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Premio a la excelencia judicial

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4 de noviembre de 2008  

Cuatro cualidades les pertenecen a los jueces: escuchar cortésmente, contestar sabiamente, considerar todo sobriamente y decidir imparcialmente". Con esta cita de Sócrates, el doctor Carlos Oteiza Aguirre, presidente del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (Fores), cerró el acto de entrega del Premio a la Excelencia Judicial 2008 que esa institución, junto con el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), instituyó para destacar la labor de jueces independientes y probos y de tribunales que imparten justicia con calidad jurídica en las sentencias y una gestión eficiente e imparcial.

Desde 2002 se distingue anualmente a dos tribunales en fueros diferentes de la Capital Federal. Este año los galardones correspondieron al fuero Civil Patrimonial y a un Tribunal Oral en lo Criminal.

En el primer caso se premió la excelencia del Juzgado Nº 80, del doctor Daniel Guillermo Alioto, por considerarlo un exponente sde aquellas cualidades que fortalecen la confianza en la Justicia. La terna también estaba integrada por el Juzgado Nº 21 de la doctora María Eugenia Giraudy y el Nº 107 del doctor Diego Alberto Ibarra.

En el segundo se distinguió al Tribunal Oral en lo Criminal Nº 10, integrado por los doctores Alejandro M. Becerra, Jorge R. Bustelo y Silvia E. Mora, quienes reciben un merecido reconocimiento pues trabajan con realidades muy duras cuya resolución influye directamente en la seguridad física de los ciudadanos, y también por haberse encontrado allí un equipo de trabajo de empleados y funcionarios liderado por estos magistrados. La terna estuvo también integrada por los tribunales Nº 24 de los doctores Raúl H. Llanos, Cecilia Maiza y Marcelo R. Alvero, y el Nº 26 de los doctores Patricia M. Llerena, Marta A. Yungano y Manuel García Reynoso.

Estas premios se disciernen después de una trabajosa labor de selección de los equipos técnicos de Fores que, con una rigurosa metodología, miden diferentes parámetros como la calidad de los fallos, la productividad y hasta el trato otorgado a los ciudadanos litigantes y a los abogados que se acercan a sus estrados.

El discernimiento de estos premios, que se han convertido en una tradición del año judicial, es el resultado de la sinergia producida por la unión de esfuerzos entre la institución empresarial IDEA y una ONG especializada como Fores, demostrando así cuánto más positivo es trabajar juntos para promover el cambio antes que inmovilizarse en las críticas inconducentes.

Cada vez que se otorga un premio o una distinción se corre el riesgo de cometer una injusticia. Pero correr este riesgo vale la pena si se trata de distinguir a servidores públicos, generalmente olvidados o involucrados en una corriente de desprestigio que se expande sin hacer distinciones. Este premio colabora con la necesidad de mostrar conductas ejemplares. En tiempos de la República se destacaban tales conductas en la Justicia, infundiendo un temor reverencial junto con deseos de emulación, y quienes se iniciaban en la judicatura o los abogados que litigaban, tenían en ellos modelos en quienes intentar reflejarse.

Las virtudes de los buenos jueces no cambiaron, pero ahora es más compleja la posibilidad de destacar a quienes mejor los representan, en grandes ciudades, con procedimientos escritos y centenares de magistrados.

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