La marca máxima: 122 años

Es lo que vivió la francesa Jeanne Calment, que falleció en 1997
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22 de marzo de 2009  

MADRID (Diario El País).- La esperanza media de la vida en los países desarrollados se duplicó en los últimos 100 años debido a las vacunas, a los antibióticos y al saneamiento de las aguas. El fenómeno refleja la victoria de la medicina occidental sobre la enfermedad infecciosa, un avance que todavía está por llegar a los países en desarrollo.

Siempre ha habido unas pocas personas muy longevas. Demócrito, el más influyente filósofo presocrático, murió en el año 370 antes de Cristo habiendo cumplido los 109 años. Sin abandonar el bien documentado territorio de los pensadores antiguos, también consta que Jenófanes, Pirrón y Eratóstenes frisaron la centena.

En 1990, centenario de la muerte de Vincent van Gogh, los periodistas empezaron a llegar en tromba a Arles, la tranquila ciudad de la Costa Azul, donde el genio pelirrojo encontró su estilo pictórico. La prensa se enteró pronto de que aún quedaba viva una mujer que había conocido al pintor. Se llamaba Jeanne Calment. Había nacido en 1875 y tenía 13 años cuando Van Gogh pintó la terraza del café de Arles y su famoso cuadro del dormitorio.

La mujer contó a los periodistas que su hija había muerto de forma algo prematura en 1936. El marido hizo lo propio en 1942, cuatro años antes de que pudieran celebrar las bodas de oro, y su único nieto falleció en 1963. Ella todavía fumaba en el centenario del pintor, y lo seguiría haciendo unos cuantos años más.

Se supo después que, en 1965, la señora Calment le había cedido su apartamento a un abogado a cambio de una pensión vitalicia. Ella tenía entonces 90 años, así que el hombre pensó que hacía un buen negocio. Pero el abogado llevaba dos años muerto y había pagado el piso tres veces cuando Jeanne Calment expiró en 1997, a la edad de 122 años. Es la marca absoluta de nuestra especie: la vida máxima del ser humano.

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