Vicente Zaspe, el obispo profeta que no calló

José Ignacio López
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26 de enero de 2009  

Honda, profundamente calaron en la sociedad argentina de su tiempo la prédica y la vida de monseñor Vicente Zazpe, sacerdote porteño, primer obispo de Rafaela y luego arzobispo de Santa Fe y en aquellos tiempos turbulentos recordado vicepresidente de la Conferencia Episcopal. El mejor intérprete del Concilio Vaticano II en el episcopado argentino, según dijo al recoger su legado el actual arquidiocesano santafecino, José María Arancedo, la figura señera de Zazpe fue comprometidamente memorada el último sábado en la Catedral Metropolitana.

"Fue un operario del Reino, un obispo profeta", dijo el cardenal Jorge Bergoglio al componer su homilía en el cauce propicio del relato evangélico. Zazpe respondió afirmativamente al llamado y porque sabía que todo mesianismo es "un fraude antropológico, no se dejó enganchar por ningún mesianismo político de su época porque dentro de esos mesianismos anidan la mentira, la corrupción, la componenda", dijo el arzobispo de Buenos Aires. Recordó que Zazpe se aferró a las Bienaventuranzas y cuando muchos miedosos que buscaban contemporizar callaban, él habló. Entre otros, concelebraron la misa el vicario de Belgrano, monseñor Horacio Benites Astoul, y el rector de la Catedral, presbítero Jorge Junor.

Al precisar y reivindicar el rol del obispo, el cardenal trazó una descripción fidedigna y de sesgo autocrítico del papel desempeñado por Zazpe y por la jerarquía católica durante la década del 70 y reafirmó que Zazpe siempre habló desde el Evangelio e iluminó la situación social. No era ni de tal teología ni de tal otra, conoció la desconfianza incluso de sus colegas, sufrió la difamación y la calumnia y murió en ese calabozo existencial.

Una suerte de martirio, dijo Bergoglio, para rubricar en la misma sintonía dando gracias a Dios, porque a esta Iglesia argentina, "que siempre le tuvo miedo a la Cruz y siempre fue tentada de eludir la Cruz, le haya puesto un obispo señero como él".

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