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Venden hoy la sede del diario Democracia

Inmueble: por cuenta del Estado se licitará el edificio de Bouchard y Viamonte donde funcionó el matutino peronista.
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1 de septiembre de 1998  

Cuando hoy se licite el edificio que fue sede del diario Democracia, en Bouchard y Viamonte, se sabrá no sólo quienes serán sus nuevos propietarios, sino también cuál será el destino de un lugar que alberga parte de la historia del periodismo.

En el Banco de la Ciudad se hará hoy, a las 12, la licitación pública del inmueble, que partirá de la base de 3.450.000 pesos.

En su apogeo, en 1950, Democracia representó la quintaesencia del periodismo propagandístico que predominó durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón.

Cuentan los memoriosos que, entre todos los medios oficialistas, el general tenía una especial debilidad por Democracia. En ese matutino publicó varias columnas con el seudónimo de "Descartes".

El diario, que habría sido propiedad de María Eva Duarte de Perón, fue clausurado por la Revolución Libertadora, pero volvió a editarse entre 1958 y 1962, durante el gobierno de Arturo Frondizi. Tres años más tarde, Democracia se editó durante un mes. El diario hizo una brevísima reaparición en marzo de 1973.

En 1975, el gobierno de Isabel Perón cedió el matutino a la Confederación General del Trabajo, pero antes de que la CGT pudiera imprimir su primer ejemplar, el golpe de Estado de 1976 sepultó el sueño de los gremialistas.

"Democracia fue una de las banderas, de los mascarones de proa del primer régimen peronista", lo define el periodista Pablo Sirvén, autor de "Perón y los medios de comunicación".

El primer número de Democracia salió el 3 de diciembre de 1945. Sus dueños originales, Manuel Antonio Molinari y Mauricio Birabent, querían un matutino dedicado a los campesinos y la gente sin tierra. Desde sus páginas se promovían ideas de reforma agraria.

Cuando apareció, el diario tenía su sede en Piedras 708 y en su tapa, un epígrafe que rezaba:

"Democracia es un diario liberal que admite la réplica del lector".

"La idea de un diario agrario no perduró. En menos de un año comenzó a integrar temas generales", dijo el historiador Enrique Pavón Pereyra.

Cuando fue vendido en 1948 a un grupo de empresarios peronistas encabezado por Alberto Dodero, el matutino figuraba a nombre de Eva Perón, según recortes periodísticos de esa época.

Más tarde, el diario se trasladó al edificio que hoy se vende. Allí tuvo su sede el complejo Alea, una suerte de multimedios peronista que encabezó Carlos Aloé. Además de Democracia, el inmueble albergó las redacciones de El Laborista y Noticias Gráficas.

Desde sus páginas, Democracia defendió a rajatabla al gobierno peronista y montó campañas periodísticas en contra de sus adversarios en la Argentina y en el exterior:

"Pero en las filas oficialistas no sólo se ensañaban con la prensa local; también había bastante irritación con ciertos comentarios de periódicos americanos, que, incluso, motivaron una protesta ante la embajada norteamericana por la forma en que trataban a Evita. Democracia se preguntó: "¿Quién dirige esta campaña?, ¿qué motivos ocultos la guían?" The New York Times contestó: "O bien Democracia siente remorder su conciencia porque ella sí recibe órdenes, o bien posee una ignorancia supina de la organización de los Estados Unidos", recordó Sirvén en su libro.

Sin problemas de papel

En el libro "Paren las rotativas", Carlos Ulanovsky escribió: "Cuando vio que era el único diario que no tenía ninguna restricción para conseguir y usar papel (la contra) maldijo a Democracia... No por nada ese periódico era conocido en el ambiente como el diario de Eva Perón".

El 27 de julio de 1952, la tapa del matutino se vistió de luto por la muerte de Evita. "Llora el pueblo su más grande dolor", "Su tránsito se produjo a las 20.25", "¡Evita!", eran los titulares.

El epígrafe de Democracia había cambiado por una conocida frase de Juan Domingo Perón: "Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar".

La segunda encarnación de Democracia terminó tan abruptamente como la primera. La policía apresó a su director, Mario Valotta, y clausuró el diario después del golpe institucional de 1962 que llevó a la presidencia a José María Guido.

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