Se hundió un buque argentino

El aviso Somellera naufragó tras ser embestido por otro barco de la Armada, debido al mal tiempo; no hubo víctimas
Silvia Pisani
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20 de agosto de 1998  

USHUAIA.- Bajo el peor temporal de nieve sufrido por esta ciudad en lo que va del invierno, el final del primer operativo conjunto que la marina de Chile y la de la Argentina realizan en su historia terminó con un sabor amargo: en ese mismo momento, un buque de nuestra Armada se hundió en las aguas del canal de Beagle.

Con rostros apesadumbrados, muchos oficiales de esta base austral todavía no se explicaban anoche cómo pudo ser que el aviso Somellera, un barco de 44 metros de eslora, se haya hundido en pocos minutos mientras estaba amarrado al espigón de la base.

"Fue de repente. No llegamos a hacer nada", se lamentaba dolorido uno de los marinos mientras las ráfagas de viento acumulaban una capa blanca en el traje oscuro de los buzos que, sobre el muelle, se aprestaban para zambullirse e inspeccionar el casco averiado. En ese momento, y vista desde la punta del espigón, la ciudad de Ushuaia era sólo un borroso perfil desdibujado por la nieve.

En medio del temporal, el Somellera comenzó a hundirse más rápido que el Titanic, sólo que, como en la costa la profundidad es escasa, el fondo soportó parte de su estructura y evitó que las aguas del canal lo cubrieran por completo.

El jefe de la base naval, contralmirante Héctor Alvarez, informó oficialmente que no hubo víctimas ni heridos.

Pero el naufragio fue como un balde de agua fría para los marinos que, minutos antes de que todo se desencadenara, celebraban felices la conclusión de la primera maniobra conjunta que realizaban con sus pares de Chile, en un intento por distender las relaciones militares en la zona (ver recuadro).

Y fue evidente que la pena por lo que había ocurrido desdibujó la cara de muchos.

Lo empujó el viento

Naturalmente, la pregunta fue cómo pudo producirse el hundimiento.

La hipótesis más probable indica que el Somellera -un barco de 45 años- fue embestido a la altura de su sala de máquinas por la proa reforzada del Suboficial Castillo, otro buque de la Armada que, tras participar en el operativo combinado con Chile, regresaba a su amarra en el mismo muelle.

En el momento del choque, el Castillo venía empujado por un fuerte viento de popa.

La inercia fue mayor que la esperada y el impacto contra la otra nave fue tan brutal que rápidamente le abrió un enorme rumbo, por el que ingresó el agua que inundó su casco y la llevó al fondo.

A las 15, el contralmirante Héctor Alvarez había levantado el teléfono de su escritorio en Ushuaia para informar a la Jefatura de la Armada, en la Capital Federal, que la maniobra con Chile había concluido exitosamente.

Antes de que cayera la tarde, discó nuevamente el número pero, esa vez, para informar que uno de los barcos participantes había averiado a otro hasta hundirlo.

"Con el mar nunca se sabe", fue la reflexión de uno de sus hombres. Eran las 18 cuando, con una temperatura de 2 grados en el agua y ayudados por linternas, los buzos de la base iniciaban las tareas de reparación para tratar de reflotar el barco. Rápidamente, guardias de marina cerraron el acceso al muelle.

"Entiendan, estamos de luto", explicaron a modo de excusa a quienes quisieron llegar a la orilla donde flotaban latas, cajas y envases que habían salido del barco hundido.

Recomendaciones

Mientras esto ocurría en el muelle de la base naval, las autoridades locales de Defensa Civil pedían a la gente que se abstuviera de salir a la calle a menos que fuera absolutamente necesario y recomendaban no circular en vehículo.

Para entonces, el acceso a la ciudad por la ruta nacional Nº 3 estaba ya casi cerrado por la falta de visibilidad y eran pocos los que se aventuraban por sus curvas.

La batalla entre la nieve y las topadoras que limpian las calles había sido abiertamente ganada por el temporal y los autos atascados eran el paisaje corriente en la ciudad, donde anoche había sectores con hasta 80 centímetros de nieve acumulada.

"Aunque le parezca que pueda conducir, no salga si no es necesario. No es conveniente tentar a la tormenta", aconsejó uno de los marinos cuando el vehículo de La Nación retornaba del muelle. A esa altura, él sabía por qué lo decía.

Protocolo bajo la nieve

Por otro lado, tanto los marinos argentinos como los chilenos tenían nieve hasta en la visera de sus gorras. Aún así, cumplieron hasta donde pudieron con el rigor del protocolo para dar por terminada la parte operativa del primer ejercicio combinado que realizan en su historia.

En una conferencia de prensa conjunta (de la que se informa por separado), brindaron precisiones el contralmirante Alvarez, por la Argentina, y el capitán de la flota trasandina, Jorge Ozocar Nelson.

También participó del contacto con el periodismo el cónsul chileno en Ushuaia, Jorge Guzmán.

Historia de accidentes, naufragios y desaparecidos

El accidente entre los avisos Suboficial Castillo y Comodoro Somellera ha sido uno de los más leves ocurridos durante este siglo en buques de la Armada, ya que no se produjeron víctimas, a pesar de que una de las naves se hundió.

La cronología de naufragios incluye episodios luctuosos, como el sucedido el 31 de marzo último, cuando desaparecieron el jefe de la Base Naval Orcadas, capitán de corbeta Alejandro Hormanstorfer; el cabo primero de marina Ricardo Walter Alvez y el suboficial auxiliar aeronáutico Daniel Néstor Tavella, mientras efectuaban una navegación costera por el archipiélago de las Orcadas a bordo de un bote de goma.

La embarcación fue encontrada vacía el 7 de abril en la bahía Brown, en la costa norte de la isla Laurie. Hasta la actualidad no hay rastros de sus tripulantes.

El 30 de agosto de 1991, en un viaje de instrucción entre La Plata y Riachuelo (Uruguay), se hundió el velero Leonor, en el que murieron el teniente de corbeta Gustavo Oyarvide y los cadetes de quinto año del Liceo Naval Militar Almirante Brown Javier Belmonte, Gustavo Carriego, Fernando Cambres y Gerardo Gigena.

El 31 de enero de 1989, en el estrecho de Bismarck, cerca de la isla Amberes, próxima a la base antártica norteamericana Palmer, se hundió el buque polar Bahía Paraíso, que había encallado tres días antes mientras realizaba un viaje turístico, transportando un contingente de europeos y norteamericanos que fueron evacuados.

El Bahía Paraíso también tenía la misión de reaprovisionar las bases antárticas argentinas, por lo cual transportaba combustible en barriles. Al encallar, se temió que se produjera una masiva contaminación de petróleo, lo que provocó la inquietud de las entidades conservacionistas porque amenazaba la fauna y la flora antárticas.

El 21 de septiembre de 1944, en aguas de los canales fueguinos, se hundió el buque rastreador Fournier, del que sólo pudieron rescatarse los cadáveres de nueve tripulantes.

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