Las gaffes protocolares de la gira

Por Edith Pardo San Martín Especial para lanacion.com
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11 de febrero de 2009  • 02:15

En el ámbito de la política existen dos tipos de mujeres: las invisibles y las atrevidas. Las primeras optan por un estilo sobrio acorde con su investidura. Las segundas, en cambio, imponen su gusto en exceso, lo cual perjudica grandemente su imagen y por carácter transitivo la del país que representan.

En ciertos casos se confunde la imagen presidencial con un desfile de modas o con tratar de convertirse en íconos de un estilo.

Mucho se ha comentado sobre el estilo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en contraposición con sus colegas Michelle Bachelet y Angela Merkel, quienes mantienen un estilo de vestimenta con sentido práctico, es decir, para trabajar.

Una de las frases más conocidas de Cocó Chanel es: "La moda envejece, sólo el estilo permanece siempre igual". El sentido estético no siempre viene incluido en el ADN de una persona, pero sí se puede aprender aunque nunca comprar.

Una persona elegante no destierra los colores habituales o alegres, simplemente ha aprendido a utilizarlos con sabiduría y moderación.

Al hablar de imagen, siempre se hace hincapié en que la primera impresión es lo que cuenta y en la política esta aseveración se torna más evidente. Para los políticos la imagen pública es trascendente, una buena imagen siempre se asocia con eficiencia y ésta se relaciona inmediatamente con calidad, seriedad y poder.

La vestimenta es una poderosa herramienta de comunicación: transmite mensajes sin palabras. Es cierto que siempre se debe tener en cuenta el estar bien vestida pero acorde con la ocasión, la edad, el cuerpo y la posición que se ocupa en el tejido social.

Resulta inaceptable que una mujer que ostenta la primera magistratura de un país, se presente con un atuendo y accesorios llamativos.

Es de público conocimiento que Cristina Kirchner suele enojarse cuando se hacen comentarios acerca de su vestuario, maquillaje y joyas. Lamentablemente, estos se convierten en lo más relevante de sus presentaciones opacando los objetivos políticos por ejemplo, de una gira internacional.

El vestido no es pues un atributo exterior, extraño a la naturaleza del ser que lo lleva, sino que por el contrario expresa su realidad esencial y fundamental. El hábito es un símbolo exterior de la actividad espiritual, la forma visible del hombre interior. Sin embargo, el símbolo puede convertirse en un simple signo destructor de la realidad cuando el vestido no es más que un uniforme sin relación con personalidad.

Durante enero, los periódicos de todo el mundo se escandalizaron por el atuendo elegido por la ministra de Defensa española, en ocasión de la ceremonia solemne de la llamada Pascua Militar.

La ministra Carme Chacón era consciente de que su elección del vestuario para acudir a la Pascua Militar en el Palacio Real no era la adecuada. Tal es así, que unos días antes de celebrarse el acto, comunicó al departamento de Protocolo de la Zarzuela su intención de vestir un smoking negro (chaqueta y pantalón) en lugar del reglamentario "vestido largo" indicado en la invitación al acto.

No obstante, el departamento de Protocolo le informó cuál era la tradición en este tipo de actos, pero le comunicó que si quería acudir a la Pascua Militar vestida con un smoking negro, podía hacerlo. Empero, tanto el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero, como el ministro del Interior, sí cumplieron con las normas protocolarias: acudieron al Palacio Real vestidos con jaquet.

Así como el vestido comunica nuestra esencia, los accesorios que portamos también lo hacen.

Bajo ningún aspecto, tanto hombres como mujeres, al saludar a una persona extendiéndole la mano lo harán con ésta enguantada o "vestida". Si concurrimos a un acto al aire libre, y sabemos con anticipación que deberemos saludar reiteradamente, el guante de la mano derecha lo llevaremos en la mano izquierda y así evitaremos la incomodidad de quitarlo constantemente.

