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Los mejores discos de 2008 para RS

Coldplay apeló a la hipnosis, Juana Molina cantó en sueños e Intoxicados predicó en el desierto. Los mejores álbumes de 2008, entre el realismo y la evasión.
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8 de enero de 2009  • 18:28

1- TV On The Radio – Dear Science

El mejor disco de rock del año fue también el que sonó más parecido al mundo 2008, con visiones infernales de guerra y desesperación económica. Pero en medio del miedo y el asco, hubo resistencia: "Ninguna bomba caerá sobre mí, les aseguro", cantó Tunde Adebimpe; también se refirió a esta "era de los milagros/ la era del sonido". Estos hombres de Brooklyn recibieron el momento histórico con temor, y respondieron con art-rock fiestero. Llamémoslo osadía de la esperanza. El productor y guitarrista Dave Sitek racionalizó y profundizó la fusión de doo-wop, punk y soul de la banda. Hay baladas que te derriten, funk azotado por el viento, y hasta aires de Tom Petty. Y luego está "Lover’s Day", en la que TVOTR saluda al terror del milenio a través de la vía más antigua de la trascendencia: el sexo. "Nos damos tan fuerte que vamos a hacer estallar las paredes", chilla Kyp Malone. "Podríamos fabricar un motor con todas tus estrellas fugaces." En Dear Science, el cielo es el límite.

2- Luis Alberto Spinetta – Un mañana

Cada vez más admirado y respetado como figura paterna del rock nacional, Luis Alberto Spinetta cimienta el lugar único que ocupa en el espectro de la música argentina con su mejor trabajo en mucho tiempo. Con la conciencia en estado de alerta y la sensibilidad transfigurada por la tragedia que afectó a los chicos del colegio Ecos, Spinetta aparece con un puñado de nuevas canciones con referencias a lo mejor de su obra, desde Almendra hasta Jade, pasando por Kamikaze, con cumbres como "La mendiga", "Tu vuelo al fin" y "Hiedra al sol", incluyendo grandes solos de los violeros invitados Baltasar Comotto y Nicolás Ibarburu.

3- MGMT - Oracular Spectacular

Un disco enfermito y melódico sobre el hecho de crecer, gracioso y conmovedor por partes iguales. MGMT envuelve su idealismo en canciones dulzonas y zumbadas, con una plenitud del groove que es poco frecuente: escuchen, si no, el extático funk disco de "Electric Feel". Pero también esparcen pepitas de absurdo y oscuridad en su militancia de la felicidad. Lo suyo es acid-rock para realistas.

4- Bob Dylan - Tell Tale Signs – The Bootleg Series Vol. 8

Este es uno de los discos más consistentes y apasionantes de Dylan, a pesar de ser un rejunte de tomas descartadas y canciones huérfanas, muchas de las cuales quedaron afuera de victorias malditas como Oh Mercy y Time Out of Mind. Como en cualquier noche de su Never Ending Tour, cada tema es un vigoroso retrato de Dylan en la encrucijada, trazando nuevos caminos en la rima, el tempo y el énfasis emocional: la introspección de "Most of the Time", el inminente apocalipsis de "Ring Them Bells" y la densidad de "Ain’t Talkin’". Los humores cambiantes del garguero de Dylan son una maravilla en sí mismos. Su furioso gruñido en el demo de piano de "Dignity" ("en la habitación de al lado hay un hombre peleando con su mujer/ por la dignidad") suena a que está a punto de intervenir en la pelea.

5- Juana Molina - Un día

En su quinto álbum, Juana Molina se desprende de la etiqueta folktrónica para adentrarse en un terreno más experimental y alejado del formato tradicional de canción. Armada con su voz, guitarra, teclados y múltiples efectos, loops y delays que manipula en tiempo real, Juana va bordando un fascinante tapiz de sonidos que se aventura en el terreno de los sueños. Voces, ritmos e instrumentos se superponen, aparecen y desaparecen en un líquido devenir que se emparienta con el libre fluir de la conciencia.

6- Hercules & Love Affair - Hercules & Love Affair

Reunión cumbre de la escena gay de Nueva York, un baile de máscaras andróginas con purpurina de otra década y la sofisticación que puede aplicar un DJ, Andrew Butler, adiestrado en las celebraciones paganas y el expresionismo hedonista. Con varios clásicos para la posteridad y la notable participación de Antony en cuatro canciones, el disco debut de Hercules & Love Affair reivindica la música disco y utiliza la electrónica como telón de fantasías inconfesables. Otra maravilla de DFA, el sello de James Murphy (LCD Soundsystem).

