"Tengo mucho de Eva Perón"

Con Daniel Scioli en la producción y cierto amparo político, Eva vuelve a escena en La Plata y en Buenos Aires
Pablo Gorlero
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17 de septiembre de 2008  

Era 1986 y no hacía mucho que Nacha Guevara y Alberto Favero habían vuelto de un exilio que los tuvo lejos del país durante casi una década. Y entre los múltiples viajes y shows aparecía la imagen de Eva Perón como focal artístico. Estuvieron cerca de Harold Prince, director de la apócrifa Evita , de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice; y de muchos personajes vinculados al peronismo que los nutrieron de historias, anécdotas y radiografías íntimas de la mujer que generó tanto amor y tanto odio en la Argentina, hasta el día de hoy.

Por eso se tomaron su tiempo, el que necesita una buena obra musical gestada en conjunto, en forma conceptual y mancomunada en la que todos sus componentes tienen la chance de sublimar el producto final. Fueron siete años en los que Nacha Guevara, Alberto Favero y Pedro Orgambide generaron Eva , un musical que muestra al personaje en forma objetiva, humana, sin demonizarla ni endiosarla. Se estrenó en 1986, en el Maipo, donde estuvo ocho meses en cartel: bastante, pero poco para la resonancia que tuvo ese espectáculo. A través del tiempo, ese musical netamente argentino generó fanáticos que hoy en día conocen las letras de las canciones y hasta algunos textos. "¿Dónde está, dónde lo tienen?", decía Gimena Riestra en su obra Las tontas , en un guiño cómplice a los fanáticos de Eva , al remedar la voz de Nacha en la escena en la que Perón es llevado preso.

Eva , en la piel de Nacha, está de vuelta, gracias a una charla que tuvo el año pasado la actriz con Daniel Scioli y Karina Rabolini. Tanto interés le generó la obra al, por aquel entonces, vicepresidente de la Nación, que le pidió un video. "Lo vamos a hacer de nuevo", le dijo. Así es como el Instituto de Cultura de la provincia de Buenos Aires, además de otras instituciones y patrocinadores bonaerenses se sumaron al proyecto, que hoy, en forma de megaproducción, se estrena en el Argentino, de La Plata. Ante tamaña inversión que involucra a 134 personas, además del staff de cada teatro, y con cinco toneladas de escenografía y 600 trajes de época (muchos de ellos originales), no todo quedaría en la capital provincial, donde hará 11 funciones hasta el martes 30. El 21 de octubre, subirá a escena en el Lola Membrives, donde permanecerá hasta marzo.

-A vos no te gustan las remakes, ¿cómo te convencieron para volver a hacer Eva ?

-Tanto mi hijo Ariel, con mucha gente venían repitiéndome: «Eva, Eva, Eva...». Esa obra no tuvo una chance verdadera. Había que volver a hacerla. La verdad es que Daniel [Scioli] es una persona muy perseverante. Ahora empiezo a ver la obra armada, cómo suena la orquesta, la escenografía... y la emoción es tan grande... Y pienso que fue una suerte que me insistieran. Yo también vi el video de Eva veinte años después y me emocionó mucho. Estaba muy bien hecha.

-¿Vas a tener que salir a explicar que ésta no es una obra K?

-No hay que explicar nada. Esta es una producción en la que, sobre todo, Daniel ha sido la proa para que esto avance. Pero también tenemos empresas grosas y dos productoras. Hay muchos bonaerenses en el elenco también; el 50 por ciento, empezando por mí y por Favero.

- Trabajaron mucho esta obra en el exilio, primero, y para reestrenarla después... ¿Es la obra de la revancha?

-Es verdad, fue contra viento y marea. Pero la llamaría mejor la obra de la recompensa. Favero, Orgambide y yo pusimos mucho amor en ella. Fueron meses estudiando, investigando y con una mirada especial.

-Es muy difícil encontrar esa mirada en un personaje tan fuerte y no ponerse de un solo lado de la cancha...

