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Desenfadada novela mestiza

Fernando López
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29 de noviembre de 2008  

La maravillosa vida breve de Óscar Wao

Por Junot Díaz

Mondadori/Trad.: Achy Obejas/306 páginas/$ 42

"Tengo algo de holandés, negro e inglés,/ así que no soy nadie, o soy una nación", dice el poema del Premio Nobel antillano Derek Walcott que Junot Díaz colocó como segundo epígrafe de su novela, y se entiende por qué. También el laureado Junot Díaz, que nació en la República Dominicana en 1968, vive en Nueva York desde los 6 años y enseña a escribir en inglés, es producto de ese mestizaje, de aquella colisión que juzga inaugural ("la isla de La Española es el punto cero donde se ahogó el Viejo Mundo y empezó a existir el Nuevo", ha dicho) y de esta otra más reciente, consecuencia de la emigración motivada por la dictadura de Trujillo y de su consiguiente ingreso en otro país y en otra lengua. A caballo entre un idioma y otro y entre una cultura y otra -o quizá mejor: bien instalado en este nuevo arrabal lingüístico en que lo depositó la diáspora-, Díaz se pone a la tarea de descubrir una voz propia, un lenguaje recreado a partir de los acentos de la calle, del inglés, el español caribeño, el spanglish , la jerga juvenil de la colonia latina en Nueva Jersey y el habla popular dominicana, a su vez producto de sucesivas y continuas mudanzas y superposiciones. El gran hallazgo de La maravillosa vida breve de Óscar Wao -su primera novela, separada doce años de su aclamado debut con los cuentos de Los boys - reside en ese idioma vivo, vigoroso, desenfadado, expresivísimo; un idioma que puede ser soez o lírico, crudo o sensible, provocativo o delicado; que a ratos parece cobrar el empuje rítmico del hip hop y que siempre suena verdadero más allá de que sus localismos frecuentes planteen obstáculos serios al lector rioplatense (un glosario habría sido útil).

La escritora cubano-estadounidense Achy Obejas ha debido esforzarse para trasladar a nuestra lengua las libertades que la prosa de Junot Díaz se toma en el original (escrito en inglés, pero salpicado de palabras o frases enteras en español), sin sacrificar su fresco desparpajo. Es una operación compleja; en el original, por ejemplo, el propio nombre del protagonista tiene otros ecos: Óscar Wao viene de como suena Oscar Wilde en boca de un muchacho dominicano, pero Wao suena también como el Wow! de la exclamación tan común en los cómics que son lectura habitual del personaje. ¿Y cómo reproducir la osada vitalidad de un lenguaje que pasa del élfico o el sindarin de Tolkien y el chakobsa de Frank Herbert al sobresalto juguetón de "Then you will be mi negra bella" o "You are the most buen mozo man I know" o las referencias a héroes de Marvel? En el trámite, es probable que la escritura haya cedido algo de su colorido, pero casi nada de su efervescencia ni de su potencia expresiva: esa lengua construida con todas las herramientas que se tienen a mano ilustra el carácter de la comunidad retratada, su cultura y su circunstancia; traduce un modo de ser, de entender el mundo.

Otro de los aciertos de La maravillosa vida breve de Óscar Wao proviene de la habilidad con que Díaz equilibra la historia de varias generaciones de una familia dominicana víctima del fukú, suerte de maldición venida del África en los gritos de los esclavos, y la reflexión sobre las sucesivos desgarros sufridos por su país y su gente. Claro que el alcance de la mirada del autor excede la estrechez de la isla. ...sta va y viene entre el pasado y el presente, entre el Santo Domingo de los oscuros tiempos de Trujillo y la Nueva Jersey de la emigración. Cuenta la triste historia de Óscar, el gordito raro y solitario nacido en Patterson, loco por los libros y las revistas de fantasía y ciencia ficción, aspirante a convertirse en el J. R. R. Tolkien dominicano y eterno enamorado de las chicas que jamás repararían en un tipo como él, "que lleva su nerdería como un jedi lleva su sable láser". Y esa historia -contada como un cuento de fukú, ya que tanto él como los suyos parecen condenados a una vida de desencuentros, tortura, violencia y amores desdichados- conforma el núcleo de una novela que se expande hacia el retrato de otras vidas: la de su valerosa y decidida hermana Lola; la de su madre, Beli, que fue muy bella y tiene por qué haberse convertido en la mujer colérica que es hoy; la del padre de su madre, Abelard, que padeció en carne propia la brutalidad de régimen de Trujillo. La sombra del dictador se proyecta sobre la totalidad del relato, igual que el fukú, y justifica las profusas notas a pie de página que acercan datos históricos.

Lola narra su propia historia en uno de los capítulos más potentes del libro; en los demás, el narrador (aunque se demore en revelarlo, lo que puede acarrear alguna confusión) es Yunior, una suerte de álter ego del autor, amigo de Óscar y ocasional pareja de su hermana. La estructura podrá no ser muy novedosa, con su ir y venir de tiempos y personajes de un capítulo a otro, y es posible que el protagonista se desdibuje un poco en contraste con los extraordinarios retratos femeninos (a los mencionados hay que agregar a La Inca, matriarca putativa de la estirpe y aun a Ybón, la prostituta que despierta en Óscar la pasión más encendida y peligrosa), pero la prosa vibrante de Junot Díaz, con su magistral empleo de una paleta rica en referencias y su fusión de mundo real con realismo mágico, produce un efecto hipnótico del que cuesta sustraerse.

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