Víctor Santa María, un custodio del poder K en la Ciudad

Líder del gremio de los porteros, para los que acaba de obtener polémicos beneficios, a través del sindicato maneja una radio, una revista, un centro cultural y, sobre todo, un poderoso aparato político que puso al servicio del kirchnerismo
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1 de febrero de 2009  

Poder político territorial, capacidad de lobby mediático, manejo de un potente aparato sindical y cercanía privilegiada con el Gobierno nacional. Estos son los cuatro atributos que convirtieron al sindicalista Víctor Santa María, jefe de los porteros, en lo que es hoy: un soporte fundamental de la política K en la Capital. Con sus recursos generosos, emanados del crecimiento exponencial de su sindicato durante el kirchnerismo, en los últimos años volcó su aparato gremial al apoyo de los candidatos fogoneados por la Casa Rosada, un rol que lo fue ubicando, casi naturalmente, como una figura clave al lado de Alberto Fernández mientras el funcionario porteño fue el delegado de los Kirchner en el manejo de la Capital.

Fernández mantuvo ese lugar destacado hasta su traumática salida del gobierno de Cristina. Previsiblemente, el líder del Sindicato Unico de Trabajadores de Edificios (Suterh), un gremio con más de 100 mil afiliados en todo el país, también dio por finalizada su unión por conveniencia con el ex jefe de gabinete: el jefe de los porteros comenzó a cuestionar públicamente el liderazgo de Fernández en el PJ de la Capital -Santa María es secretario general y su virtual segundo-, un distrito hostil al kirchnerismo. Y a la vez que lo cuestionaba por dividir al peronismo porteño, se iba acercando a Jorge Telerman, a quien ahora imagina como posible candidato a legislador en un año electoral clave. De esta posibilidad habló con Néstor Kirchner cerca del fin de año, cuando visitó Olivos.

Acaso esta llegada directa a los resortes del poder político pueda explicar hechos como que Santa María haya logrado ahora, de un modo casi unilateral, un plus salarial de 380 pesos para sus representados, los encargados de edificios, a modo de premio por "dedicación y permanencia". El aumento, que impactará de lleno en la suba de las expensas -se calculan incrementos de un 20 por ciento-, no sería cuestionable en sí mismo, si no fuera porque quien deberá pagarlo son propietarios e inquilinos que todavía no se han recuperado del tarifazo eléctrico y que, para peor, nunca fueron consultados en las negociaciones.

"Se trata de una extralimitación absurda e inoportuna, que habla de impunidad", disparó la última semana el titular de la Federación Argentina de Consorcios, Marcos Bergenfeld, quien se quejó de que el gremio de los porteros es el único que negocia sin la parte patronal.

Bergenfeld tiene razón, y Santa María no lo niega, aunque lo explica a su modo: "Hay una diferencia legal entre la figura del consorcio y la de los propietarios. El consorcio está habilitado a discutir a través de los administradores, y hemos acordado este aumento con dos cámaras que los representan. Yo no tengo la culpa de que los propietarios no se organicen por ellos mismos", apuntó el jefe del Suterh.

Lo que Santa María no dice es que el plus fue acordado, por un lado, entre su gremio y el Ministerio de Trabajo, conducido por Carlos Tomada, un viejo compañero de militancia con quien compartió la conducción del PJ porteño. Y por otro, con las cámaras empresarias formadas por los administradores, que a su vez también son empleados.

Como admitió un abogado gremial, que en algún momento estuvo ligado al Suterh, "aquí aparece invertida la regla básica del derecho laboral porque el empleador aparece más débil que el empleado, cuando siempre se lo considera al revés"

El peso del gremio

"Víctor es algo así como un "gordo", pero cool ; con un perfil cultural que obviamente un [Hugo] Moyano no tiene, aunque en la práctica no son tan distintos uno de otro". Así lo describe un peronista que hoy está con Mauricio Macri pero que empezó militando con él, en los 80, en la época de Carlos Grosso, un pasado que Santa María prefiere no rememorar.

Por "gordo", claro está, no se alude a su peso físico sino a su peso político, y a los 25 años que hace que, junto con su padre, José Francisco "Pepe" Santa María, padre e hijo están al frente del gremio. Hubo entre ellos un enroque: hoy su padre está a cargo de la obra social y él heredó el mando de sindicato. Se trata, en definitiva, de un trono transmitido de padre a hijo.

Para entender a Santa María y su lugar en la política K, es necesario comprender el poderío del emporio Suterh, que hoy maneja una radio AM (la 750, ubicada entre Radio Mitre y Radio Diez, recientemente adjudicada por la Presidenta al consorcio impulsado por el gremialista), el centro Cultural Caras y Caretas, sobre la calle Venezuela, donde también está ubicado un polideportivo y la Escuela de Artes y Oficios; la Fundación Octubre, en Callao y Perón, donde funcionará la nueva radio; una quinta en Moreno, de 56 hectáreas; hoteles en el Partido de la Costa y una maternidad. El sindicato también controla la ART Interacción, así como antes manejaba la AFJP Previsol.

