Agüero Vera y una herencia para redescubrir

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22 de noviembre de 2008  

Las provincias argentinas carentes de grandes recursos para su desarrollo, paradójicamente, aportaron al país personalidades que enriquecieron la cultura. La Rioja es una de ellas, brindó a la historia patria numerosas figuras de real valía; la mayoría trabajó en soledad y silencio, indiferentes al reconocimiento o al olvido.

Joaquín V. González, Rosario Vera Peñaloza y Arturo Marasso son algunos de los riojanos para recordar en ese sentido. A ellos se suma el doctor Juan Zacarías Agüero Vera, quien nació en Ontiveros, en los llanos riojanos, el 27 de mayo de 1886 y falleció en Buenos Aires el 28 de febrero de 1943.

Maestro normal, abogado, político, escritor, periodista, historiador, recopilador de leyendas y tradiciones riojanas, interventor federal en Corrientes (1917-1918), gobernador de La Rioja (1920-1922), fiscal de la Capital Federal (1922)... Es asombroso todo lo que aportó y desarrolló en su no muy dilatada existencia, pues murió a los 57 años.

Solía comentar de sí mismo: "Si uno no fuera tan ocioso podría escribir diez libros sobre historia y tradiciones, abarcando sólo la región comprendida entre Malanzán y Olta". Se refería a la zona donde transcurrieron las andanzas del caudillo Angel Vicente Peñaloza, "El Chacho".

Hace más de diez años, en La Rioja, su hija Carmen me contaba que siendo su padre gobernador recorría los polvorientos caminos del interior de la provincia y entregaba a los más necesitados ropa y alimentos que había comprado por su cuenta. "Las numerosas tareas de funcionario y las obligaciones familiares no le impedían la labor intelectual, que siempre fue intensa. Escribía en cualquier lugar y momento del día, en medio del bullicio del hogar y múltiples compromisos", recordaba Carmen.

De esta forma dejó publicados varios trabajos de importancia, como Divinidades diaguitas, Estudios de Piezas de Museo Indígena, Cuentos y Leyendas, Cuentos Populares de La Rioja , entre otros.

Entre las obras históricas, se destacan títulos como Los Ojos de Quiroga, Las Campanas al Viento, La Nieta del Sol, y La Esfingie de Nácar . También escribió las novelas Jagüel, El Juramento de los Avilas, Huayra Mugum y Serranía Montaraz. Además, con el guitarrista y compositor Adolfo V. Luna compuso la letra del ballet El Milagro del Agua, que estuvo por estrenarse en el Teatro Colón.

Atahualpa Yupanqui en su libro El Canto del Viento le dedica un capítulo en el que cuenta sobre la amistad compartida: "Fuimos amigos con ese sentido de tierra que auspicia el germen", y comenta, más adelante: "El autor de Los Ojos de Quiroga tenía tercera dimensión y gastaba su riqueza en imágenes, en cuentos y leyendas, poemas y vidalas. Era un verdadero deleite escucharle en aquellos años inmediatos a 1930, cuando todavía la gente se reunía para practicar un hábito que venía de lejos con jerarquía de rito: para conversar".

"Durante horas oíale recordar a su Rioja, sus llanos de chañarales, breales y algarrobos, sus arenosos caminos, por donde la historia transitó con alboroto de lanza, espuela y grito. Las escenas de vaquerías ocupaban lo mejor de sus emociones. Era conocedor y además ponía fervor, sagrada luz, en su discurso. Cuando llegué a su Rioja, años después, y recorrí sus bíblicos paisajes, ya tenía el conocimiento por adelantado de la manera de ser de sus gentes gracias a Fausto Burgos, a Adán Quiroga, a Dardo de la Vega Díaz, al inolvidable Joaquín V. González, y a ese riojano tan riojano capaz de sonreír frente al olvido que era Agüero Vera", escribió Yunpanqui.

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