7- Beck - Modern Guilt

"Hacemos lo mejor que podemos con las almas que nos fueron dadas", canta Beck en esta hábil mezcla entre el bricolage de la era Odelay y la carga confesional de Sea Change, su belleza de folk fantasmal de 2002. Modern Guilt tiene mucho de electricidad y de funk juguetón –las guitarras a go-go de "Gamma Ray", el andar elástico y kraftwerkiano de "Youthless", pero no al punto de que uno no pueda escuchar al moralista del blues y al explorador psicodélico que lleva adentro. La guitarra acústica de Beck conduce "Soul of a Man" hacia una encrucijada de medianoche, mientras que su voz de contralto merodea por la oscura iglesia de "Chemtrails" –onda Doors– como un fantasma preocupado.

8- Babasónicos - Mucho

Mucho es la última clave de una trayectoria que desafió todos los sistemas que controlan el devenir de nuestro rock. Desde el núcleo mismo de la industria discográfica, la banda maneja el éxito con astucia y en cada nueva canción parece reinventar el vínculo entre un público –cada vez más juvenil– y los deseos de agregar una dosis de malicia a tanta autenticidad rockera. Conciso, de perfecto encaje pop y tan contundente como los hits que lo sostienen, el disco que incluye la última participación de Gabo Mannelli tiene diez buenas razones para convertirse en clásico el mismo año de su edición.

9- Lil’ Wayne - Tha Carter II

"La próxima vez que nombres a Pac, a Boggie o a Jay-Z/ no te olvides de Weezy Baby", ruge Lil’ Wayne, y ese fanfarroneo se lo ha ganado. El disco de hip-hop más anticipado de la década es también el mejor, desde un hit medio tonto y divertido como "Lollipop" hasta el ruidoso "Dr. Carter", en los que Wayne hace méritos para revivir a un moribundo hip-hop. Los remates dadaístas funcionan, pero la grandeza de Lil’ Wayne no reside sólo en lo que dice, sino en la manera en que lo dice; las virtuosas variaciones de clima y métrica, de tono y timbre, convierten al MC en uno de los grandes estilistas vocales del pop del siglo XXI.

10- Santogold - Santogold

Antes de volverse solista, la cantante y rapera Santi White lideró un grupo punk, estudió percusión africana y coescribió una canción para Lily Allen. Como Santogold, manipula aquellas influencias como si fueran cera caliente, fundiendo electro, ska para poguear, feroces himnos bailables y art-rock en el debut que más oídos abrió en 2008. Al igual que M.I.A., Santogold suele atacar en desquiciadas zapadas callejeras. Pero en canciones como "L.E.S. Artistes", también tiene la ambición creativa y las melodías pop como para tocar en lugares más grandes que los sótanos de Brooklyn.

12- El Mató a un Policía Motorizado - Día de los muertos

El final de la trilogía de EPs (iniciada con Navidad de reserva y Un millón de euros) es el disco más definido de la carrera del cuarteto platense. Con más melodía y el aporte decisivo de un teclado Farfisa en varios tracks, El Mató se aleja del kraut, el noise y en un sentido incluso del indie rock para bajar un manual de autoayuda para sobrevivir al Armagedón. Producidas por Shamán Herrera, siete canciones sobre plagas y pestes y muertos vivos que toman el mundo y lo convierten en un infierno. Un disco que te prepara para el final de algo y el futuro de todo. La Biblia de Vox Dei según George Romero.

13- Fidel Nadal - International Love

Más relajado, después de quince discos como solista, Fidel se reubica en el mapa del género con un álbum que deja de lado la precariedad y los riddims pungueados, supera el show-off, y se pone por encima de su obra con una meticulosa producción de Ezequiel Araujo que le da sentido al reggae lover pasatista, consiguiendo algo bastante complicado: empalmar la tradición del reggae (nyabinghi, cascabeles de semilla y madera, guitarra española) con el vocoder de T-Pain ("Linda y bonita") y el future-roots.

14- Coldplay - Viva la Vida

Durante las sesiones de Viva la Vida, Chris Martin hizo una consulta con un hipnotizador para que lo ayudara con la presión de escribir el Gran Album de Rock Americano. Y funcionó. Coldplay se puso ambicioso: llamó a Brian Eno –productor de Talking Heads y U2–, utilizó instrumentos exóticos, como tablas indias y el santur persa; escribió sobre acontecimientos mundiales en lugar de sobre sus propios sentimientos e hizo música de un alcance tan amplio como su base global de fans. Y les salió un disco que es enormemente expansivo y, a la vez, lo suficientemente íntimo como para incitar el uso de encendedores de Londres a Buenos Aires.

