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Un héroe ignorado

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21 de febrero de 2009  

"Mi padre, una vez que entregó en 1939 el tesoro artístico español a la S. D. N., tenía sólo sesenta francos en el bolsillo. Entonces retomó la carrera artística que había interrumpido cuando empezó la Guerra Civil. ...l y otro de sus compañeros en el rescate de las obras de arte fueron los únicos de ese grupo que no firmaron una adhesión al gobierno franquista, que les hubiera permitido, como a los otros, volver a España." El hombre de aspecto jovial que habla en el café de un hotel de Valladolid es Carlos Pérez Chacel, el hijo de Timoteo Pérez Rubio y de la escritora Rosa Chacel. "Desde entonces, mi padre no paró de pintar. Con la venta de sus cuadros, pagó los pasajes para exiliarnos en Brasil. Pasado un tiempo, mis padres se separaron en muy buenos términos. Mi madre consideró que era mejor para su carrera establecerse en la Argentina. ...l se quedó en Río de Janeiro y ella se instaló en Buenos Aires conmigo. Yo iba a un colegio muy caro, el Arreola de Marín. Mi padre me decía que había debido vender unos cuatrocientos retratos de diplomáticos y señoras de sociedad para costear mi educación."

El hombre que salvó los contenidos del Museo del Prado, del Escorial y de las colecciones privadas españolas no podía decirse que fuera un revolucionario, pero por supuesto estaba del lado de la República, como su esposa, la escritora Rosa Chacel, y los dos rechazaron con decisión el levantamiento de Franco. Hasta que estalló la Guerra Civil, Timoteo no se había ocupado de otra cosa que de su pintura. Nacido en Oliva de la Frontera, cerca de Badajoz, en 1896, se había criado en un ambiente de campesinos, sin embargo, lo atrajo la pintura desde chico, estudió primero en la Escuela de Artes y Oficios de Badajoz y en 1915 pasó a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde conoció a su futura esposa. Timoteo vivía en una modesta pensión de la calle Larra. Pronto se distinguió como paisajista. Los paisajes y los retratos se convertirían en el núcleo de su obra.

Cuando se casó con Rosa, en 1922, lo que obtenía con la venta de sus pinturas apenas si les permitía sobrevivir. Ese año, Timoteo ganó el concurso que lo dotaba de una pensión para establecerse en la Academia Española de Roma. Acompañado por su mujer, se radicó durante varios años en Italia, donde se puso al tanto de las nuevas corrientes estéticas y maduró como artista. En 1930, los Pérez Rubio regresaron a Madrid y allí nació Carlos, único hijo de la pareja. Entonces Timoteo se inscribió en la Sociedad de Artistas Ibéricos y se vinculó con personalidades de la cultura republicana. En 1931, se lo nombró subdirector del Museo de Arte Moderno y pasó muy pronto a integrar la Alianza de Intelectuales Antifascistas. En 1937, se lo designó presidente de la Junta Central del Tesoro Artístico y, desde ese momento, su vida tomó otro rumbo. Llegó a ser el héroe más ignorado de los republicanos. "Mi padre decía que unos habían hecho la guerra tomando las armas, él había ganado la batalla del Prado", señala Pérez Chacel.

Ya en Brasil, Pérez Rubio se convirtió, casi por casualidad, en empresario. Descubrió un yacimiento de caolín en los campos de un amigo y, de común acuerdo, lo explotaron. Los negocios prosperaron hasta que una crisis económica echó abajo todo lo construido. Timoteo murió en Brasil en 1977 y sus restos fueron trasladados a Badajoz en 1999.

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