Feliz incursión por el diván de Freud

Les Luthiers ratifica en su espectáculo N° 33 la vitalidad de su original propuesta humorístico-musical
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9 de septiembre de 2008  

Lutherapia. Espectáculo interpretado, guionado y dirigido por Les Luthiers. Coordinación técnica y luces: Francesco Poletti. Sonido: Miguel Zagorodny. Asistente general: Rodrigo Ramos. Viernes y sábados, a las 21.30; domingos, a las 21. Teatro Gran Rex, Corrientes 857. Desde $ 40.

Nuestra opinión: muy bueno

El "doctor" Mundstock psicoanaliza al "paciente" Rabinovich, pero la sesión es muy especial: dura bastante más que los cincuenta minutos de rigor. Tampoco están solos porque de la inmensa oscuridad que tienen enfrente sobrevienen imparables cataratas de risas, carcajadas y aplausos.

Es que el muy saludable rito de ir a ver de tanto en tanto a Les Luthiers viene acompañado en este estreno - Lutherapia , el N° 33 de su caudalosa carrera de 41 años- de un innegable sabor a Freud, y el Gran Rex, en cada función, explota de alegría sin ningún complejo.

Como lo hicieron en el trabajo anterior ( Los premios Mastropiero ), el "conjunto de instrumentos informales" deja de lado los ceremoniosos y un tanto estáticos monólogos introductorios a los distintos números que tradicionalmente hacía Marcos Mundstock para ofrecer, en cambio, un eje temático distinto y atractivo: el doctor Murena intenta contener en su consultorio al atribulado Ramírez, que está muy traumado porque tiene que escribir una sesuda monografía filosófica, que no le sale, sobre el inefable músico Johann Sebastian Mastropiero, eterna fuente inspiradora de la más famosa banda musical y humorística de todos los tiempos. Los más graciosos y extravertidos miembros de Les Luthiers manejan, pues, el hilo conductor de la nueva propuesta.

Los integrantes del conjunto han reconocido que una de las claves de la cohesión y de la perdurabilidad del equipo que integran desde hace cuatro décadas se debe, en parte, a una importante apoyatura psicológica que los ayudó a seguir adelante de una manera más sólida, manteniendo a raya los divismos personales que suelen ser la principal causa de implosión en los grupos exitosos. Para Mundstock, en particular, ésta es la segunda vez que hace el papel de psicólogo (psicoanalizaba a Diego Peretti en la película No sos vos, soy yo , de Juan Taratuto, hace cuatro años).

En esencia, el férreo y eficaz esquema de siempre de Les Luthiers (introducción seguida del respectivo cuadro musical) se mantiene inalterable, pero con mayor riqueza teatral, al jugarse las partes del parlamento entre dos (Mundstock y Rabinovich).

Pero en la perfecta "división del trabajo" que se da a sí mismo Les Luthiers, hay momentos de lucimiento para todos: si a Carlos López Puccio le toca arrancar el primero de los diez cuadros con el disparatado protagónico de la opereta medieval "El cruzado, el arcángel y la Harpía", Jorge Maronna y Carlos Núñez Cortés tienen en sus exclusivas manos dos de los momentos más logrados y risueños de la noche: el vals geriátrico "Pasión bucólica" (en el que componen a dos desopilantes viejitas) y, especialmente, el cuadro "Rhapsody in balls", en el que se destaca el virtuosismo de Núñez Cortés al piano, para interpretar un blues muy sentido, felizmente intervenido por los sugerentes sonidos que se desprenden del "bolarmonio" (uno de los nuevos artefactos musicales presentados, que tiene la particularidad de emitir sonidos cuando se aprieta una cantidad de pelotas de goma que desplazan su aire a las lengüetas de un armonio) y que Maronna manipula con gran habilidad, a pesar de los jocosos desplazamientos a los que lo somete.

También el conjunto en pleno, con la participación activa de sus cinco integrantes, consigue otros momentos de altísima musicalidad y gracia, como sucede con la cumbia epistemológica "Dilema de amor", que se atreve a mezclar mundos tan divorciados como la filosofía y la canción más popular. También todos juntos, una vez más, vuelven a desplegar su lúdica versatilidad para sacar provecho del sentido de las palabras y sus benéficas cacofonías en el "Aria agraria" y en el "orratorio" titulado "El flautista y las ratas". Además de los vistosos instrumentos thonet de Pablo Reinoso, sobre el final la exorcítara (una gigantesca arpa de luces) agrega misterio, asombro y sugestión a "El día del final".

Desde que el acomodador entrega como programa un flipbook de cuidadosa edición hasta el bis ("El explicao", que, aunque conocido, sigue haciendo reír a lo grande), Les Luthiers garantizan que la fiesta sea completa de punta a punta.

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