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Margarita Kenny, en el recuerdo

La cantante lírica, que falleció en agosto, se destacó por su tesón y valentía
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12 de septiembre de 2008  

El pasado 22 de agosto se llevó a cabo el sepelio de Margarita Kenny, figura del arte lírico nacida en Venado Tuerto, que había debutado en el Teatro Colón en 1943, formando parte del elenco de El ocaso de los dioses de Wagner, con dirección de Roberto Kinsky. Alumna de Rosalía Crocco y poseedora de una voz de mezzosoprano voluminosa, viajó a Estados Unidos becada para clases magistrales en Filadelfia, privilegio gestionado por el barítono Leonard Warren que la había escuchado en Buenos Aires. Al finalizar aquellas clases Margarita Kenny viajó a Europa -evidencia de una buena cuota de audacia, tesón y valentía- que se tradujo en actuaciones en escenarios prestigiosos.

Sus mejores papeles en dramas wagnerianos fueron Venus en Tannhäuser , que llevó a cabo junto a figuras relevantes como Max Lorenz, María Reining, Paul Schöfler y Ludwig Weber, y Brangania en Tristan e Isolda , que concretó junto a la legendaria soprano Kirstein Flagstad como protagonista, y asimismo como Fricka integrado un elenco encabezado por la inolvidable Birgit Nilsson. También abordó a la Princesa Eboli en Don Carlo de Verdi y a Leonora en Fidelio de Beethoven.

Mujer afable y sagaz, vivió los últimos años de su vida en su departamento frente al Teatro Colón dedicándose a la enseñanza con buenos resultados como lo han demostrado alumnos como Gloria Sopeña, Beatriz Costa y Carlos Bengolea, entre otros. Ya retirada de toda actividad, se dedicaba a escuchar radio y a recibir a personas que sabían la realidad de su carrera.

En una oportunidad, hace algunos años, cuando se le hizo una entrevista intentó dar una explicación a sus pocas actuaciones en su país: "En realidad mis ausencias y presencias a nadie le debiera importar y por otra parte decir, «¡Eh! mire yo me llamo Kenny ¿sabes quien soy?», siempre sería como presentar una tarjetita de esas que quedan en un cajón y después se tiran. Pero pensándolo mejor -agregó con ironía-, a mí no me molesta pasar inadvertida porque la culpa fue mía ¿y sabe porqué?, porque no quise ¡quedarme esperando la carroza!... ¡No jamás! así de simple", y se le iluminó la mirada con picardía.

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