Un sacerdote entre el poder y la fama

La fundación que preside enfrenta un reclamo laboral y habría ocupado tierras extras en el predio que le cedió el Gobierno
Lorena Oliva
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7 de septiembre de 1998  

Al padre Julio César Grassi no le molesta que lo relacionen con personajes controvertidos. "A Jesucristo lo acusaban de estar entre publicanos y pecadores", retruca.

Agrega, sin embargo: "El dinero que recibo en concepto de donaciones debe ser moral. De lo contrario, no lo acepto".

Este sacerdote de 42 años, que se ordenó a mediados de los años 80 y que desde 1993 dirige la Fundación Felices los Niños, no niega su relación con ciertas esferas del poder y de la farándula: "Yo apelo a la sensibilidad del rico, que es quien me puede ayudar. Lo importante es saber despegarse en el momento adecuado", explica.

El padre Grassi -conductor, además, de tres programas de radio- tampoco reniega de su frecuente aparición en televisión ni de la buena relación que mantiene con los comunicadores sociales. Aunque aclara que "no es una vocación".

Porque si de inclinaciones se trata, el párroco dice sentirse interesado por el arte escénico, aunque al afirmarlo trata de no darle mayor relevancia al asunto.

El sacerdote prefiere hacer a un lado sus gustos personales y limitar todo a su labor en la Iglesia: "Mi intención es valerme de la televisión para difundir el reino de Dios".

Nada de política

"Ni loco", dice haber respondido cuando, en 1992, le ofrecieron un puesto en la Secretaría de Desarrollo Social. El actual titular, Ramón Ortega, le propuso no hace mucho trabajar en el Consejo Nacional del Menor y la Familia. "Pero nuevamente dije que no. Desde mi lugar también puedo ayudar mucho a los pobres", se excusa.

En el tiempo que lleva trabajando en favor del prójimo, se hizo amigo del ex ministro de Economía Felipe Domingo Cavallo; del actual, Roque Fernández, y del periodista Bernardo Neustadt, entre otros personajes públicos.

Este último asegura que su gestión fue determinante para que Grassi obtuviera el predio de Hurlingham que perteneció al Instituto Forestal Nacional y que actualmente ocupa la Fundación Felices los niños.

"Yo se los presenté a (Carlos) Menem y a Cavallo y, personalmente, les pedí que le cedieran ese terreno", dijo el periodista, consultado por La Nación .

El lugar fue descubierto por el sacerdote en 1993, aparentemente cuando ya no era utilizado. Está situado frente a la casa del obispo de Morón, monseñor Justo Laguna.

Entonces, intervino un segundo amigo, Cavallo, cuando éste estaba al frente del Ministerio de Economía. A raíz de un pedido suyo, la Secretaría de Agricultura declaró vacante el terreno de Hurlingham y lo cedió a Economía. De allí, pasó a las manos de la fundación de Grassi.

"El predio no es nuestro. Pero mientras la fundación exista, puede hacer uso de él. Sería importante que en algún momento lográsemos la cesión total", explica el párroco.

Reclamos laborales

Pese a su reconocida popularidad, hay quienes guardan sus reservas respecto de este sacerdote, aunque no se atreven a dar nombres. "Por las vinculaciones que tiene el padre", comentan a La Nación con cierto temor.

Roberto Sergio Salcedo -hijo del humorista que colabora con el padre Grassi en uno de sus programas de radio- asegura haber trabajado, realizando todo tipo de tareas, en la fundación del sacerdote desde marzo hasta fines de julio de este año.

Sin embargo, en una carta documento despachada el 21 de agosto último, Salcedo reclama una diferencia de haberes en su favor correspondiente a abril; el pago de los sueldos de mayo, junio y julio, y los proporcionales de aguinaldo y de vacaciones.

"Cargaba en el camión todas las donaciones que no se necesitaban y las vendía como chatarra a tres centavos el kilo", dice Salcedo, mientras exhibe un cuaderno en el que consta que Juan Domingo Pérez, vicepresidente de la fundación, recibió dinero en varias oportunidades en concepto de venta de chatarra.

-¿Por qué trabajó tantos meses si notaba que la fundación no le pagaba?

-Porque yo creía en el padre Julio César Grassi. Pero ahora me siento defraudado moral y económicamente. Quiero que la gente sepa que este cura que se presenta como el salvador de los chicos es en realidad un comerciante que lo único que busca es protagonismo en los medios.

Consultado por La Nación , Grassi dijo: "Un sacerdote no puede ponerse a disputar públicamente con alguien como Salcedo".

Los comienzos

Los primeros pasos de Grassi en el ámbito de la ayuda social se remontan a fines de los ochenta, en el entonces hogar La Casita, de Paso del Rey, a cargo del párroco italiano Elbio Mettone.

Aunque Grassi se recuerda como la segunda autoridad del lugar, Mettone reconoce el trabajo del padre sólo en calidad de colaborador.

"El era un ayudante más, que tenía a su cargo la comunidad de los varoncitos. Sí era mi segundo en la parroquia, pero no en el hogar. Eso hubiera sido injusto para el resto de mis colaboradores", explica el padre Mettone.

Acerca de su trabajo en La Casita, Grassi cuenta que mientras él estuvo el lugar avanzó mucho, pero que cuando se le presentó la oportunidad de hacer uso del predio de Hurlingham pensó que ya tenía ganas de crecer solo. "Hablé con el otro sacerdote (por Mettone) y supo entenderme", asegura.

Mettone, cuyo hogar es hoy una fundación que alberga a más de ochenta chicos, afirma no recibir más ayuda que algunas becas para los niños y el abastecimiento diario y gratuito de pan por parte de la fundación de Grassi.