Pero hay otro proyecto más ambicioso aún: Suterh acaba de adquirir un predio, en la calle Sarmiento, donde proyectan construir una universidad, para la que ya tienen la habilitación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), un trámite nada fácil de conseguir. Entre los proyectos culturales, financian películas - Gaby, la Montonera , sobre la vida de la dirigente Norma Arrostito-, documentales y editan la revista mensual Caras y Caretas , de la que el jefe de los encargados es editor general.

Desde ya que, también, financiaron muchas campañas políticas mientras fueron haciendo del sindicato un aceitado aparato político. Promovieron a varios candidatos: Jorge Argüello fue el primero; le siguió Gustavo Beliz, a quien el Suterh le financiaba, por ejemplo, la edición de sus libros, y en la última época Alberto Fernández y sus candidatos porteños. Incluido Aníbal Ibarra, a quien hoy Santa María considera un "traidor" que, tras el apoyo recibido, se cortó solo, encabezó su propia lista en 2007 y, encima, sacó más legisladores que el Frente para la Victoria.

"Para hacer afiches siempre contamos con Víctor, para campañas a favor y en contra. Ya sea para promover a los nuestros o para ensuciar a los enemigos...", admite, con naturalidad, un operador kirchnerista de la ciudad.

Santa María nació en diciembre de 1965, en una portería de la calle Basavilbaso, donde trabajaba su padre y su madre limpiaba en los departamentos, pero detesta que lo llamen "portero". Prefiere, en cambio, el más delicado "encargado" para nombrar el oficio familiar.

Pero, ¿trabajó alguna vez de encargado? Es la duda que tienen muchos, incluso dentro del kirchnerismo, que descreen de su pasado trabajador. El intenta disipar esas sospechas aportando nombres y fechas: "Trabajé en tres edificios, en Miró al 100, en Mataderos Sur y en un tercer edificio en Palermo, en el pasaje Russell, este último a mediados de los noventa".

A los 43 años, Santa María tiene una historia de fuertes claroscuros. Es un sindicalista de tradicional campera de cuero, como es moda entre los gremialistas del PJ, pero eso no le impide disfrutar del festival de cine de Cannes, al que suele ir. Le gusta rodearse de prestigiosos referentes de la cultura, a quienes convoca para sus proyectos culturales, como el historiador Felipe Pigna -director de la revista mensual Caras y Caretas - o el periodista Eduardo Aliverti, en tratativas para dirigir la AM 750. Y tiene, por otro lado, manejos arbitrarios en un gremio que los Santa María manejan con escasa democracia interna desde hace un cuarto de siglo.

Además, arrastra dos denuncias judiciales, que lo acosan como un karma. Este historial es el que llevó a Vilma Ibarra, hermana del ex jefe porteño y pareja de Alberto Fernández, a cuestionar al gremialista por tener "más denuncias que votos".

Por una de ellas estuvo procesado, y raíz de ese escándalo, en 2002, debió dejar su banca en la Legislatura porteña, a la que había entrado por el partido de Gustavo Beliz, en alianza con Domingo Cavallo.

Su segunda complicación con la Justicia fue por una supuesta estafa a trabajadores de su gremio, en la administración de un plan de viviendas, que perjudicó a unas 1500 familias. El caso adquirió mucha resonancia mediática porque, en su momento, fue difundido por un programa de investigación periodística - Zona de Investigación , que en 2001 se emitía por el canal Azul- y generó un revuelo mayúsculo en el legislativo porteño.

Sin embargo, la causa más complicada -la que lo tuvo procesado y de la que recién pudo zafar hace un par de años, cuando finalmente quedó absuelto- fue la vinculada con la quiebra del ex Banco Patricios. El caso fue investigado, en 2002, por el juez Mariano Bergés, a raíz de inversiones realizadas por el sindicato en la entidad financiera -cerrada en 1998- cuando ya estaba en situación crítica. El jefe de los porteros se vio involucrado por su doble papel de miembro del secretariado del Suterh, que aprobó las maniobras, y de representante del sindicato en el directorio del Patricios.

En los actos del Suterh le gusta repetir que hay que "derrotar la derecha", en el mismo tono en que lo hace Néstor Kirchner. Olvida, en esos momentos, que no hace tanto, a principios de 2003, compartió la lista del PJ con Cristian Ritondo, hoy diputado de Mauricio Macri y su operador en Capital, y con Kelly Olmos, referente del menemismo.

La historia política de Santa María parece una de lealtades frágiles. Pero al canibalismo de la política porteña agregó últimamente la cultura vegetariana. "Poca gente sabe, pero me hice vegetariano en San Marcos, un pueblito de Córdoba. Me hace tan bien..."

Quién es

Nombre y apellido:

Víctor Santa María

Edad:

43

Sus primeros años en la portería:

Víctor Santa María nació el 11 de diciembre de 1965, en tiempos en los que su padre era encargado de un edificio y su madre se dedicaba a la limpieza. Vivió sus primeros años en una portería junto a sus padres y una hermana.

Del gremio a la política:

Hoy jefe del gremio de los porteros, está vinculado a la política desde sus tiempos de estudiante. Santa María fue legislador por la Ciudad en 1999, pero debió dejar su banca en 2002 obligado por dos escándalos judiciales.

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