"La novela sin lector es como una orquesta que no puede escucharse"

Entrevista con Margaret Atwood, ganadora del Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2008. La escritora canadiense llegó a Buenos Aires para participar de un simposio de ecología
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22 de septiembre de 2008  • 15:55

"Si puedes reír, es que estás vivo. Y eso significa que no te has rendido todavía". Así habla Margaret Atwood, que llegó esta semana a Buenos Aires para hablar de pájaros; sobre "la necesidad de proteger a los pájaros porque, junto al hombre, es el único ser vivo capaz de cantar. Y además tienen los atributos de los ángeles: las alas y el canto, no así las garras, que se las dejamos a los demonios".

Atwood sonríe todo el tiempo y esa imagen contrasta de pleno con el retrato que se hace de ella: agresiva, mordaz, irreductible. Habla con suavidad, convicción y un aire juguetón en los ojos azules, que provoca un destello en su piel de envidiable tersura.

"Nací y viví en un bosque del norte de Canadá, mi padre era biólogo e investigaba los insectos. Allí llegaban aves subtropicales durante el verano, para reproducirse. De mayo a junio el aire estaba lleno de cantos de pájaros. En agosto y septiembre se reunían en el bosque para emigrar hacia el sur. Hacia Ecuador, México. De modo que crecí con esa perspectiva naturalista y he escrito mucho sobre ello", dice a La Nación la flamante Premio Príncipe de Asturias de las Letras, que recibirá en Oviedo, España, el 22 de octubre próximo.

Atwood es una defensora de la ecología y una feminista de las que creen, sencillamente, que a las mujeres hay que considerarlas seres humanos. La naturaleza juega un papel relevante en su literatura.

En la conferencia mundial sobre conservación de aves que la trajo a Buenos Aires, Margaret Atwood, copresidenta honoraria de BirdLife International, junto con su marido, Graeme Gibson, hablará sobre "Los seres humanos en las sociedades de pájaros". El encuentro será inaugurado por la princesa imperial japonesa Hisako Takamado, que hablará sobre "Los pájaros en las sociedades humanas".

De ella se dice que abrió la literatura canadiense al mundo y hay quienes la llaman "la gran reserva natural de Canadá". Su obra es motivo de sesudos seminarios en distintas universidades. En algunos cenáculos, incluso, se arriesga que está injustamente postergada en el Premio Nobel de Literatura.

En español, se consiguen en Buenos Aires dos de los libros de Atwood: Desorden moral (Bruguera) y Penélope y las doce criadas (Salamandra). Pero su obra es mucho más vasta. Como escritora siente que tiene un compromiso ético que asume sin hesitaciones.

A los 69 años, Atwood –que inició su andadura literaria con La mujer comestible-- ya tejió su propia leyenda. Sobre todo, cuando se recuerda que en varias de sus novelas anticipó el futuro. Ella dice que no tiene poderes psíquicos, sino que aplica "el sentido común" y lee, sobre todo, las noticias pequeñas de la última página de los diarios para tener una idea de por donde irán las cosas. Y se cumple.

Al término de la entrevista, la escritora canadiense, vestida de manera informal, toma suavemente a la cronista del brazo y la acredita en el encuentro sobre los pájaros en el Sheraton Hotel. Su militancia es eficaz y no pierde un minuto.

¿Prefiere usted escribir cuando los pájaros cantan o cuando emigran?

Todo es parte del todo. No se puede tener una cosa sin la otra. Pero el canto de los pájaros es algo muy singular. Porque sólo ellos y los seres humanos pueden cantar. Y les hemos dado estas propiedades de los ángeles: las alas y el canto. Las garras se las dejamos a los demonios. Gibson (así se refiere a su marido) escribió una antología sobre las aves, desde el arte, la poesía, la literatura, la fotografía, en la que se cuenta la relación entre los pájaros y los hombres a través del tiempo y desde distintas culturas.

Me deslumbró una declaración suya respecto de que la poesía nace en el mismo sector del cerebro que crea la música y la matemática.

Es una teoría no totalmente probada de que la poesía tiene lugar en una parte diferente del cerebro, que es también el sitio de la música y la matemática. Y es más remota de la parte que produce el habla y la escritura narrativa. Las personas que tienen heridas en el cerebro y no pueden hablar, pueden cantar sus palabras y eso significa que ambas funciones están separadas en el cerebro. Se pueden perder elementos del habla y las palabras conectoras, pero se conserva el sentido musical.

Desde esa perspectiva ¿cómo definiría a la escritura?

Algunas personas sólo pueden escribir novelas, otros sólo pueden escribir poesía. Yo soy ambidiestra. Hago las dos cosas y son dos estados mentales diferentes. Escribir una novela es una parte de inspiración y nueve partes de trabajo. Escribir poesía implica un 60% de inspiración y el resto es escribir. ¿Qué prefiero yo? Prefiero lo que estoy haciendo en el momento de hacerlo.Lo que me atrapa es el momento, ya sea un estado poético o un narrativo. Lo disfruto de la misma manera.

Sin embargo ha dicho usted que el primer rayo inspirador fue la poesía.