15- Daniel Melingo - Maldito tango

De Montmartre a Pompeya, Melingo revalida en el siglo XXI la bohemia carroñera y cosmopolita del tango dorado. Milongas reas de fueye y criolla, postales grises de Luis Alposta, rescates de antiguos poetas lunfardos y apariciones oportunas como las de Vicentico, Cristóbal Repetto y Skay Beilinson. Melingo riega su tercer disco de género de visiones de horror y mitología chamuyera. En este lugar puede pasar cualquier cosa: la luz mala que irrumpe en el boliche de Fontova y el largo adiós de un viejo playboy que se despide de la vida entre putas de suburbio, champán y violines.

16- Metallica - Death Magnetic

Es un regreso tardío al expansivo latigazo de Master of Puppets (1986) y …And Justice for All (1988). La guitarra rítmica staccato de James Hetfield y la batería orquestal de Lars Ulrico están en primerísimo primer plano en "That Was Just Your Life", y el wah wah de Kirk Hammett ilumina el caos y remite al Hendrix de 1968. Las letras de Hetfield son un inquebrantable análisis del final de todas las cosas, especialmente del terrible poder de seducción del suicidio, y canta con el vigor furioso de un hombre luchando por la vida. "¡Somos duros de matar!", canta Hetfield, resumiendo la resurrección metalera del año.

17- Los Fabulosos Cadillacs - La luz del ritmo

¡¿¿Volvió la alegría, vieja! Basta escuchar los primeros treinta segundos para volverse a enamorar: los tambores, el silbato, la arenga de Flavio, el ajustado riff de brasses comandado por Sergio Rotman, y la entrada triunfal de Vicentico. A cuestas de su propia leyenda, los Cadillacs entregan un disco que revisita obras propias y ajenas (desde "Padre nuestro", con Pablo Lescano, hasta Ian Dury y The Clash), y que encuentra en el ritmo luminoso (a la memoria de Gerardo "Toto" Rotblat, fallecido en marzo del año pasado) el eje conceptual del regreso.

18- Guns N’ Roses - Chinese Democracy

Axl Rose no ha perdido su apetito por el desorden. Democracy nunca podría estar a la altura de todas las expectativas, pero es audaz y desquiciado: la masa de cuerdas, coros y melotrón en "There Was a Time"; la guitarra española y el funk blaxploitation de "If the World". Es hard rock que no pide permiso. Con eso alcanza.

19- AC/DC - Black Ice

Angus y Malcolm Young no se han movido ni un centímetro de lo que mejor hacen: riffs brutales, estribillos de hinchada y letras sobre camas que golpean contra la pared. ¿Qué lo pone por encima de los últimos veinte años de discos promedio de AC/DC? Los inesperados cambios de ritmo (ver "Black Ice") y la musculosa producción de Brendan O’Brien.

20- Vampire Weekend - Vampire Weekend

Este éxito de elite universitaria con influencia africana dio en el clavo del zeitgeist electoral norteamericano –Obama a la cabeza–, pero seguirá sonando bien en 2018, porque tiene grandes canciones. La razón está en las melodías simples y los ritmos leves. El canto a puro falsete de "Oxford Comma" y el inquieto cliqueo ska en "A-Punk" conllevan un placer inmediato; "Cape Cod Kwassa Kwassa", con sus burbujeantes bases de guitarra y batería, le aportó frescura a un indie lleno de refritos new wave. Informal como un saquito de hilo, optimista, ultramelódico y sorprendentemente bailable, Vampire Weekend fue hecho para durar.

21- Fleet Foxes - Fleet Foxes

Cinco desaliñados de Seattle debutaron con el álbum más bonito del año, y el más cálido. Entonando arreglos dulces y espaciales, el grupo folky produce en una habitación un efecto similar al olor del pan recién horneado.

22- Nick Cave & the Bad Seeds - Dig, Lazarus, Dig!!

El evangelio según Nick Cave se siente oportuno: Lázaro es despertado de la muerte, sólo para encontrarse a sí mismo drogado y en bancarrota. Las raíces de Cave en el tumulto distópico de Lou Reed son especialmente vívidas, y los Bad Seeds nos entregan los mejores golpes y arengas desde aquel cuarteto garage de Cave llamado Grinderman.