-Con sus contradicciones, sus dualidades, sus virtudes, sus defectos... Un ser humano. Tuve mucha perseverancia en eso. No queremos mostrar un personaje, sino una persona. Podés estar de acuerdo o no, pero era un ser humano excepcional. Uno muchas veces ve pasar el destino y no se sube a ese tranvía. Ella se subió hasta el final. Admiro esa valentía de vivir.

-¿Esto de llegar al fondo de la persona te pasó a partir de la investigación o ya lo traías de antes?

-Entró en mi vida cuando era niña y veía en ella una mujer con poder. Eso fue algo natural para mí. Sé que le debo algo por eso y que muchos miles de mujeres tienen esa deuda fraternal con ella. Por eso me remueve mucho cuando hago la escena del voto femenino. Me emociono muchísimo. Y sí señor, antes estuvo Alicia Moreau de Justo, pero el destino la tocó a Eva para que lo lograra. Vi desde mi balcón, de niña, su renunciamiento en el Ministerio de Obras Públicas. Sin juzgar, sin analizar, sentí lo que pasaba, la tristeza con la que se fueron yendo, las antorchas que se apagaban, el amor. A su vez, durante los sesenta y setenta estuvieron cerca mío muchas personas cercanas a ella. Félix Torres es quien inspira a Mario [personaje protagónico de la obra]. Fue una persona de una lealtad increíble durante nuestro exilio. Era agente de policía y tenía dos camisas, una con el puño y el cuello gastados. Evita estaba con las costureras y se la arregló. Con el tiempo, en una custodia, se encuentran, él le recuerda la anécdota y a partir de ese día, estuvo a su lado todo el tiempo. Cuando ella murió, él fue preso casi dos años. Además, la presencia de Cámpora cerca nuestro durante el exilio también nos trajo anécdotas. Ella se quedaba hasta muy tarde trabajando en la Fundación, entonces para que Perón no la rete, se sacaba los zapatos al entrar en la casa y entraba en puntas de pie.

- ¿Hicieron muchos cambios en la estructura dramática?

-Tiene una mirada nueva. Han pasado 20 años. Y si no se vive al divino botón, 20 años son una gloria. Me pasa a mí, a Favero, a Rodolfo [Valss]... El tratamiento del personaje tiene una profundidad diferente. Es menos rabiosa, la rabia siempre sale del dolor.

-¿Hay un porqué más marcado?

-Sí, exacto. Hay una fragilidad mayor. Por lo tanto, es mucho más fuerte. Se marca esa contradicción entre su vulnerabilidad y su fortaleza. Como actriz es recorrer otro camino. Además, hay mucho aggiornamiento en tecnología. Ahora tenemos imágenes, una pantalla integrada a la escenografía, filmaciones y documentales que terminan de contar una historia. Hay mucha creatividad en todas las áreas.

-¿Nacha es muy Eva?

-No lo sé explicar muy bien. La conozco tanto... Sé lo que haría ella en cualquier circunstancia. Eso es conocer a un personaje. Tengo un desgaste emocional muy fuerte en esta obra. Sufro. El segundo acto es tremendo. Es posible que yo tenga una tendencia parecida a Eva a reaccionar de cierta manera. También tengo un parecido físico, las manos... Deseo sabés qué: que esta obra perdure, que la hagan siempre cuando yo no esté.

-¿Pero la verías en la piel de otra actriz?

-[Piensa mucho]. Deseo que sí porque la obra trasciende a las personas. Pero es un rol difícil. Hay que cantar, bailar y tener una fuerza dramática muy importante. Hay que ser bastante arriesgado y loco.

Hay que admitirlo. A Nacha le tienen miedo. Por allí por donde se mueve, actores y técnicos tiemblan, pero a su vez, no dejan de remarcar su talento y su exactitud. Pero dentro de su aparente dureza, sale la Eva sensible... la Nacha sensible. "Un jefe de maquinarias del teatro me dijo: «Cuando la veo a usted, veo a Eva. No sabe lo que lloré aquí, Nacha»." Y a ella se le llenan los ojos de lágrimas, con orgullo.

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