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Deporte insólito

Por Pablo A. Ramírez
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5 de agosto de 1998  

Muchas veces ocurrió que diversos jugadores integrantes de un mismo equipo estuvieran enemistados. Forrester y De Sáa, componentes de una excelente pareja de zagueros en Vélez Sarsfield entre 1933 y 1938, jugaron mucho tiempo sin hablarse. Y lo propio ocurrió con Pedernera y Labruna. Pese a ello se complementaban admirablemente.

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En el excepcional período de apogeo de la delantera riverplatense apodada La Máquina, Juan Carlos Muñoz fue un puntero extraordinario, muy superior a Deambrosi, extremo de ambos costados. Sin embargo, Moreno, Pedernera y Labruna preferían que jugara Deambrosi, pese a su notoria inferior calidad. Pero ese deseo no se debía a que estuviesen enemistados con Muñoz. Este, con su habilísima gambeta interrumpía el circuito establecido por Moreno y Pedernera. Se paralizaba el funcionamiento de La Máquina, lo que no ocurría con Deambrosi, que tenía noción de que era auxiliar, no un protagonista como Muñoz. De tal modo, esa excepcional delantera tuvo problemas por exceso de calidad.

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Muchas veces ocurrió que se protestara un partido por la inclusión indebida de un futbolista. Pero en agosto de 1968 hubo una protesta por un jugador inexistente. José Ledesma nació en 1948 y sus padres se olvidaron de anotarlo en el Registro Civil. Cuando se convirtió en futbolista integró el equipo de Valdés, en la localidad de 25 de Mayo (Buenos Aires). Hasta que aquel año Alumni perdió con Valdés y los dirigentes del equipo perdedor averiguaron los antecedentes de Ledesma y se encontraron con que esa persona no existía, por lo que protestaron el partido.

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El único caso conocido de un futbolista extranjero que integró un seleccionado argentino fue el del volante paraguayo Constantino Urbieta Sosa. Llegó a Tigre en 1932 y se radicó en nuestro país. Se nacionalizó argentino y fue designado para integrar el plantel que intervino en el Mundial de 1934. H. Correa (paraguayo), Arico Suárez (español) y Wegifker (brasileño) eran futbolísticamente argentinos.

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