23- Intoxicados - Thend, El exilio de las especies

"Hace tiempo que no sé quién soy", canta Cristian "Pity" Alvarez con la voz teñida de una tristeza infinita. Musicalmente, el disco tiene todo lo que tienen los discos de Pity desde Especial de Viejas Locas en adelante: rock, claro, pero también reggae, rap, dub… Pero más acá de esas letras honestas hasta lo brutal, otro aporte diferencial está en la mezcla del álbum, lo que genera una experiencia de audio concreta en el oyente: El exilio de las especies propiamente dicho, desde el momento en que todo se engendra en el mar (¡se escucha como abajo del agua!), toma la tierra y la selva ("Africa"), la destruye, y luego la abandona. Un tipo –y su banda– tratando de encontrar su lugar en el cosmos del rock.

24- Kings of Leon - Only by the Night

Los Followill alcanzan por fin la "joven madurez" que prometieron en el título de su debut de 2003 (Youth and Young Manhood). Y su flamante seguridad surge con la interacción de capas de guitarra y una producción teatral: es un rock sureño más brillante, más completo. Han dejado de aferrarse a las influencias sin perder sus raíces.

25- Portishead - Third

Después de diez años de silencio, el trío británico de trip-hop parece haber recobrado una vigencia natural en tiempos sombríos. Beth Gibbons mantiene el vibrato agudo, y su hálito de fantasma se funde como un efecto de sonido más en el clima de horror que componen Geoff Barrow y Adrian Utley. En canciones como "The Rip", "Small" y "Machine Gun", Portishead mezcla dub, beats sincopados y órganos eclesiásticos con zumbidos de Marruecos y hasta surf rock. Un álbum para poner en el refugio nuclear.

26- Orozco-Barrientos - Pulpa

Transitando entre el folclore cuyano, el folk y la world music, el segundo álbum del dúo integrado por Raúl "Tilín" Orozco y Fernando Barrientos ofrece catorce nuevas canciones sin desperdicio. Con un aliento poético que se eleva en la sentida voz de Barrientos y los brillantes arreglos de guitarras de Orozco, los temas transitan de lo intimista a lo festivo, resignificando formas musicales casi olvidadas, como la tonada. La sensible producción de Gustavo Santaolalla ubica pocos elementos en la mezcla y deja el espacio necesario para que las canciones respiren, transmitiendo su honda vibración emocional con grandes aportes de invitados como el Chango Spasiuk y Mercedes Sosa.

27- David Byrne & Brian Eno - Everything That Happens Will Happen Today

Es el set de canciones más poderoso que cualquiera de estos dos visionarios haya lanzado en años, con tonadas pop flotantes que abrevan en el gospel, lo disco, la música africana y las observaciones optimistas acerca de dónde estamos ahora. Pueden llamarlo –parafraseando a los Talking Heads– "Life During Wartime 2.0".

28- Kaiser Chiefs - Off With Their Heads

El tercer álbum de los rockeros británicos está compuesto de melodías ingeniosas (el riff de acordes descendentes en "Half the Truth") y brotes irresistibles (el pulso de "Good Days Bad Days"), pero la diversión llega con alambres de púa. "Está bueno no saber nada", canta Ricky Wilson, de un modo amenazante que sugiere que nunca se lo va a creer.

29- B.B. King - One Kind Favor

El blusero más famoso vivió su propia versión de las historias que cuentan estos standards. Pero King, en cuanto a álbumes, no se había sentido tan cerca de casa en años: la aguerrida banda que lo acompaña (con Dr. John en piano) y la producción de T Bone Burnett, dura como una piedra, remiten al fuego que, a fines de los 50, ardía dentro del cantante y guitarrista de 83 años.

30- Mudcrutch - Mudcrutch

Es el clásico del country rock que la antigua banda de Tom Petty nunca llegó a hacer, mezclando covers infalibles ("Lover of the Bayou" de los Byrds, "Six Days on the Road" de los Flying Burrito) y potentes temas originales que merecían salir a la luz. Pero la sorpresa más grande son los fuegos artificiales de guitarra en la zapada épica "Crystal River" y en "Bootleg Flyer".

31- Brian Wilson - That Lucky Old Sun

Este modesto tesoro tiene el mismo brillo cálido de Wild Honey de los Beach Boys. Hay una tierna ironía en la manera en que Wilson se refiere a sus fallecidos hermanos Carl y Dennis en "Southern California"; a pesar de su reciente curación, Wilson sabe que, ya sin ellos, nunca podrá sentirse entero nuevamente.

