Boca y Tigre, aplazados en música y dibujo

Empataron 0 a 0 en un partido chato, cuya peculiaridad fue el ingreso de ambos equipos con guardapolvos en apoyo a una campaña escolar; por seguridad y firmeza se destacaron las dos parejas de zagueros centrales La ficha del partido
Claudio Mauri
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23 de marzo de 2009  

Algunos dirán que como faltó el maestro Riquelme, los alumnos de Boca se quedaron sin el guía y tuvieron hora (y media) libre. En vez de divertirse o hacer travesuras, se aburrieron bastante. No se lo permitieron algunos celadores muy estrictos: Fontanello, Paparatto y Castaño. Boca también tuvo un par de estudiantes muy apegados al orden y la disciplina, Forlín y Roncaglia, quienes establecieron claras diferencias con Luna, Lazzaro y Morel, muy dispersos, quizá por el horario temprano (las 15) de la clase.

Ambos equipos ingresaron vestidos con guardapolvos blancos encima de las camisetas. Tuvieron el buen gesto de participar en la campaña de concienciación para que los chicos vayan a la escuela, pero minutos después, puestos a lo suyo, a lo estrictamente futbolístico, lejos estuvieron de dar una lección. Unos pocos (los jugadores mencionados) dieron el aprobado, y los dos, como equipo, deben ir a un recuperatorio.

Después de protagonizar la definición del campeonato anterior, Tigre y Boca le dieron forma ayer a uno de los encuentros más insustanciales e intrascendentes de este Clausura. En realidad, aquella definición de diciembre también había dejado mucho que desear en cuanto a lo futbolístico. Apenas se había sostenido en el suspenso y el nerviosismo por saber quién sería el campeón. El choque de ayer estaba desprovisto de esa incertidumbre, y tampoco contó con un arquero, como Javier García, que cometiera un grosero error de cálculo y posibilitara un gol. Sí hubo un rebote cedido por Islas tras un fuerte de remate de Krupoviesa, pero Figueroa, tras eludir al arquero, remató contra el travesaño.

En el balance, Boca jugó un poco mejor, especialmente en los primeros 25 minutos, pero nunca fue lo debidamente profundo y preciso. De su rico abanico de atacantes ayer participaron cuatro integrantes. No hubo entendimiento ni conexión entre Palermo y Figueroa, a diferencia de lo que había ocurrido frente a Argentinos. Quizá Palacio y Mouche debieron ingresar antes, a dinamizar un ataque que sólo tenía aceleración con las corridas y desbordes de Gaitán. Aunque hay partidos que son como una telaraña que va atrapando todo, en la que nadie se escapa de un patrón general. En este caso, el del sopor y la mediocridad. Palacio insinuó algo con un par de centros a la cabeza de Palermo, pero su aporte tampoco fue suficiente para cambiarle el signo al desarrollo. Lo mismo cabe para Mouche. Y Gracián... Había mucho sol en Victoria, pero el volante siempre pareció a la sombra gigante del ausente Riquelme. El ex Vélez no es un jugador tan insignificante como podría inferirse de lo que (no) hizo ayer, pero la responsabilidad de reemplazar al N° 10 parece abrumarlo. No despega ni aunque Battaglia lo empuje.

De Tigre suelen hablar mejor los resultados que su juego. Ambos aspectos no guardan una relación exacta en el equipo de Cagna. Vive más de los descuidos del rival (como uno de Ibarra en el final que casi aprovecha el debutante Botta) que de la ambición propia. Ante Boca no cambió el libreto. Levantó una muralla con los dos zagueros centrales, a quienes sólo se les puede señalar la tendencia a revolear la pelota. No sólo es una característica individual de Fontanello y Paparatto, sino que hace al estilo del equipo: poca elaboración, mucha pierna, los movimientos intimidantes de Castaño y un trío de ataque (Morel, Luna y Lazzaro) tan separados entre sí como del resto de las líneas. Morel tiene el atenuante de la falta de ritmo que le provocó la última lesión, pero su liviandad fue muy similar a la que tuvo en el triangular final del Apertura, cuando no pudo repetir el repertorio de pases y remates de la etapa regular.

Las posibilidades de Tigre dependieron de alguna acción directa, con algún remate de Castaño, Morel o Lazzaro. Nada que inquietara a Abbondanzieri.

Por lo cerrado, era un partido para los goleadores de raza. Para que alguno de ellos inclinara la balanza con una acción puntual, independiente de un juego anodino. Figueroa entra en ese rubro tan específico. A veces le alcanza con una ocasión para dejar su huella en el resultado. Ayer no le bastaron las tres ocasiones que le quedaron en el primer tiempo. Además del tiro del travesaño, hubo otro que le tapó Islas y un tercero que desvió tras una estupenda asistencia de Gaitán.

Tigre siempre miró con buenos ojos el empate y Boca fue perdiendo de vista el triunfo, buscado por Krupoviesa con un par de remates picantes. El partido quedó marcado por la falta de ideas ofensivas y la eficacia y seguridad de las dos parejas de zagueros centrales. Ambas obtuvieron buena nota en la materia geografía del área. En música y dibujo, nadie alcanzó el siete.

  • Unidos para fomentar la asistencia escolar

    Bajo el lema "Si vas a la escuela, el ídolo sos vos", la Unicef, el municipio de Tigre y los equipos de Boca y de Tigre se unieron en la campaña que promueve la asistencia de los chicos a las escuelas. Los jugadores titulares ingresaron con guardapolvos, acompañados por chicos que vestían la indumentaria de ambos clubes.
  • EL DEBUT

    Botta, libre de Boca, llegó a la primera de Tigre

    Sanjuanino, volante ofensivo y de 19 años. Rubén Botta, a quien Boca dejó libre en las divisiones inferiores, debutó al reemplazar a Morel en el último cuarto de hora.

    LO NEGATIVO

    De visitante, el equipo de Ischia se queda sin gol

    Ayer, Figueroa (foto) no aprovechó tres ocasiones de gol. Boca sufre de visitante la falta de eficacia. No pudo convertir en los últimos tres cotejos: frente a Lanús (0-1), Independiente (0-2) y Tigre (0-0).

    EL DATO

    Primer empate desde que ascendió el Matador

    Tigre nunca había empatado con Boca desde que volvió a primera división. De los cuatro cotejos anteriores, el equipo de Victoria se impuso en tres y los xeneizes en el restante.

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