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Hoy asume Mahuad la presidencia de Ecuador

Lastre: la tensión fronteriza con Perú y la peor crisis económica en 50 años son los desafíos inmediatos que tendrá el nuevo mandatario.
Javier Navia
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10 de agosto de 1998  

Jamil Mahuad Witt asume hoy la presidencia de Ecuador en medio de un clima de creciente tensión con su vecino Perú y de la peor crisis económica de los últimos cincuenta años.

Ambos temas son flancos abiertos dejados por el saliente gobierno de Fabián Alarcón que Mahuad deberá cerrar rápidamente para encaminar con éxito su gestión y las metas propuestas durante su campaña electoral: el crecimiento de la economía en un promedio de cinco puntos para los próximos cuatro años. Un desafío que hoy parece improbable de alcanzar.

El plan económico de Mahuad se encuentra firmemente anclado en la inversión extranjera y para que ésta llegue no bastarán las visitas del nuevo mandatario a los centros financieros internacionales ni su amistad con influyentes economistas de Harvard, donde Mahuad realizó un máster en administración pública.

El escollo más importante que el nuevo gobierno deberá sortear para que los inversores giren ojos y bolsillos hacia el país es el deterioro que la imagen de Ecuador ha sufrido en los últimos años, signados por una guerra y un cuasi golpe de Estado.

Mahuad anunció reiteradamente que recuperar la credibilidad en el país será una prioridad. Sin embargo, su asunción en medio de un conflicto fronterizo que amenaza con agravarse y evolucionar hacia rumbos imprevisibles convierte la meta en un reto que demandará más que esfuerzos.

La ardua tarea que enfrenta requerirá de Mahuad medidas económicas de fondo que pueden resultar impopulares, pero que deberá efectuar antes de que el tiempo haga mella en su popularidad, ya bastante limitada luego de un estrecho triunfo -por sólo por dos puntos- ante el roldosista Alvaro Noboa.

Conoce la adversidad

Pero Mahuad, de 49 años, ha sabido enfrentarse a la adversidad. La mayor ocurrió en 1996, cuando un derrame cerebral lo sorprendió mientras ofrecía una conferencia en Barcelona y lo colocó al borde la muerte. Su sueño de alcanzar la presidencia, para la que se había preparado durante años, parecía alejarse. Sin embargo logró recuperarse completamente.

En 1988 ya había sido candidato por la Democracia Popular (DP, democristiana), pero quedó relegado en la primera vuelta. La derrota no lo desanimó y fue a los Estados Unidos a capacitarse para la función pública.

Cuatro años después estaba de vuelta en el país. Venció al entonces diputado Fabián Alarcón y accedió a la alcaldía de Quito. Su gestión al frente de la capital -a la que cambió la cara- le permitió construir una imagen de administrador eficiente y moderno.

Con esa bandera luchó en la campaña de este año para la presidencia. Sin embargo, su excesivo pragmatismo y escasa cintura política cerca estuvieron de dejarlo fuera de carrera nuevamente, cuando su rival Noboa reveló que Mahuad tenía un hijo no reconocido. La noticia deterioró su imagen entre la conservadora burguesía serrana y en dos semanas su popularidad cayó casi 30 puntos. Pero, aunque con lo justo, alcanzó su sueño.

Así asume Mahuad la presidencia del país más pobre de América del Sur. En él han depositado los ecuatorianos la última cuota de confianza en la clase política. No puede fallar.

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