32- My Morning Jacket - Evil Urges

Jim James y su pandilla barbuda trascendieron la categoría de rock sureño y hippie. Evil Urges, el quinto álbum de estudio del grupo de Kentucky, llevó su estilo a límites salvajes: James adoptó un falsete de cantante soul a lo Prince en la canción que da título al disco, y "Highly Suspicious" se encaminó sobre un crispado ritmo funk new wave. También estuvo el corte a lo Lynyrd Skynyrd, claro. Una banda que jura lealtad a un solo género: el suyo propio.

33- Banda de Turistas - Mágico corazón radiofónico

Como ese grupo de pibitos a los que todos querían golpear en el colegio y el boliche, los Banda de Turistas se cobran venganza armados de instrumentos vintage en ésta, su ópera prima. Mágico corazón radiofónico, mezclado por Caldato Jr., le da entidad rentable a un proyecto psicodélico y beat en cantidades iguales que hace justicia en el indie local. Prestar atención a la letra de "Un verdadero cajón de madera": "Que un verdadero cajón de madera nos pensabas regalar y después nosotros, te lo prometo, lo recordaremos con cordialidad".

34- Ne-Yo - Year of the Gentleman

La caballerosidad no está muerta, señoritas del mundo y amantes de la música pop. Con un paquetísimo sombrero digno de la generación Rat Pack y crooneando juramentos de fidelidad, el norteamericano Ne-Yo lanzó su guerra de un solo hombre contra la matonización del rhythm & blues, trayendo de vuelta al soul con impronta hiphopera las composiciones ricas en armonía, vertiendo melodías clásicas como leche condensada sobre ritmos suaves. Bien hecho, caballero.

35- Stephen Malkmus - Real Emotional Trash

El enclenque guitar hero de Pavement finalmente pela unas zapadas tremendas. Su arma secreta es una gran baterista: mientras que Malkmus se rinde ante su propio Nirvana progrocker, la ex Sleater-Kinney, Janet Weiss, pone a la banda a toda marcha.

36- Nine Inch Nails - The Slip

La libertad le sienta bien a Trent Reznor, quien celebró el fin de su contrato con uno de los grandes sellos ofreciendo este álbum como descarga gratuita. Y es un muy buen trato: The Slip comprime la amplitud emocional del CD doble The Fragile, de 1999, en un solo disco lleno de funk de granito y confesiones reveladoras.

37- Erykah Badu - New Amerykah: Part 1 (4th World War)

Amerykah es una actualización hip-hop de aquellos estofados sónicos de Funkadelic que te derretían el cerebro. Extraños efectos de sonido, temblorosas bases de bajo, tonos extraños que surgen burbujeantes por toda la mezcla, ritmos que cambian de forma continuamente; un trasfondo ominoso para Badu y sus parábolas sobre el racismo, la pobreza y el apocalipsis.

38- Onda Vaga - Fuerte y caliente

Con espíritu fogonero, formato ambulante y arreglos de voces deudores del grupo francés Tryo, Onda Vaga sintetiza el espíritu del Cabo Polonio con canciones irresistibles. Dogmáticamente acústicos (guitarra, percusión y trombón), entregan rumbas relajadas, una versión caribeña de "Havana Affair" e invitan a una excursión a Cartagena.

39- Duffy - Rockferry

Los detractores descartaron a Duffy como una Amy Winehouse lavada y rubiecita. Pero en realidad era una Dusty Springfield moderna, con una expresión vocal que es a la vez dura y hermosa. Agréguenle a eso un puñado de melodías que remiten a viejos hits de Motown y Brill Building y el resultado es el mejor LP que nos haya dado el renacimiento del R&B británico el año pasado.

40- Conor Oberst - Conor Oberst

El líder de Bright Eyes se fue hasta México para grabar este espontáneo despiole, y volvió con melodías tan indelebles que suenan como si hubiesen nacido del polvo que dejaron las leyendas country. Canciones como "I Don’t Want to Die (In the Hospital)" parecen demos perdidos de Hank Williams.

41- Nas - Nas

Llamado originalmente Nigger, este tour de force de rimas combativas hace pedazos al racismo institucional como nada lo ha hecho desde It Takes a Nation of Millions... de Public Enemy. Nas satiriza el pollo frito y la palabra con "n" sobre ritmos minimalistas y melodías soul, y suena tan gracioso como enojado. Pero si aquí hay indignación, está diseñada para instigar el cambio.

