Conocé a Adanowsky

La fábula libertaria del hijo de Jodorowsky que se convirtió en uncrooner cabaretero, entre muchas otras cosas más...
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16 de enero de 2009  • 18:02

Aunque todo sea verdad, tiene que sonar como una gran mentira. En el extraño mundo de Adanowsky –el personaje que Adán Jodorowsky (hijo del polifacético, oscuro y venerado artista y tarotista chileno Alejandro Jodorowsky) se fabricó para convertirse en una estrella de rock–, la realidad está exagerada o deformada para que nadie se la crea del todo. Salvo él mismo, por supuesto, un dandy adorable y decadente, un Nino Dolce de la chanson française que le canta canciones de amor incestuoso a la madre. "Había visto a Elvis besar a las muchachas y yo quería ser igual; entonces me fabriqué este personaje de ídolo y terminé por creérmelo", dice Adán, echado en un sillón, en el lobby de un hotel de Palermo Soho, unos días antes de presentar en Buenos Aires su primer disco, El ídolo (editado por Random Records). Hasta entonces, había sido bajista de los Hellboys, una banda de punk rock francesa que había recibido la bendición de Andrew Loog Oldham y teloneado dos veces a Joe Strummer, e incursionado como actor en algunos filmes de su padre y en Dos días en París, la comedia neurótica de Julie Delpy.

Esta es la segunda vez que Adán, de 27 años y criado en París, visita Argentina. En 2000, se instaló cinco meses en Buenos Aires y se dedicó a aprender y bailar tango de manera profesional. "Mi abuela estaba enamorada de Carlos Gardel y Jorge Negrete, y mi papá siempre cantaba tangos en casa", explica. En su MySpace, donde colgó su biografía en español, inglés y francés –y cada una de las versiones es absolutamente distinta–, pone entre sus influencias a Aníbal Troilo y a Melingo.

MITOLOGIA La biografía de Adán Jodorowsky es una gran fábula en la que hay una niñera enana a la que una vez le partió la nariz de una piña, una visita a la casa de George Harrison, con su padre, cuando tenía 6 años, en la que el beatle le enseñó los acordes Mi, Si y La, para tocar blues, un encuentro a los 7 con James Brown en el que aprendió unos pasos de baile que todavía usa y una ceremonia en la que a los 12 enterró el piano de su abuelo materno en el jardín y le plantó un árbol encima para liberarse del karma de músico fracasado. "Mira, en mi cuarto cuando era niño si quería podía mear, defecar, pegar mis mocos en la pared y hacer dibujos, lo que yo quisiera. Mis padres me dejaron esa libertad artística para que, más tarde, cuando creara, tuviera la libertad de mear en mi arte si quería. Y entonces, si sobre el escenario tengo ganas de bajarme los pantalones y meterme un dedo en el culo, no me importa hacerlo."

EL IDOLO Sobre el escenario, Adanowsky puede ser sexy, provocador, estúpido, brutal y cursi, todo a la vez. Puede ser brutal cantando un verso como "muero por ti" y puede ser cursi atravesando a una muñeca de trapo con un cuchillo de cincuenta centímetros. Cuando canta en francés, se deja llevar por su costado más punk y la banda suena épica y potente, logrando una efervescencia escénica envidiable. El hit del disco, "Estoy mal", es la oscura epopeya de un crooner de cabaret, al mejor estilo Sandro, al que en el fondo se lo nota feliz con su vida decadente. "Es rock cabaretero", define Adán. "Es que siempre me gustó mucho lo kitsch. Es de tan mal gusto, que termina siendo de un buen gusto increíble. Me gustan las gordas de 300 kilos que se desnudan y muestran las tetas y la vagina. Para mí, lo feo es bello."

Mirá el video de "El ídolo" por Adanowsky

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