Así, hemos visto que la señora Presidenta ha saludado al Rey con su mano derecha enguantada. En España se acostumbra saludar a las señoras "besando su mano". Sin embargo, el besamanos es la forma más cortés de saludar un caballero a una señora, es un gesto de galantería. La mano no se besa, se hace simplemente el ademán, inclinando la cabeza mientras se eleva la mano derecha de la señora.

La cena de gala: la etiqueta para damas y caballeros

Las invitaciones para todos los actos protocolarios que presiden tanto los Reyes como los Príncipes de Asturias, se envían desde la Casa de su Majestad. En cada ocasión, se adjunta o menciona en la misma tarjeta, la etiqueta que se deberá observar en cada circunstancia. Es de comprender, que estas observaciones se realizan con la suficiente antelación como para que los invitados tengan el tiempo necesario para adecuar su vestuario.

En las visitas oficiales de mandatarios, todos los aspectos concernientes a la agenda así como la etiqueta correspondiente para cada acto o ceremonia previstos, se hacen llegar ni bien ha sido confirmada la visita.

Anoche, la Casa Real de su Majestad el Rey anunció el agasajo de la siguiente manera: cena de gala ofrecida por Sus Majestades los Reyes en Honor de Su Excelencia la Presidenta de la Nación Argentina, señora Cristina Fernández de Kirchner.

Las cenas de gala ofrecidas por sus Majestades, conllevan una etiqueta muy rigurosa y cualquier excepción a esta regla debe ser comunicada por escrito, con anticipación, al Jefe de la Casa de S.M. el Rey.

Así pues, los señores debían concurrir ataviados con frac que es un traje denominado también de "alta etiqueta". El mismo está compuesto por: una chaqueta de color negro con las solapas de seda o raso negro mate, con botones forrados pero, curiosamente, ésta se lleva abierta. Además, el largo de las mangas debe permitir que sobresalgan los puños de la camisa, no más allá de 2 cms.

El chaleco debe ser siempre blanco, en piqué con una fila de botones o cruzado y por debajo de éste una faja negra de raso. La camisa blanca de cuello "palomita", deberá estar almidonada al igual que la pechera y los puños, éstos estarán confeccionados con dobles ojales para gemelos, de uso obligatorio; el lazo, corbata o "pajarita" (como se le conoce en España) también será de piqué blanco.

Con relación al pantalón, deberá ser del mismo tejido que la chaqueta con pliegues en la cintura y sin botamangas. En las costuras laterales externas, llevará una trencilla de seda de 2,5 cms.

El calzado así como los calcetines serán de color negro, los zapatos totalmente lisos de cuero o charol.

Por último, el frac admite condecoraciones y si se posee una banda, la misma se llevará por debajo de la chaqueta sobre el chaleco a la manera como lo muestran las fotografías del Rey Juan Carlos I y el Príncipe de Asturias.

En relación a la etiqueta femenina, es importante como ya he explicado anteriormente la hora del día y las características del acto. Es preferible pecar de discreción antes que caer en el ridículo por un exceso de abalorios y ornamentos en el traje.

Cuando la invitación especifica frac, las señoras deberán llevar "traje largo de noche" o vestido largo.

Hemos visto a la Presidenta con una estupenda falda acompañada con una camisa también muy bonita pero inadecuada para una cena de gala, más aun cuando lucía el Collar de la Orden de Isabel la Católica, el grado máximo de esta condecoración.

Cuando una dama debe lucir condecoraciones lo correcto es que la parte superior de su traje de noche, sea lo más sencillo posible para que la condecoración recibida luzca en todo su esplendor.

Una de las reglas de oro con referencia al "saber estar" es que éstas estarán siempre marcadas por el anfitrión, estando el invitado obligado por cortesía, a utilizarlas correctamente.

Existe un refrán español muy antiguo: "adonde fueres haz lo que vieres".

La autora es especialista universitaria en Protocolo y Ceremonial del Estado e Internacional, Universidad de Oviedo del Principado de Asturias en convenio con la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

www.edithpardosanmartin.com

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