Somos todos peronistas

Por Diego Valenzuela Especial para lanacion.com
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26 de febrero de 2009  • 01:17

Hace 63 años Juan Domingo Perón obtenía su primer triunfo electoral, inicio de un camino que tiene aún fuertes resonancias en el presente. Ayer hubo conmemoraciones varias, especialmente en gremios y unidades básicas, pero una llamó la atención: la referente de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, concurrió al restaurante El General –donde se idealiza al primer peronismo-, rindió culto a Perón y declaró estar en busca de dirigentes intermedios del PJ y especialmente "del pueblo peronista". "Estamos con ustedes, vamos a gobernar con ustedes y para ustedes", se animó Lilita.

La actitud de la "compañera" Carrió (lanzando formalmente su "pata peronista") recuerda una famosa anécdota de Perón. Le consultan sobre las identidades políticas en la Argentina, y describe que hay "radicales, conservadores, socialistas", y su interlocutor le pregunta: "¿Y los peronistas, General?". La respuesta pasó a la historia: "Ah, no, peronistas son todos". La política del presente devela que el peronismo sigue siendo el principal eje articulador de la política argentina.

En las últimas dos elecciones el peronismo rondó el 60 % de los votos. La Alianza y el 2001 terminaron de pulverizar al sistema de partidos, que hacía eje en peronismo-radicalismo más alianzas transitorias (menemismo con Ucede y con cavallismo, radicalismo con Frepaso). En 2003 la sumatoria de Menem, Kirchner y Rodríguez Saá llegó a 60,5 %. En 2007 ocurrió algo parecido: Cristina más una parte del voto a Lavagna más Rodríguez Saá (Alberto) lograron un porcentaje similar.

Las legislativas de 2009 muestra el mismo panorama. El kirchnerismo pierde fuerza y es desafiado por el peronismo disidente no kirchnerista con Eduardo Duhalde como arquitecto. En el acuerdo Solá - de Narváez, para unificar la oferta disidente se suma Macri, un presidenciable que aspira a ser candidato con el peronismo. De hecho, ya tiene su pata peronista (Ritondo, Santilli, Amoroso) y lleva implícita la bendición de Duhalde. Si el péndulo girara al centroderecha, tras una larga y convulsionada etapa kirchnerista, figuras peronistas como Reutemann o filoperonistas como Macri quedarían en buena posición.

El peronismo busca sucederse a sí mismo con una oferta acorde con las demandas sociales, lo que demuestra una asombrosa capacidad de reinventarse. Un pionero fue Antonio Cafiero, quien decidió desafiar por afuera al aparato político sindical, para luego correr -y ganar- por adentro del partido. Menem ganó con la revolución productiva que le propuso Duhalde, pero la interpretó a su manera y giró al conservadurismo. Duhalde le dio la posta a Kirchner, sin imaginar que el peronismo K trataría de borrarlo del mapa.

Kirchner gobernó Santa Cruz en buena convivencia con Menem, y se nutrió del equipo y del modelo creado por Duhalde. Solá trabajó con Cafiero, Menem, Duhalde y Kirchner. Macri simpatizó con el menemismo y hoy recibe ayuda de Duhalde para enfrentar a Kirchner. Narváez compró reliquias que fueron de Perón, fue candidato a Ministro de Menem y hoy aspira a la gobernación con lo que queda del duhaldismo. Scioli entró a la política con Menem, fue funcionario de Rodríguez Saá, de Duhalde y emergió vicepresidente y gobernador con Kirchner. Todos puede ser aliados o contrincantes dependiendo de las circunstancias.

Los politólogos empiezan a estudiar el fenómeno. Vicente Palermo, investigador del Conicet, tiene una hipótesis interesante: la dirigencia peronista llegó a la conclusión de que les conviene más dirimir las internas en elecciones abiertas que hacer internas. Tienen mayor incentivo a presentar varias candidaturas porque desaparece el corralito peronista y el voto puede expandirse, generando un espacio para cada uno. Esto los obliga a no concentrarse en la exclusiva representación partidaria y a articular mensajes más abarcativos que lleguen al electorado no peronista. El voto parece darles la razón.

Si así fuera, se estaría alumbrando un nuevo sistema político, en el cual reinan las alianzas múltiples con el peronismo como protagonista central. Lo que vimos en 2003 y 2007, lejos de ser una excepción por la crisis de partidos, podría ser un esbozo del nuevo sistema político. Lo que nadie esperaba es la "peronización" de Carrió, quien, astuta, busca salir del corralito al que la recluye el no-peronismo.

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