Se fue una leyenda: el maestro Rossetto

Tenía 86 años y fue cinco veces campeón argentino
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24 de enero de 2009  

En el mediodía de ayer ese corazón, maltrecho y cansado después de 86 años de intensos latidos, se detuvo. Con él también ese hombre, que como nunca antes cayó rendido. En el sanatorio Julio Méndez de esta capital falleció el gran maestro Héctor Decio Rossetto, uno de los últimos bronces del ajedrez argentino. En el Club Argentino de Ajedrez (Paraguay 1858) sus restos serán velados hasta hoy, a las 11; luego serán cremados en un cementerio privado en Pilar.

Acaso, para resumir la historia de vida del maestro Rossetto, sea necesario el volumen de una enciclopedia. Se trató de un genuino representante del ajedrez criollo que se elevó hasta la luz de estrella; alcanzó brillo propio.

En cinco oportunidades obtuvo el campeonato superior vernáculo (1941, 1944, 1947, 1961 y 1972). En los años cincuenta formó parte, junto con Najdorf, Panno, Bolbochán, Guimard, Eliskases y Pilnik, de la "legión dorada" del ajedrez argentino, cuyos logros jamás fueron empardados. Representó al país en seis olimpíadas de ajedrez: Yugoslavia, Finlandia, Holanda, Bulgaria, Suiza y Macedonia; cosechó tres subcampeonatos en Dubrovnik (1950), Helsinki (1952) -allí fue medalla de oro como mejor 4° tablero- y Amsterdam (1954).

Su nombre superó los límites del tablero cuando comenzó a recibir invitaciones para dar simultáneas con figuras de la política. Un día, conoció al "Che" Guevara.

"En 1964 estaba jugando en Cuba con Silvino García cuando lo vi llegar al «Che»; me acerqué para saludarlo. «Un gusto conocerlo, Comandante», le dije. El me miró fijo y me respondió: «Usted será quien no me conoce, yo conozco muy bien al maestro Rossetto; era hincha suyo cuando jugaba en la confitería Rex de la avenida Corrientes »" , le contó a LA NACION en una de las charlas en su domicilio de Parque Chacabuco, en el hogar que compartió junto a Oneida -su esposa- y sus hijos, Cecilia (la famosa actriz) y Pablo.

"Después de jugar en Yugoslavia conocí a Eva Perón. Ella me dio esta casa donde vivo hace más de 50 años, pero, por favor, aclare que se trató de un préstamo y que lo pagué hasta el último centavo", pidió el maestro, con la mirada profunda que irradiaban sus ojos claros y esa voz aguardentosa con la que les daba mayor énfasis a sus palabras.

En Bahía Blanca, donde nació el 8 de septiembre de 1922, padeció los sinsabores de una infancia desangelada; perdió a su mamá (Agueda) antes de cumplir su primer año. Deambuló por los bares y descubrió por las noches los secretos de los juegos de naipes, dados, billar y ajedrez; creció de golpe. A los 12 años se consagró campeón de ajedrez bahiense y cuatro años después llegó a Buenos Aires.

Aprendió rápido el oficio de ajedrecista profesional; jugaba por plata.

En 1944 viajó a Estados Unidos y se radicó seis meses en Hollywood; el maestro se volvió artista.

Conoció a Humphrey Bogart. "Jugamos varias partidas; él era presidente de un club de ajedrez. Era muy simpático y para nada duro como aparecía en las películas", dijo. También entabló amistad con Marlene Dietrich, Charles Boyer, Carmen Miranda, Margarita Xirgú y Bing Crosby.

A su regreso a la Argentina volvió al ajedrez con la fuerza de un titán. En 1950 fue maestro internacional; en 1960 gran maestro -le ganó la partida decisiva a Korchnoi- y sumó victorias ante los ex campeones mundiales Alekhine y Euwe, y un empate con Bobby Fischer.

Desde ayer su nombre quedó inmortalizado; lo sostiene una inquebrantable leyenda de más de 80 años de pura pasión.

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