El mejor arranque de Boca

En sólo tres meses, Bianchi armó un equipo sólido; es la campaña más efectiva en la presidencia de Macri
Christian Leblebidjian
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22 de septiembre de 1998  

Primer acto: "¡¡Borom-bom-bon, Borom-bom-bon, es el equipo del Narigón!!//¡Que de la mano... Carlos Bilardo, toda la vuelta vamos a dar...!"

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Segundo acto: "¡¡Mire mire qué locura, mire mire qué emoción... Este es el Bambino Veira que vino a La Boca para ser campeón...!!

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Tercer acto: ...

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Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de Boca, allá por diciembre de 1995, contrató a tres técnicos. Primero fue Carlos Salvador Bilardo, después Héctor Rodolfo Veira y ahora Carlos Bianchi. La ilusión se renovaba campeonato a campeonato, domingo a domingo. El cambio de DT o la gran masa de incorporaciones eran el atractivo suficiente para el hincha como para renovar y encender el sueño de campeón.

Pero esta vez, a diferencia de los períodos anteriores, Bianchi se está arreglando con menos que en su momento pidieron Bilardo y Veira. Tomó el plantel que dejó el Bambino y además, con las pérdidas que representaban para el plantel jugadores como Diego Latorre, Claudio Caniggia, Nolberto Solano y Néstor Fabbri. Dentro de la plataforma de Macri, figuró siempre "darle proyección a los chicos de las inferiores" y por diferentes motivos, Bilardo y Veira no pudieron cumplir con ese objetivo. Ahora, además de tener como puerta final la obtención del campeonato Apertura, el técnico de Boca mira para abajo cuando lo necesita. Con su bajo perfil, Bianchi paró con la vorágine que dominó a Boca desde diciembre de 1995 a junio del 98, y como contrapartida de ello, desde esa fecha, su equipo aumentó el porcentaje sobre la cantidad de puntos obtenidos en lo que va del certamen. Si hacemos una comparación, la campaña de Bianchi es el mejor arranque de Boca en los últimos años, con cinco victorias y dos empates.

Es cierto que en la Copa Mercosur la historia no es la misma, pero el hincha de Boca pide a gritos un campeonato local. Y eso lo saben tanto los dirigentes como el propio Bianchi. Futbolísticamente Boca todavía puede dar mucho más. Por momentos mata, pero también sufre. Los abanderados de las victorias parecen ser Martín Palermo y Guillermo Barros Schelotto -un mellizo que con Veira era suplente detrás de Caniggia-, pero su corazón está en el mediocampo. Diego Cagna, Mauricio Serna, