Madonna en Argentina: sus dos visitas

La iglesia de Quarracino la demonizó en tiempos de Erotica; el peronismo la crucificó por Evita. La relación traumática entre la Reina del Pop y nuestro país a través de sus dos inolvidables visitas.
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25 de noviembre de 2008  • 16:22

El jueves 28 de octubre de 1993, cinco minutos después de las once de la noche, un Boeing DC-8 proveniente de San Juan de Puerto Rico traía a Madonna a la Argentina por primera vez. Estaba acompañada por una comitiva de ciento treinta personas que incluía, entre otros, a siete músicos, dos coristas, ocho bailarines y a su hermano Christopher, diseñador del espectáculo. Las dos actuaciones porteñas que la estrella daría, en el marco del Girlie Show World Tour, servirían para presentar el nuevo álbum (Erotica) y repasar sus hits. Del avión, una combi blanca con vidrios polarizados la trasladó a la mansión Alzaga Unzué del Hotel Hyatt. La rapidez de movimientos despistó a fotógrafos y fans, quienes habían llegado al aeropuerto de Ezeiza la noche anterior para darle la bienvenida. Una semana antes del arribo se generó una polémica (muy comunes en esa época en que el poder miraba con ojos provincianos el aterrizaje de intrusos: recordar, si no, la increíble guerra de trascendidos que precedió la visita de Guns N’ Roses). Indignado por la estética del período sadomaso de Maddie, el que disparó primero fue el entonces cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires, que calificó a la vocalista de "blasfema y pornográfica" y pidió al entonces presidente Carlos Menem que no la recibiera. Días después de esa petición, el secretario general de la Presidencia, Eduardo Bauzá, anunciaba que el primer mandatario no se reuniría con la cantante. La declaración del funcionario fue innecesaria, pues ni la producción local ni el entorno de Madonna habían solicitado audiencia. Otra voz indignada fue la del obispo Osvaldo Musto, quien quiso prohibir las actuaciones; si ello no sucedía y algún católico practicante concurría al Monumental, recomendaba confesarse al día siguiente.

A la causa de los prelados se sumó Jorge María Storni, presidente de la organización Tradición, Familia y Propiedad, abogando por el levantamiento de los shows, ya que –según sus palabras– la intención de Madonna era "socavar los fundamentos del orden social". Por otra parte, el asesor de Menores e Incapaces de la Cámara Civil, Alejandro Molinas, solicitó a la jueza civil Marcela Pérez Pardo la suspensión de esos recitales que atentaban contra "la intimidad y la conciencia religiosa". El pedido de Molina fue formulado a instancias de una presentación de dos letrados: Germán Voss y Daniel Piuma. Si bien la jueza desestimó la requisitoria del fiscal, ordenó que los menores de 13 años debían ingresar al estadio en compañía de un mayor.

A pesar de la contracampaña, la Reina del Pop actuó en River el 30 y el 31 de octubre. Los shows tuvieron un despliegue escenográfico y coreográfico despampanante para la época, con ingredientes de music hall, cabaret, estética disco y referencias circenses. "Fue la experiencia más espectacular y energética que viví", recuerda hoy Leonardo Cano, presidente del Argentina Madonna Fan Club.

La noche del debut, 50 mil personas vieron cómo Madonna, fusta en mano, surgía desde abajo del escenario luciendo chaqueta, minishort, corpiño, botas y antifaz, todo de riguroso negro (tal el look del disco y el libro de fotos Erotica). Durante los primeros veinte minutos se sucedieron las escenas que tanto irritaban a Quarracino y Cía. Las interpretaciones de "Erotica", "Fever" y "Vogue" fueron acompañadas por coreografías porno soft a cargo de la diva y sus bailarines. Después de "Rain", "Express Yourself", "Beeper and Deeper" y "Why’s It So Hard", la primera parte concluyó con "In This Life". Antes de cantar el tema, la estrella se dirigió en español a la audiencia y recomendó el uso de preservativos. El acto final se inició con "Like a Virgin" y Madonna llevaba galera, frac y bastón. Con ese look berlinés, que según el periodista y escritor Marcelo Figueras –que la había entrevistado para Clarín un año antes–, homenajeaba a Marlene Dietrich. Recuerda Figueras hoy: "Tenía el pelo platinado y más corto que un varón; además, se había depilado las cejas. Lucía atemporal, parecía Marlene en El ángel azul". Ya entonces, el periodista recuerda que Madonna "tenía conocimiento sobre el surgimiento del peronismo y el rol que había ocupado Eva".

