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Testigo de mil batallas

La Segunda Guerra Mundial, la rendición de los japoneses en el USS Missouri, las luchas en Palestina antes de la creación del Estado de Israel, los conflictos bélicos en Indochina, Marruecos, Afganistán y, por si hiciera falta algo, 17 años de amistad con Pablo Picasso. En el Día del Fotógrafo, el mundo según David Douglas Duncan
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22 de septiembre de 2008  

PERPIGNAN, Francia.-A los 92 años se mueve con agilidad. La piel bronceada, el pelo blanco. El suéter celeste anudado despreocupadamente sobre los hombros aumentan su aire juvenil. Intenta hacer una llamada desde su teléfono celular y sólo después de varios intentos fallidos se pone los anteojos de leer para pulsar los números correctos. Un anillo de oro coronado con un ópalo le da un toque de sofisticación. Es un hombre vital, extremadamente amable y bien dispuesto a las preguntas.

Su visita al XX Festival Internacional de Fotoperiodismo Visa Pour L´Image, en Perpignan, Francia, que finalizó hace pocos días, se debe a su muestra acerca de la Guerra de Corea, que fue el material de su primer libro, Esto es la guerra (1951). Luego vendrían 25 publicaciones más. Entre otras, 7 volúmenes sobre Picasso.

-¿Usted es de Argentina? -pregunta-. Debe conocer entonces a Jacobo Muchnick. Fue un gran editor. En la época de Perón tuvo que empacar sus cosas e irse a Madrid. Recuerdo que cuando apareció mi primer libro sobre Picasso (El mundo privado de Pablo Picasso), Jacobo me envió una carta desde Argentina: "Quiero publicar su libro", decía. Finalmente nos conocimos, en Niza, y fuimos grandes amigos. Pero nunca fui a Buenos Aires. Estuve en las costas de Chile, fotografiando el pez espada. Pero eso fue antes de la Segunda Guerra Mundial.

-¿Todavía sigue fotografiando?

-No hago más fotos. ¡Hice tantas en mi vida! Mi último libro, Picasso & Lump [una recolección de sus fotos y las pinturas que Picasso hizo utilizando como modelo a Lump, su perro salchicha], de 2006, está íntegramente realizado con fotografías inéditas y las hice hace 51 años. Recuerdo que Picasso estaba intrigado por mi forma silenciosa de trabajar, y me preguntó si yo no sentía curiosidad por las cosas que él hacía. Le contesté: "Primero, nunca hago preguntas. Y segundo: nunca toco nada". Entonces me llevó a su estudio y me mostró las pinturas que estaba haciendo inspiradas en Las Meninas, de Velázquez. Vi que en lugar del elegante sabueso que aparece en la obra original él había pintado a mi gracioso Lump.

-Usted hizo varios libros sobre la guerra y en este festival pudieron verse algunas exposiciones sobre los conflictos bélicos de hoy. ¿Encuentra alguna forma de belleza en las fotografías de guerra?

-No. No hay belleza. No en mis fotos. Encuentro algo majestuoso en esos soldados que fotografié. La nobleza del sacrificio. Hay cierta pureza en esos hombres que enfrentan el horror bajo condiciones tan extremas. Es por eso que las fotos en el libro y en la exposición no tienen epígrafes. Quiero que esos rostros muestren por sí mismos el sacrificio de los soldados en combate.

-Cuénteme algo de su trayectoria y de otros fotógrafos que conoció.

-Antes de Corea presté servicio como fotógrafo de la marina durante la Segunda Guerra Mundial. Me siento un marine. Cuando la guerra terminó, yo quería permanecer en la armada, pero no hubo manera. Estaban recortando el presupuesto. Fue imposible. En 1946 me uní a la revista Life. Fue mi única experiencia como empleado de una empresa. Luego de renunciar a Life, hice toda mi carrera como free-lance. Fui amigo de Robert Capa, de Henri Cartier-Bresson, fundadores de Magnum (la agencia que congregó a los más destacados fotoperiodistas, después de la Segunda Guerra). Pero no quise unirme a ellos. Yo soy un solitario.

-¿Es cierto que Ud. podría haber estado en el lugar de Robert Capa el día que él murió, en Indochina?

-En marzo de 1954 recibí un telegrama de mi editor preguntándome si quería volver a Indochina para cubrir el accionar de las tropas francesas allí. Dije que sí, inmediatamente. A las 48 horas, me informaron que Robert Capa estaba en Tokio y llegaría más rápido. En mayo de ese año, Robert murió cuando una mina explotó a sus pies. Teníamos estilos diferentes en situaciones de combate, pero todavía me estremezco al pensar que yo podría haber estado en su lugar.

-¿Y su amistad con Picasso? Es una faceta opuesta a la guerra...

