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Un homenaje a la revista porteña

Carmen Barbieri y Santiago Bal supieron armar en Vedettísima un buen equipo para que el público disfrute
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4 de enero de 2009  

Vedettísima . Libro y dirección: Santiago Bal. Con: Carmen Barbieri, Los Nocheros, María Eugenia Ritó, Silvina Luna, Tristán, Santiago Bal, Matías Alé, Juan Durán, Cacho Canosa, Silvina Escudero, Paola Miranda, Andrea Ghidone, Alicia Barceló, Gabriela Figueroa, Verónica Luciani y elenco. Vestuario: Gaby Girl’s. Escenografía: Daniel Feijóo. Coreografía: Alicia Barceló. Música: Daniel Vila. Iluminación: Alejandro Velázquez. Producción general: Javier Faroni. En el Atlas. Duración: 135 minutos.

Nuestra opinión: buena

Un presentador, una estrella, una vedette principal, otra que no le deja mucho tranco libre, un copocómico, más cómicos que se hacen cargo de los sketches, un cuerpo de baile, un grupo musical de alto impacto, alusiones a la realidad (no política, sí personal), chistes de todo tipo, desnudos, sensualidad, humor, emoción, escaleras, plumas, pieles y concheros…

A la hora de hacer su primera revista la dupla Carmen Barbieri-Santiago Bal no deja de lado prácticamente ninguna de las características propias del género que elige homenajear. Y si bien se extraña cierto toque político tan afín a este tipo de espectáculos, logra llevar adelante un show de más de dos horas de duración con muy buen ritmo, y no es poca cosa.

Con el ojo puesto sobre todo en poder ofrecer un vestuario que impacte, todo comienza con un paseo por los grandes nombres de la revista de antaño. Bellas mujeres semidesnudas coronadas de plumas anuncian hacia dónde va a bucear Vedettísima. Ese juego le permite a Barbieri poner sobre el escenario varios aspectos que sabe manejar con ductilidad: la vedette, la cómica, la cantante, la bailarina, la actriz. Y allí se instala ella con comodidad, para recordar a su abuelo guitarrista de Carlos Gardel, a su padre Alfredo en un emotivo cuadro en el que se mimetiza con su imagen proyectada mientras cantan al estilo de All Johnson.

Mucha alusión a la vida pasada y presente, a su entorno artístico, a las peleas mediáticas, a su cuerpo. Carmen Barbieri es el gran atractivo de este espectáculo, ella no necesita mucho más para seducir a su público que compra esa ironía burlona que dirige, sobre todo, hacia ella misma. Y pone toda la revista que hay a su alrededor, y allí surgen algunos altibajos, que se saben compensar, equilibrar, cubrir. Entre los puntos altos sin duda está la presencia de su propio marido en escena, la química que existe entre ellos es palpable lo que convierte a su pareja en un encanto. En este sentido el número final es un hallazgo de humor, sensibilidad y lindas canciones que recorren su historia de amor. También aciertan en poner en escena a Los Nocheros, que con un puñado de sus temas logra que el público salte de sus butacas. Ahí se entra en duda de si gran parte de esas señoras que gritan sin disimulo vinieron por ellos o por ella. Pero, ¿qué más da? Deben estar allí por todo ese conjunto que conforma esta revista ya que también ríen y aplauden el humor efectivo de Tristán, pero sobre todo el que pone sobre la mesa Matías Alé con su contador de chistes naïf; son momentos de gracia y simpáticos guiños de complicidad.

Vedettes y cómicos

El paseo al que invita la obra lleva al espectador por los números que encabezan Silvina Luna y María Eugenia Ritó, respectivamente. O habría que mencionarlas al revés, ya que la primera vedette es Ritó, pero salvo por el saludo final en el que a ella la acompañan Tristán y Bal por la escalinata, no hay mucha diferencia entre ambas. Una más simpática, la otra más sensual, se alternan en las preferencias del público.

El mago Juan Durán tiene tantas caras que es difícil de terminar de entrarle; aunque, sin dudas, la que mejor le sienta es la de su mágico rol, ahí sí está bien puesto su humor. Y en relación a esto del humor se vuelve a caer en el chiste básico y rudimentario en torno a la mujer. Es claro que es parte del género, pero pareciera que nunca evolucionó, que no se puede salir del toque gratuitamente guarango; no hay aquí un poco de originalidad. De todos modos, sí, la gente se ríe, y mucho.

Y entonces vuelve a salir a escena el juego de las compensaciones: buenos bailarines, bellísimas mujeres, coreografías bien resueltas; una iluminación bien pensada que ayuda a la escenografía y vuelve protagónico al vestuario. Carmen Barbieri supo pertrecharse de un buen equipo para que su revista luzca y para que la gente lo disfrute a lo grande.

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