Precisamente tres años después de los shows de River, el 20 de enero de 1996, Madonna regresó a la Argentina para filmar, bajo las órdenes de Alan Parker, una película sobre la vida de Eva Perón basada en la ópera pop de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice. Si en su primera visita la cantante había sido blanco del sector más conservador de la Iglesia Católica, en su segundo viaje los embates provinieron de la parte más ortodoxa del peronismo. La diputada Marta Rivadera difundió un proyecto para declarar a la huésped "persona no grata" y el presidente Menem opinó que la elección de Madonna como protagonista de la obra era "una verdadera desgracia". Pero quien llevó más lejos esta nueva cruzada fue Alberto Brito Lima, hombre de larga militancia en el justicialismo. El fue el de la idea de hacer pintadas con la consigna "¡Viva Evita! Fuera Madonna", que aparecieron en la Capital, Gran Buenos Aires, Mar del Plata y Santa Fe. Brito Lima sostuvo, además, que el rodaje llevaría a una guerra civil y afirmó: "Quieren desvirtuar a la Evita que tanta gente santifica. Estos ingleses [sic] saben que vienen al país a blasfemar a Eva Perón".

Para aquietar las aguas y asegurar una filmación sin incidentes, el 6 de febrero, en el primer piso del Hyatt y ante 370 periodistas entre locales y extranjeros, Madonna, Parker, Jonathan Price y Antonio Banderas ofrecieron una conferencia de prensa. La actriz, mimetizándose con su personaje, se presentó con el pelo recogido y lentes de contacto marrones. Las declaraciones de los artistas fueron "políticamente correctas", el director dijo que no se iba a denigrar a la Abanderada de los Humildes y hasta le dedicó algunos elogios a Menem. Por su parte, Madonna afirmó: "Eva Perón fue una extraordinaria mujer y tengo un enorme respeto por ella", también sostuvo que la representaría como alguien "valiente y respetable".

Diecisiete días después del encuentro con los medios, los cuatro visitantes se reunieron con Menem en la residencia de Olivos. El objetivo era obtener el visto bueno del riojano para registrar algunas escenas en el balcón de la Casa Rosada. Más allá del valor simbólico, filmar en ese sitio histórico equivalía a un ahorro de seis millones de dólares, lo que se gastaría en recrearlo en otra locación. En realidad, Parker contaba con el apoyo del Ejecutivo (y el aval para utilizar la Casa de Gobierno) desde los primeros días de enero, pero el acuerdo fue oficializado recién tras el cónclave.

Finalmente, entre la noche del sábado 9 y la madrugada del lunes 11 de marzo, Madonna y Jonathan Price filmaron en el mítico balcón frente a una Plaza de Mayo ocupada por dos mil extras y rodeada de vallas, policías, curiosos y fans. La diva interpretó "Don’t Cry for Me, Argentina" y logró así la escena más emblemática de la película. Después de seis traumáticas semanas de rodaje, Parker, su equipo y los actores viajaron a Budapest, capital de Hungría, donde terminaron el trabajo. El film, estrenado en Estados Unidos el 25 de diciembre de 1996, recibió una tibia recepción, y aunque fue nominado a cinco Oscar, sólo consiguió uno a la Mejor Canción por el tema "You Must Love Me", interpretado por la protagonista.

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