Sergio Boris, en busca de una mirada propia

Es uno de los actores más destacados del off
(0)
5 de noviembre de 2008  

Después de charlar algo más de una hora con Sergio Boris, se entiende de dónde vienen esos rasgos que atraviesan sus obras, por lo menos en las que él pone firma en texto y dirección. Por momentos, un tono críptico y oscuro se choca de frente con el absurdo más llano, lo que resulta en un humor raro, casi roto por la melancolía. Un poco de todo eso se descubre en este actor cuando se lo escucha narrar cierto recorrido por su carrera, una que tuvo un antes y un después hace diez años, cuando Ricardo Bartís -su maestro- lo convocó para ponerle el cuerpo (junto con Luis Machín y Alejandro Catalán, entre otros) a El pecado que no se puede nombrar .

"Ese trabajo fue muy importante y marcó todo lo que siguió, por lo que estaba en juego desde lo teatral, por las giras, por todo lo que pasó en esos viajes en los que era sumamente placentero hablar de teatro", recuerda Boris con no poca melancolía. Sucede que en junio pasado estuvo junto con Machín y Carlos Defeo haciendo La pesca -último trabajo de Bartís-, en el Festival de Avignon, el mismo encuentro con el que empezó todo hace diez años: "Estamos grandes", dice, y sonríe.

El verdadero comienzo fue anterior, cuando Boris se encontró con que el secundario estaba a punto de terminar y no sabía bien hacia dónde rumbear. Se anotó en psicología -carrera en la que estuvo durante tres años- y, en paralelo, aceptó la invitación de un amigo de esos tiempos, Adrián, para ir a un taller de actuación, territorio totalmente inexplorado por él. A psicología siguió cine, donde ya no intentaba zafar todo el tiempo, pero el teatro empezó a pesar más. Un día se inscribió en un taller de Bartís y dejó todo lo demás, salvo los trabajos que necesitaba para subsistir, que lo dejaban a él. "Era un desastre -reconoce-, nada me interesaba y no le ponía la menor energía, así que me echaban promediando los diez meses de haber empezado, nunca superé esa valla." Así quedaron atrás un puesto de administrativo en un banco, uno de vendedor en una sedería y otro de editor en un canal de noticias de la zona sur.

Lenguaje propio

Su vínculo con Bartís no sólo le dio oportunidad de afianzar la carrera, sino de proyectarla en otros espacios, como la dramaturgia y la dirección. "Mi acercamiento, primero, fue a través de la actuación y luego la necesidad de generar proyectos me llevó a escribir, a dirigir, y cuando empecé a dirigir me di cuenta de que quería explorar un mundo, un lenguaje propio." Así nació La Bohemia, el grupo de teatro que armó con compañeros de estudio (Martín Kahan, Daniel Kargieman y Darío Levy) y que llevó el nombre de su primer trabajo, uno en el que se descubría el oscuro -en más de un aspecto- mundo de un grupo de ciegos que peleaba por reivindicar su condición. Luego llegó la convocatoria del San Martín para hacer El sabor de la derrota , propuesta del mismo equipo de trabajo -al que se sumó Laura López Moyano- en el que se metían en un despiadado y, a la vez, melancólico entorno rural.

Y ahora, Boris firma su tercer trabajo como director y autor (ya sin el sello de su anterior grupo), El p erpetuo socorro, la obra que resultó de un año de trabajo con un grupo de alumnos avanzados de la carrera de actuación del IUNA. "Empezamos a ensayar en un colegio católico y ese espacio comenzó a pesar y no había que negarlo, y entonces surgió un conflicto entre dos colegios rivales -el Perpetuo Socorro y Las Adoratrices- que ya tiene tintes bélicos", resume Boris.

Otra vez el espacio se instala como motivador de las escenas, y la decisión espacial es anterior y cambia el eje de la construcción de la obra. Pasó con El perpetuo socorro y también en las dos obras anteriores. Y se evidencia cierta manera de trabajar de Bartís, con quien, además del espacio, el trabajo físico de los actores con sus personajes tiene una importancia sustancial.

"En La pesca [obra con la que están volviendo de una gira por Amberes, Berlín y Girona] también hay un trabajo expresivo muy fuerte; aparece cierto diálogo con lo que sería la tradición argentina de la actuación. De alguna manera, La pesca va a contrapelo con la manera de actuar actual, parece anacrónica", explica sobre su último trabajo en el que prima una teatralidad impactante.

A pesar de tener tantos trabajos en su haber (también en cine), hay un rincón en Boris para la duda y para la incertidumbre. "Todos mis trabajos surgen desde un lugar de mucho miedo y de debilidad. No tengo tantas certezas sobre lo que hago; quizá con el tiempo pude responder más rápidamente algunas preguntas, pero me vuelven a aparecer cada vez que hago un nuevo trabajo, y me siento un estúpido otra vez", dice. Sin duda, son cuestionamientos que no traban su mirada, sino que simplemente la interrogan. ¿Qué mejor?

Trabajos

Teatro. Además actuó en Marcos, de Audivert; La confesión, de Didym; El pan de la locura, de Gorostiza, y Un enemigo del pueblo, de Ibsen.

Cine. Participó en El abrazo partido, de Burman, y Sólo por hoy, de Rotter, entre otras. Actuó en el film de Saula Benavente, El cajón (sin estrenar), y va a filmar Corner, con la dirección de Luis Ziembrowski.

Para agendar

El perpetuo socorro, texto y dirección de Sergio Boris. Puerta Roja, Lavalle 3636. Domingos, a las 20. $ 20.

La pesca, de Ricardo Bartís. Sportivo Teatral, Thames 1426. De jueves a sábados (desde el jueves 20).

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?