Conflictos territoriales

Cuando, a fines de 1993, Grassi recibió el predio de Hurlingham, se encontró con que, tal como lo especificaba el decreto 713/93, no podía usar tres de las 65 hectáreas de ese terreno, justamente las que están situadas en medio de la propiedad y que tienen salida a la calle.

Estas tres hectáreas habían quedado excluidas de la cesión porque estaban legalmente ocupadas -desde 1977, cuando fue creado- por el Centro de Investigación y Desarrollo de la Industria de la Madera y Afines (Citema).

El usufructo de esas tierras originó cierta tensión entre el sacerdote y el organismo.

En el mapa que acompaña el decreto 713/93 (en el que la Secretaría de Agricultura declaró vacante el predio y se lo cedió al Ministerio de Economía), la parcela destinada al Citema cuenta con 8 edificaciones.

No obstante, dos de ellas están ocupadas actualmente por Grassi. El edificio que estaba previsto como laboratorio del Citema sirve de hogar para los adolescentes de la fundación y el mismo sacerdote, y en uno de los talleres del centro funciona la carpintería escolar de Felices los Niños.

Por otra parte, el terreno que media entre la calle y cuatro talleres del Citema (uno de ellos en poder de Grassi) forma parte de la parcela que no pertenece a la fundación. Sin embargo, allí está construida la casa que alberga a los bebes del hogar.

Aunque el Citema no quiso hablar con La Nación sobre la cuestión, fuentes confiables aseguraron que jamás medió un pedido de autorización para la ocupación de este terreno y de las construcciones.

Así y todo, de las 62 hectáreas que le quedan a la fundación que preside el padre Julio César Grassi, la mayor parte está sin construir. No hay alambrado ni cerco que separe las tierras de la fundación de las del Citema, a pesar de que en los talleres de este último organismo hay material peligroso para los chicos.

En principio, el sacerdote explicó que se debía a la escasez de presupuesto del Citema. Pero se rectificó y dijo que la falta de cerco tenía que ver con una decisión conjunta, "ya que las tierras del Citema están en medio de nuestro terreno".

Fugaz paso por Ezeiza

A mediados del año último, el religioso se desempeñó fugazmente como director de una escuela provincial, designado por el Ministerio de Educación.

Consultado sobre las causas de este nombramiento, el padre Grassi dijo: "Hasta entonces, esa escuela seguía dependiendo del gobierno nacional, porque había estado intervenida durante varios años. Yo creo que servimos como agentes normalizadores, porque a raíz de nuestro nombramiento se pudo hacer el traspaso a la esfera provincial".

Pedido de informes

Pero al cabo de 20 días, y tras un pedido de informes de diputados del Frepaso encabezados por Alfredo Bravo, que señalaban las irregularidades del convenio suscripto entre los gobiernos nacional y provincial con la Fundación Felices los Niños, Grassi terminó sus funciones.

Sin embargo, el párroco asegura que las razones que motivaron su renuncia fueron otras. "Preferimos retirarnos porque nos encontramos con que en la escuela había muchos problemas internos".

Algunas fuentes aseguran que el obispo de Morón, Justo Laguna, tuvo mucho que ver en el abrupto alejamiento del sacerdote. Sin embargo, fue imposible para La Nación lograr una explicación del prelado al respecto.

Lejos de los salesianos, pero cerca de la TV

Por intuición o por conocimiento, el padre Julio César Grassi ha sabido aprovechar la súbita fama mediática cosechada, convirtiéndose en el segundo religioso con gravitación pública, después de monseñor Justo Laguna, a cuya diócesis pertenece.

Claro que el escándalo que salpica a Susana Giménez; a su novio, Jorge Rodríguez; al empresario Jorge Born, y al ex montonero Jorge Galimberti no sólo dio notoriedad al religioso, multiplicando su esperanza de acceder a mayores donaciones para su obra. Algunos observadores afirman que le ha valido también varias dificultades.

El ascenso de su perfil público lo separó de la congregación salesiana a la que pertenecía y lo aproximó a monseñor Laguna, el obispo mediático por antonomasia.

El padre Grassi acredita en su hoja de vida un paso fugaz por las tablas, en sus años mozos. Y es probable que aquel ejercicio le haya dado entrenamiento para enfrentarse a las cámaras, los micrófonos y los grabadores con la presencia de espíritu que ha demostrado hasta hoy.

Perseverante, decidido, con una encomiable vocación de servicio, Grassi firmó de buena fe con Hard Communication un contrato para obtener financiación destinada a su Fundación Felices los Niños. Pero un desafortunado error jurídico aplastó sus expectativas. Aun así, no se desalentó. Y eligió el camino mediático para hacer oír sus quejas.

Sus maneras moderadas y su personalidad emprendedora le facilitaron el triunfo ante el ojo atónito y el oído ávido de la opinión pública. Muchos comunicadores, legisladores, empresarios y ciudadanos están de su lado. Allí donde Grassi cosecha solidaridades, su contrafigura Jorge Rodríguez recibe insultos y gritos. El sacerdote no desaprovecha ningún espacio en los medios.

De todas las presentaciones públicas de Grassi, fue memorable la del 18 de agosto último en "Susana Giménez". Cuando la conductora, tensa e irónica, tuvo la malhadada idea de preguntarle si estaba "construyendo un Sheraton", el religioso, fiel a su estilo, habló de su obra y hasta se animó a pedirle el dinero faltante a la ofuscada diva.

Su espíritu resuelto para las obras de bien le ha ganado el afecto de la mayoría social, pero al mismo ritmo crecen sus problemas. Y todavía nadie aventura el final del entuerto con Susana Giménez y compañía.

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