

Puccio había sido condenado a reclusión perpetua más accesoria por tiempo indeterminado, por lo que estuvo en prisión durante 23 años. Pero la Justicia determinó que por el régimen del 2x1 debían computársele 53 años y ocho meses de prisión, razón por la cual fue beneficiado con la libertad condicional.

De aquí en más, durante cinco años su situación será monitoreada por el Patrimonio de Liberados, que lo visitará en la casa de un amigo apicultor, en General Pico, donde vivirá y trabajará Puccio.

"La gente de General Pico no se merece un asesino suelto, la Justicia obra mal al privilegiar los derechos del asesino por sobre los de las víctimas", dijo, indignada, Rogelia.

Hacía sólo seis meses que la mujer se había casado con Eduardo Aulet cuando el clan Puccio decidió secuestrarlo. "Eramos dos nenes, sólo teníamos 24 años", dijo Pozzi a LA NACION, que hoy tiene 49 años y es abogada.

Si bien se casó nuevamente y admite que pudo seguir su vida, recuerda la fecha exacta del comienzo del calvario. "Lo secuestraron el 5 de mayo de 1983, cuando iba en auto a trabajar". Esa mañana, Eduardo vio que un conocido, Gustavo Contepomi, amante de una familiar, le hacía señas para que parara. Contepomi fue el entregador. El clan Puccio, el que organizó el secuestro.

La negociación del rescate duró 15 días. "Me decía que a Eduardo le gustaba el rugby, que soñaba con viajar a Puerto Vallarta, cosas que yo sabía, para que me quedara tranquila de que él estaba bien", recuerda Rogelia.

A los 15 días, coordinaron la entrega del dinero: 150.000 dólares que le entregó a Alejandro, hijo de Arquímedes, en la zona de Lanús.

"Pero Eduardo nunca apareció, sólo su cuerpo, cuatro años después", contó Rogelia y agregó: "Roberto Díaz fue el cómplice que lo mató a pedido de Puccio. El día que encontramos su cuerpo, Díaz me pidió perdón. Puccio no".

Y comentó: "Si hubiéramos llamado a la policía, Eduardo estaría vivo. No hay que dejarse manejar por el terror. Por eso es injusto que liberen a este hombre".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?