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Jorgelina Aruzzi: una madre "sacada"

Volvió con un unipersonal humorístico y psicológico que le brinda posibilidades de lucimiento
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23 de octubre de 2008  

La madre impalpable. Dramaturgia: Jorgelina Aruzzi y Mario Marino. Idea, dirección, interpretación, escenografía y vestuario: Jorgelina Aruzzi. Codirección y asistente de producción: Mario Marino. Diseño sonoro y diapositivas: Pablo Palavecino. Luces: Manuel Archain. Asistentes: Marcelo Aruzzi y Titi Ricciuto. Operador de luces: Ignacio Spaggiari. Viernes, a las 21, en Anfitrión, Venezuela 3340. Duración: 50 minutos.

Nuestra opinión: buena

Las mamás canosas o alguna que otra tía sesentosa dirían que Jorgelina Aruzzi, Noralih Gago, Eugenia Guerty, Gimena Riestra y algunas otras actrices de su tipo son unas ?locas lindas?. Y sí... son una generación que utilizó el humor y el varieté para adentrarse en teatralidades profundas, que hoy resuenan y hasta son adquiridas por la televisión.

Jorgelina Aruzzi se hizo popular con su genial composición en Amor mío , y luego saltó al protagonismo con Chiquititas y Aquí no hay quien viva . Hubiera sido raro que dejase el teatro por el brillo de la fama, y es en Anfitrión, el lugar del exitoso 3340, con humos de cabaret (se lo extraña) , en el que participó asiduamente, donde decidió regresar.

Esta vez, junto a Mario Marino, armó un texto absolutamente psicológico que le da todas las posibilidades como para lucirse en diferentes situaciones, solita su alma sobre el espacio escénico.

Aruzzi encarna a una madre de hoy en día que acarrea vicios de madre. Llega a una reunión de padres del colegio de su hijo y tiene, como único objetivo, quejarse porque los demás chicos cargan al nene por ser "gordito". A partir de ahí será una especie de exploradora de esa institución educativa, en un viaje por el que desfilarán desde el director y algún atlético profesor de gimnasia hasta su propio hijo. Pero no será suficiente para que esta mujer "sacada" se dé cuenta de que llegó a adulta sin haber aprendido nada. Está contaminada y todo indica que no tiene cura.

La actriz, lo mejor

Jorgelina Aruzzi no se hace problemas en interactuar con varios personajes imaginarios. Tiene la ductilidad, la concentración y la seguridad escénica como para hacerlo. Su composición hace transitar al espectador por diferentes sensaciones, desde la carcajada hasta la reprobación y esa risa que tuerce la comisura de los labios. Ella es lo más importante en esta propuesta de temática pequeña pero útil para que la actriz pueda desplegar un talento que se extiende a un manejo físico impecable.

El espacio escénico concebido por ella misma también es un hallazgo. Blanquísimo, da esa sensación de nada necesaria para que ella pueda entrar y salir por distintas puertas y dialogar con mucha gente que, en realidad, no está en escena. Del mismo modo, es un gran aporte el diseño audiovisual y sonoro que recreó Pablo Palavecino (compañero suyo de andanzas en el varieté).

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