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Entre pétalos y fantasmas

Beatriz Spelzini, ganadora del ACE a la mejor actriz, reestrenó Rose
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1 de febrero de 2009  

Una bomba explota en un hospital en la Franja de Gaza mientras Beatriz Spelzini mira por la ventana del café sobre la avenida Corrientes. "Eso también es violencia", y señala a un grupo de mendigos. La actriz sigue de cerca los hechos en Medio Oriente, desde el reestreno de Rose, en el Teatro del Nudo (Corrientes 1551), -viernes y sábados, a las 21; domingos, a las 20.30-, la obra que en primera persona cuenta la épica de una mujer que sobrevivió a varias guerras del siglo XX. Dirigida por Agustín Alezzo y con un texto de Martin Sherman, recibió el ACE a la mejor actriz por esta labor.

Algunos fantasmas persiguen a Spelzini. El más recurrente es el de Lili, la madre de la caprichosa Mariana, en la piel de Nancy Dupláa, en Montaña Rusa ("Algunos chicos de treinta y pico, cuando me reconocen en el banco o en un negocio, me dan un trato especial, mejor que al resto").

Otras ánimas que rondan a la actriz son las que pueblan el desgarrador unipersonal, donde encarna a una anciana judía, que vivió en carne propia el horror en Rusia, en Polonia, en Alemania y en Palestina. Mientras realiza la shivá [los siete días de duelo judío], Rose narra su vida. Dos horas antes de cada función, Spelzini llega a su camarín, elonga y realiza ejercicios de relajación: "Así voy dejando los problemas, la calle y el subte y chequeo cómo está mi cuerpo en relación con lo que estoy pensando, qué imágenes aparecen para poder exorcizarlas". Luego de cada función queda exhausta y, para no llevar aquellos espíritus a su departamento, retrasa siempre su regreso.

Rose logra sortear arduos obstáculos y reinventarse a sí misma a lo largo de su vida; Spelzini, en cambio, sigue un plan desde hace muchas décadas. "Cuando alguien me dice que no pudo concretar su vocación, no le creo; si realmente tenías ese talento, le hubieses hecho caso", opina. Actriz las 24 horas del día, a veces -confiesa- crea algún personaje para poder defenderse en las trincheras cotidianas: "Cuando estoy con un machista, albañiles o plomeros, por ejemplo, les hago una «estúpida» y así les confirmo la teoría y me va mejor".

De pequeña, Beatriz vivía en el barrio de Saavedra, con sus tres hermanas, su mamá ama de casa y su papá, dueño de un almacén. A los 12 años empezó a estudiar dibujo y cuando terminó el colegio ingresó en la Escuela de Bellas Artes, donde se recibió de profesora. Pero los pinceles y los lápices dibujaban escenarios y máscaras. Dos años en el IFT y las clases con Augusto Fernandes no fueron suficientes. Spelzini se inscribió en el Conservatorio ("Era una hija difícil. Nunca se discutió que iba a seguir ese camino, mis padres no tenían opción"). Allí compartió las aulas -y una beca del Cervantes destinada a los mejores de su promoción- con Jorge Marrale y Osvaldo Santoro. Y también disfrutó las clases con un compañero, aquel a quien le esquivaba la mirada antes de una escena porque la batalla estaba perdida: Jorge Guinzburg, que siempre la hacía reír.

El primer contrato lo firmó en Periodistas al desnudo, en un elenco encabezado por Andrés Percivalle, Adolfo García Grau, Walter Santa Ana y un joven Marrale. Luego compartió el escenario con María Rosa Gallo, Alfredo Alcón, Norma Aleandro y Santiago Gómez Cou. Pero lo comercial y las apariencias no eran para ella. Spelzini buscaba "un camino cercano al conocimiento", y rechazó muchos trabajos comerciales. Lo que buscaba lo encontró en la escuela de Alezzo. Luego vendrían también los premios (como el ACE como actriz de reparto por En boca cerrada). Lo que tardaría en llegar es un merecido reconocimiento.

Otros roles

En la escuela de Alezzo, Spelzini creció y de alumna pasó a ser maestra. "En mis clases hago hincapié en dos cosas que para mí son las síntesis de la actuación: la acción (que no se actué la situación, no la letra) y la relajación (de lo contrario, comunicás tensión)".

A los 56 años, esta militante de dejarse las canas y de decir la edad, como se define a sí misma, celebra su edad. "No entiendo por qué se condena el envejecer. Tengo una hermana que murió joven y me hubiese gustado verla envejecer." Como Rose, Spelzini entretiene y emociona cuando habla de las batallas libradas y de las treguas, de su hija, y de sus premios. Y en ese recuerdo de felicidad otro fantasma la asalta y cita una línea de Despertar de primavera: "¡Ay si pudiera venir alguien y pudiera abrazar para poder contar y contarle!"

Perfil

  • En teatro: El último Yankee, La Señorita de Tacna, La profesión de la Señora Warren, El jardín de los cerezos, Peer Gynt, Rey Lear, Las brujas de Salem, etc.
  • En televisión: Montaña rusa, La nocturna, Fiscales, 1000 millones y Buenos vecinos, entre otras.
  • En cine: Cleopatra, Riconciliati, Géminis, Cartas para Jenny, etc .
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