Judo de bronce

Fabián Ramírez, en la categoría de hasta 73 kilos, y Jorge Lencina, hasta 81 kilos, lograron el tercer puesto y se convirtieron en los primeros medallistas argentinos en los Juegos Paralímpicos
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9 de septiembre de 2008  

Y en el segundo día de los Juegos Paralímpicos llegaron las medallas para la Argentina. Como si fuese una historia paralela con la de los últimos Juegos Olímpicos, con la emoción de Paula Pareto, el judo fue el deporte que otorgó las primeras recompensas. Quedaron extenuados por la tensión de las horas previas y por el eufórico festejo posterior, pero bien valió la experiencia para Fabián Ramírez, en la categoría de hasta 73 kilos, y para Jorge Lencina (hasta 81 kilos), que obtuvieron sendas medallas de bronce en el Gimnasio de los Trabajadores, de Pekín.

En el combate final, Ramírez, que es ciego y tiene 31 años, neutralizó rápidamente al alemán Matthias Krieger y le aplicó un ippon, situación que le abrió la llave del triunfo y le aseguró el tercer puesto. En el comienzo del certamen, el santafecino había superado en tiempo agregado al iraní Mousa Pourabbas por un yuko y en la siguiente rueda había caído por un ippon ante el mexicano Eduardo Avila, al cabo el ganador de la medalla dorada. Pero después, el atleta de Fadec (Federación Argentina de Deportes para Ciegos) no desaprovechó la oportunidad y le ganó a Krieger.

En tanto, en la definición de hasta 81 kilos, Lencina batió en tiempo reglamentario y en una lucha muy pareja al iraní Seyed Mirhassan por un yuko y un koka. El cordobés, disminuido visual de 33 años (categoría B2), había arrancado con un triunfo ante Natig Novruzzade, de Azerbaiján, tras aventajarlo por un ippon, para luego ser derrotado por la misma vía ante el cubano Isao Cruz, finalmente campeón. Pero en el momento clave, Lencina se tomó desquite con Mirhassan.

"Quedé ciego a los nueve años, y a los 18 empecé a practicar judo. Entonces gané el Panamericano de deportes para ciegos en Buenos Aires y en la temporada siguiente, en 1996, logré la medalla de plata en los Juegos de Atlanta", cuenta Ramírez, que trabaja en la Biblioteca Argentina para Ciegos, en la Capital Federal. Ramírez entregó un mensaje para aquellos que sufren su misma discapacidad: "Para los no videntes siempre es importante practicar actividad deportiva, pero el alto rendimiento no es para cualquiera. Tenés que ser muy constante, no sólo hay que estar fuerte físicamente, sino también con mucha fuerza mental".

La historia de Lencina también ofrece sus particularidades: obtuvo el diploma olímpico al concluir séptimo en los Juegos de Atenas 2004. En 1998 había empezado a perder la visión por un glaucoma y en 2006, con la enfermedad avanzada, decidió participar en la categoría B2 de la Federación Argentina de Ciegos. "Desde que tengo dificultades en la vista encontré este nuevo lugar en el deporte. Cuando los estudios determinaron que tenía glaucoma no lo tomé a mal. Sé que la enfermedad sigue avanzando, pero ya me dijeron que más adelante, con un trasplante de córnea, mi problema podría corregirse. Gracias a Dios, hasta hoy tengo una vida normal", había asegurado el judoca, antes de la partida, al departamento de prensa de la Secretaría de Deporte. El cordobés, que trabaja como mecánico junto con su padre en su provincia, está casado con Gabriela y es padre de Rocío, de 10 años, y Loana, de 6.

Ramírez y Lencina son entrenados por Luis Benítez y Guillermo Trava. Este último, que se ocupa más de la preparación física, contó en una comunicación con LA NACION cómo vivieron los judocas esta experiencia. "En ambos casos, las llaves de la competencia se dieron de manera similar. Fue muy duro, porque están los 12 mejores del mundo de cada categoría y el nivel es casi como si fuera un Juego Olímpico. Podíamos suponer este doble logro, pero en realidad todos los competidores son muy buenos."

En el judo se unificaron todas las categorías de acuerdo con el grado de minusvalía: los que son ciegos en forma total (el caso de Ramírez), los disminuidos B2 (Lencina) y B3. La única diferencia con la competencia convencional es que los judocas comienzan la lucha agarrados. Se supone que los ciegos totales corren con desventaja. Sin embargo, poseen mayor sensibilidad en el contacto físico.

Bajo estas condiciones, hubo dos podios que se tiñeron de celeste y blanco.

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    El sudafricano Oscar Pistorius, con su doble prótesis de fibra de carbono, revalidó su condición de figura en los Paralímpicos y se impuso en la eliminatoria de los 100m, con un tiempo de 11s16/100; hoy disputará la final. También participará en los 200 y los 400m.
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