42- Bon Iver - For Emma, Forever Ago

Junto con Fleet Foxes, este disco puso al folk de chicos barbudos en el mapa con descarnadas meditaciones sobre el amor, el pesar y el helado Norte de la región central de Estados Unidos. Los sentimientos son lúgubres; la producción, lo-fi. Pero con sus materiales caseros, Justin Vernon construye grandes sonidos que te dan calor desde adentro.

43- Fito Páez - No sé si es Baires o Madrid

Fito Páez consolida el gran momento artístico que está atravesando con este concierto grabado en el Palacio de Congresos de Madrid, editado en un combo de CD+DVD. Extendiendo el formato de piano solo –uno de los más exigentes para un cantautor– que empleó en Rodolfo a otras canciones de su repertorio, y sazonándolas con los aportes de invitados ligados fundamentalmente a la música española, Páez redescubre algunos de sus mejores temas, a la vez que revela –al público argentino– artistas como la estupenda cantante Gala Evora. El broche de oro del recital es su reconciliación –artística y humana– con Joaquín Sabina.

44- The Raconteurs - Consolers of the Lonely

Finalmente, Jack White y Brendan Benson se unen como una banda en vivo extática y totalmente integrada, escribiendo a la altura de sus fuerzas en pleno desarrollo. Afortunadamente, éstas no incluyen solamente las reverberaciones de Who’s Next y las voces de Badfinger, sino también la locomotora del blues que son los White Stripes.

45- Of Montreal - Skeletal Lamping

Esta fiesta glam-rock para salir del clóset comprueba que la música, como el sexo, es un patio de recreo para la reinvención. "Podemos hacerlo softcore.../ Pero tenés que saber que tiro para los dos lados", chilla Kevin Barnes, y ése es apenas el comienzo de este fascinante viaje a través del funk y el disco de pintura fluorescente.

46- Adicta - Cátedras

En un año de pocas expediciones discográficas ambiciosas para el rock nacional, la banda platense se animó a un álbum doble (de venta separada) que condensa y a la vez expande su magma musical. Orquestaciones progresivas (gran producción de Rudie Martínez y Alfredo Calvelo), pulso tecno-rockero, melodrama bolerístico y la voz cálida y fría de Toto dándole intensidad sentimental al pop argentino de esta década.

47- Pablo Dacal y la Orquesta de Salón - La era del sonido

Grabado en los legendarios estudios Ion en apenas dos sesiones, La era del sonido es una suite de canciones que conjuga un refinamiento inusual con letras inteligentes, melodías pegadizas y un aura encantadora. El formato de tapa, que reproduce los viejos simples de vinilo, trasciende el gesto vintage. Se trata, más bien, de la reapropiación de un tiempo más cálido y candoroso, cuando una guitarra y un bolsón eran el único equipaje necesario para viajar a un mundo mejor.

48- Hot Chip - Made in the Dark

Con canciones irresistibles que llaman a la fiesta como "Bendable Poseable", Made in the Dark comprueba que el estatus de Hot Chip como grupo del momento está totalmente garantizado. Pero lo que eleva aun más a este quinteto británico de electro-pop es su ingenio. El momento más vertiginoso: el grito in crescendo de "Wrestlers", que reza "Media-nelson, full-nelson, Willie Nelson!".

49- Lidia Borda - Ramito de Cedrón

Con dirección musical y arreglos del guitarrista Diego Rolón y el pianista Daniel Godfrid, Borda revisita la obra del Tata Cedrón y se confirma como una de las voces fundamentales del tango de esta era. Borda interpreta con mucha sensibilidad piezas de Cedrón escritas por Raúl González Tuñón (el clásico "Eche veinte centavos en la ranura"), Homero Manzi ("Palabras sin importancia") y Luis Alposta ("Piote en San Telmo").

50- The Verve - Forth

Richard Ashcroft sigue dividiendo aguas entre los que extrañaban los himnos urbanos de su banda madre y todos aquellos que desconfían de los regresos promocionados (en especial en una época tan pródiga en el rubro resurrecciones). Más allá de todo, Forth mejora las marcas solistas del cantante y vuelve a ubicar a The Verve entre los mejores grupos psicodélicos de guitarras infinitas y ritmos envolventes del Reino Unido. El disco parece detenido en los días en que Ian McCulloch era Dios y Bono un correcto aprendiz de brujo, pero esa cuestionable atemporalidad se desvanece en el trance embriagador de la guitarra de Nick McCabe y el imbatible rango emotivo de la voz de Ashcroft. Bienvenidas sean de vuelta las sinfonías agridulces.

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