Ordenaron obispo a monseñor Olivera

Asumirá en la diócesis de Cruz del Eje
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19 de agosto de 2008  

Monseñor Santiago Olivera, de 49 años, designado obispo de Cruz del Eje, recibió la consagración episcopal ayer en la catedral de Morón, colmada de fieles.

Lo consagró monseñor Justo Oscar Laguna, obispo emérito de Morón, que en 1984 lo había ordenado sacerdote en ese mismo templo. Lo acompañaron el obispo de Morón, monseñor Luis Eicchorn, y monseñor Omar Colomé, que se desempeñó como obispo de Cruz del Eje durante casi 24 años.

Nacido en Buenos Aires, el últimio de doce hermanos, Olivera vivió desde chico en Ituzaingó, estudió en colegios de Morón y en el seminario de esa diócesis. Y hasta ayer fue allí vicario general del obispado.

El afecto de amigos, parientes y vecinos se evidenció en saludos y abrazos al concluir la ceremonia. Y el intendente de Morón, Martín Sabatella, le entregó una plaqueta.

Olivera recibió la ordenación episcopal en una misa concelebrada por 23 obispos -entre ellos, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio- y 120 sacerdotes.

"¿Tienen mandato del Papa?", preguntó el consagrante, y se leyó el mandato de Benedicto XVI. Asistió a la ceremonia el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini.

Sin leer, monseñor Laguna pronunció una alocución en la que citó conceptos del Concilio Vaticano II sobre el episcopado como plenitud del sacerdocio. "La clave es que seas santo", le dijo a Olivera, y agregó: "Nuestra función de regir es de servir". Destacó el amor por la gente que tiene el nuevo obispo, que perdió a cinco hermanos en poco tiempo, y concluyó: "Que Dios te bendiga".

Luego, le preguntó: "¿Quieres proclamar el Evangelio de Cristo, con fidelidad y constancia?". "Sí, quiero", fue la respuesta. Laguna le impuso las manos sobre la cabeza y pronunció la consagración. Más tarde, besó emocionado la mano del nuevo obispo, que recorrió el templo bendiciendo a la gente que se apiñaba a su alrededor y lo aplaudía.

Olivera expresó su agradecimiento por la elección gratuita de Dios y por llegar a ser en la Iglesia un sucesor de los apóstoles. Evocó a sus padres "generosos que hicieron una familia numerosa". Y recordó que su madre ("mi primera catequista"), que murió cuando él tenía 13 años, le marcó el amor a Dios.

Contó que en 1980 era un joven del movimiento Jornadas cuando oyó en la catedral a Laguna hablar de la necesidad de vocaciones sacerdotales: "Sentí que el Señor me llamaba al sacerdocio." Destacó el ejemplo del cura Brochero, que desarrolló su acción pastoral en las sierras cordobesas, donde él ejercerá su ministerio episcopal, y afirmó: "Su figura me renueva el deseo de ser santo".

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