-Picasso fue una gran influencia. El cambió mi visión de las cosas. Creo que la simplificó: veo lo esencial de un tema. Recuerdo que mi español no era muy bueno, siempre tuve una negación con los idiomas, pero él era tan inteligente... No hablábamos mucho. Yo fotografiaba; ése era mi lenguaje.

Los límites

Duncan asegura que a Picasso le encantaba mirar fotografías. Y que Jacqueline (su última pareja) era una buena fotógrafa.

-Una noche, después de la cena, dispuse en la mesa una buena cantidad de hojas de contactos de los miles de fotos que le había tomado. Le dije: "En Nueva York me ofrecen la oportunidad de editar un libro con este material". Yo lo había fotografiado todo. Tenía libre acceso a su intimidad, a sus hijos Paloma y Claude, a Jacqueline..., la casa entera a mi disposición. Le pregunté: "¿Hay alguna imagen aquí que no querés que se publique?". Picasso me dijo: "¿Yo te preguntaría cómo pintar? Vos fotografiá, yo pinto". Era así, directo y sincero.

-En sus 61 años de carrera, ¿hubo algún tema que haya elegido no fotografiar?

-Nunca fotografié el rostro de un soldado muerto. No importa que fuera japonés, coreano, americano, francés... Habría sido violar su privacidad. No me importa lo que hagan otros fotógrafos.Y nunca hice fotos color en un campo de batalla. Es muy engañoso. El rojo de la sangre lo invade todo. El ojo va automáticamente al color. Y yo quiero ir más allá de la superficie de las cosas.

-¿Qué opina sobre el comportamiento de los Estados Unidos con relación a las imágenes de la guerra en Irak?

-Me indigna ver cómo el gobierno de Estados Unidos abusa de la censura en el conflicto de Irak. Como teniente coronel retirado de la marina, me siento avergonzado. Sólo espero que Bush y todo su equipo se vayan cuanto antes del gobierno. La última vez que salí de Vietnam, fui evacuado en un avión desde la base de Khe Sanh, que estaba sitiada por las tropas norvietnamitas. Eramos el piloto, el copiloto, el ingeniero de vuelo y yo. Nosotros cuatro, más 251 marines muertos volando hacia los Estados Unidos. ¿Puede usted imaginarse esa situación? Cuando llegamos a destino, algunos familiares estaban aguardando. Nadie me dijo que no podía hacer fotos. ¡En la actualidad hay tantas restricciones! Si fuera a Irak, tendría que firmar un papel por el cual me comprometería a someter mis fotos a la censura de la marina. Es agraviante.

-¿Se ve a sí mismo como un fotoperiodista o como un artista?

-Soy un hombre al que le gusta tomar fotografías. Algunos corren rápido, otros saben cantar, yo tengo el talento de hacer buenas fotografías. Tengo un sentido de la composición. Lo que veo es lo que fotografío. Fui un marine en la Segunda Guerra. Estuve en Indochina, Palestina, Grecia y otros lugares haciendo lo mismo en diferentes ambientes. Con Picasso aprendí a ver las cosas, no como son, sino como algo más. Lo pude experimentar aquí mismo, en mi cuarto, en este hotel de Perpignan. En el techo hay un artefacto de luz con tres pequeñas lamparitas. A mí me parece que dibujan un rostro. Eso es lo que Picasso habría dicho. En los años 50, cuando estaba haciendo una historia sobre el arte japonés, vi rostros de espantapájaros en los arrozales, en las montañas. Ahora, las lamparitas en el cuarto me hicieron evocar esas imágenes. Este ejercicio viene de Picasso, pero también de mi imaginación.

Más datos:

  • www.hrc.utexas.edu/exhibitions/web/ddd/home.html
  • www.visapourlimage.com
  • Agradecimientos:

  • Embajada de Francia en Argentina
  • Canon Argentina
  • Una vida tras la lente

    Durante sus más de sesenta años de carrera como fotógrafo y escritor, el norteamericano David Douglas Duncan (92) ha publicado más de 25 libros. Muchos de ellos acerca de su amistad con Pablo Picasso, algunos autobiográficos y otros sobre la Guerra de Vietnam. Pero su primer libro, Esto es la guerra (1951), sobre el conflicto bélico en Corea, fue tal vez la mayor referencia sobre la fotografía de guerra en el siglo XX. Una selección de ese volumen se expuso a principios de septiembre en la edición número XX del Festival Internacional de Fotoperiodismo Visa Pour L´Image, en Perpignan, Francia.

    Duncan nació en Missouri, Estados Unidos, e inició su carrera como reportero de una manera casual, cuando fotografió el incendio de un edificio en Tucson, donde se hallaba estudiando arqueología. En sus fotos del incendio aparecía un hombre que intentaba infructuosamente entrar al edificio en llamas. Ese hombre resultó ser John Dillinger, el notorio ladrón de bancos.

    Pero su vocación se definió fotografiando para el periódico de la Universidad de Miami, donde en 1938 se graduó en Zoología.

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