La Azotea Grande espera la restauración

La pulpería fue declarada Patrimonio Histórico Provincial
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30 de agosto de 2008  

Los caminos se extendían lentamente en forma de abanico desde el puerto hacia el interior del territorio y en ese avance comenzaban a levantarse las nuevas poblaciones cuando el siglo XIX nacía y el país era un proyecto al que le esperaban toda clase de desventuras.

A menos de doscientos kilómetros de Buenos Aires, el río Salado era una de las tantas barreras que se imponían a quienes se aventuraban a desandar esos senderos en los primitivos vehículos existentes.

Antes de llegar al paso de La Postrera, se hallaba La Azotea Grande, una pulpería en la que se juntaban los que iban con los que venían, siempre y cuando el río diera paso; de lo contrario, unos y otros esperaban que el nivel de las aguas descendiera al tiempo que corrían carreras cuadreras y jugaban a la taba o al pato.

La majestuosa construcción, aunque ya en estado ruinoso, aún permite observar su diseño en forma de fortaleza, con dos grandes portones con vista al naciente, frente a un viejo aljibe ubicado en un amplio patio interior, al que convergen las puertas de las numerosas habitaciones situadas en el flanco que da al Norte y las que miran al poniente, donde aún quedan vestigios del salón de despacho de bebidas. Del lado del Sur, una cancha de paleta -abierta, como son todas las de la región-, y sobresaliendo, una palmera domina con su exotismo y su altura al solar en el que se filmaron imágenes de la película Fortín Alto .

Fue en ese lugar donde se estableció el gobierno del extinto partido de Viedma, que existió entre 1864 y 1894, pero tuvo autoridades constituidas durante ese último año, cuando aún no existía la localidad de Manuel J. Cobo. La región se fue poblando de inmigrantes españoles y escoceses e irlandeses, en su mayoría, aunque no faltaron italianos. Todos se acriollaron y participaron de esa suerte de santuario de las cuadreras que fue hasta hace poco tiempo La Azotea Grande.

El anecdotario es rico y colorido y fue alimentado tanto por lugareños como por forasteros. Así lo manifiesta Carlos Antonio Moncaut, al dedicarle varias páginas de Pulperías, esquinas y almacenes de la campaña bonaerense . Uno de los casos es el de Los Norteros, dos pendencieros oriundos de Ramallo o Pergamino que se adueñaron de la tranquilidad de varias esquinas y pulperías de Castelli, Pila y el entonces partido de Viedma, hasta que durante unas carreras El Pardo Lorenzo Mosqueira, hombre de confianza del alcalde Félix Ford, los enfrentó con su talero y una vez desarmados los condujo a la alcaldía, donde, luego de permanecer una noche estaqueados en el cepo, fueron desterrados.

Pisaron aquella pista de cuadreras los más veloces caballos de la región, disputando carreras y pollas memorables. Las amplias instalaciones sirvieron como sede de la Escuela Nº 32 Juana Manso, desde 1944 hasta 1967, fecha en que fue emplazada a pocos metros. En marzo de 1981 los entonces propietarios donaron el predio a la Delegación Municipal de Manuel J. Cobo para destinarlo al emplazamiento de un museo y hace poco tiempo ha sido declarado Patrimonio Histórico Provincial, razón que podría facilitar las partidas necesarias para la restauración de una edificación tan pintoresca como antigua.

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