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Bellezas gélidas

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8 de septiembre de 2008  

Ian Curtis/Joy division. Reversiones Por Ian Curtis

Caja Negra/Varios traductores/111 páginas/$ 43

En sólo dos discos, Unknown Pleasures (1979) y Closer (1980), y algunos simples, Joy Division esbozó la muerte de las ilusiones del rock como fenómeno cultural contestatario. Nacida durante la explosión del punk, la banda pronto se distanció de esa estética ya exangüe y elaboró las imágenes de la desolación posterior a la furia. Con los recursos rudimentarios del género, el grupo compuso una música crispada y monótona, más cerca del letargo que del ruido. Sobre ese terreno, las letras de Ian Curtis, el cantante que se suicidó a los 23 años, en 1980, describen la vida en una Manchester de fábricas vacías. Un mundo sórdido de alienación, en el que la única experiencia cotidiana es comprobar la imposibilidad de todo sentimiento.

Ian Curtis / Joy Division. Reversiones no es un cancionero, sino un intento de reflejar poéticamente la estética de la banda en las traducciones libres de cinco poetas. Violeta Percia opta por evocar en la escritura el pulso de la música y ajusta la puntuación al ritmo de las canciones: "Tengo el espíritu/ pero pierdo el sentimiento// La sensación,/ La emoción,/ El sentimiento". Con un criterio similar, Andi Nachon encabalga las frases y recrea el pulso fracturado y monótono de la música: "ella dijo -gritando y pataleando dijo- otra vez/ perdí el control. Paralizada y// en el piso quedó " Roberto Echavarren, por su parte, ofrece una traducción casi literal, que respeta la forma de la canción y las repeticiones de palabras aun a costa de sacrificar su connotación. Mariano Dupont y Walter Cassara se acercan a una búsqueda conceptual. Reordenan las frases y eligen con libertad las expresiones, a veces omitiendo, cambiando o agregando elementos, para buscar la fluidez de la prosodia y la unidad de la frase: "He aquí los jóvenes, la gravedad doblando sus espaldas. [ ] Cada ritual/ corrió el velo de nuestras quimeras, abrió la puerta/ un instante, para luego cerrarla en nuestra cara". Es esa unidad la que devuelve más intensamente las imágenes de Curtis que, a modo de las oraciones de un rezo, suman escenas en las que las relaciones familiares, el amor, la amistad, la juventud, la proyección al futuro y el placer se muestran vacíos y asfixiantes, y logran de ese modo una interpelación inconcebible para la música pop: "Algún día moriremos en tus sueños". Con sus distintas estrategias, las traducciones recuperan la densidad lírica de la escritura de Curtis y captan su belleza gélida, ya condensada en el arte de tapa diseñado por Peter Saville para Unknown Pleasures: el diagrama electrónico de la luz final de una estrella que se apaga y muere.

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