El momento de inspiración es el mismo. Quizá toma más tiempo transformarlo en algo más largo, como una novela. Un escritor nunca lo sabe.

¿Qué siente usted que pasa con su escritura en relación con el mundo?

No es lo mismo que ser cantante de ópera y tener a la audiencia en vivo en el momeno de la actuación, que escribir un libro. Cuando uno escribe no está en la misma habitación que el lector que luego lee el libro. Todos los lectores son diferentes y extraen diversos significados de tu libro. La lectura es un acto individual. Cada uno reacciona de acuerdo con su propia experiencia, su tiempo, su género, su cultura. El texto es como una partitura musical. El lector es como un violinista. La partitura no es música hasta que alguien la toca. Es una receta. Del mismo modo, las palabras son marcas negras en páginas en blanco. Hasta que alguien las lee y se convierte en un libro.

¿Desde ese punto de vista el lector completa la obra?

Sí, debe ser así.. La novela sin lector es como una orquesta inmensa que nunca se puede escuchar. Hasta que un lector la encuentra.

Se puede ir de la distopía (utopía en sentido negativo) que usted propone a la utopía?

Este es una mala época para las utopías. Hudson escribió La Era de Cristal, donde planteaba un mundo donde no había más sexo. El único hombre del presente que quedaba en el futuro seguía interesado en el sexo pero no conseguía hacaerse entender sobre lo que hablaba. Esa era su idea de la utopía. En la obra se había solucionado el problema de la superpoblación, pero era difícil para el héroe. La guerra de Irak también comenzó con la utopía de una promesa de democracia de un día para el otro. La naturaleza humana no funciona de ese modo. Somos mucho más hábiles para fabricar distopías, que para buscar utopías. Porque somos más hábiles para crear el infierno que para inventar el cielo.

¿Qué le inspira el nombre de Buenos Aires?

Tengo un muy bueno amigo argentino, Alberto Manguel, que fue lector de Borges. Conocí a Borges hace mucho tiempo. Alberto trabajó en una antología de escritoras latinoamericanas que leí. También conozco el tango e intentaré bailarlo cuando termine esta conferencia mundial. He leído a Tomás Eloy Martínez y Santa Evita. ¿Sabe usted donde está ahora su cadáver?

En el cementerio de Recoleta

(Con picardía, pregunta) ¿Está segura?

¿Hay interés en Canadá sobre la literatura iberoamericana?

Sí, siempre hemos estado interesados en la literatura iberoamericana. Pero la industria editorial canadiense no es muy grande y sólo si alguien traduce, se puede acceder a la literatura en español. No es tan fácil. Muchos de los autores latinoamericanos nos llegan en traducciones de Francia. Otras, desde Gran Bretaña. Yo entiendo español, pero no me atrevo a hablarlo porque sería doloroso para quien me escucha. Es interesante descubrir nuevos autores. Hubo un movimiento fuerte después del boom latinoamericano con García Márquez.

¿Dará su discurso en español al recibir el Premio Príncipe de Asturias?

Sí, mitad en español, para lo cual estoy trabajando muy duro. Este premio me sorprendió extremadamente y estoy muy agradecida.

¿Qué es hoy ser feminista?

Ya no tenemos definiciones de feminista. A cada mujer le pregunto ¿qué quiere decir con feminista? Mi generación es pre-feminista. Yo escribía antes de este movimiento que empezó en 1969. De modo que cuando llegó la segunda ola de feminismo, entré en el movimiento de los derechos civiles. Lo primero que tenemos que pensar es que las mujeres son seres humanos. Eso no siempre es reconocido. Hoy las mujeres crecen sin saber todo lo que se vivió antes. o creo que las mujeres sean maravillosas, ni ángeles, ni que hacen siempre lo correcto, o que no mienten ni hacen daño a otras mujeres. Son seres humanos. Y actúan como el resto de los seres humanos. Muchas veces me metí en problemas porque en mis libros pongo mujeres que no hacen lo correcto ni son agradables o inteligentes, pero quiero que sean seres humanos. Porque miro alrededor y es lo que veo. Creo que hoy ser feminista es ser humano.

¿Su literatura ha sido premonitoria?

Siempre me lo pregunta. No puedo predecir el futuro, porque no hay solamente un futuro. Uno puede adivinar las probabilidades. Hay futuros más probables que otros. Puedo mirar el camino por el que vas y hacer una previsión sobre lo que sucederá si sigues por ahí. Pero no tengo poderes psíquicos. Leo las noticias pequeñas de los diarios, las que están escondidas, y luego veo como se van haciendo más grandes hasta terminar en la portada. Por ejemplo, hace dos años y medio escribí Payback: Debt and the shadow side of wealth, un libro sobre el lado oscuro del dinero. Y ahora me preguntan como sabía yo que iba a ocurrir lo de Wall Street. Este libro apareció el sábado último en The Wall Street Journal. Sólo es cuestión de observar las tendencias y aplicar el sentido común. Hay que observar a los animales y a los pájaros, para ver qué les afecta y allí obtienes resultados.

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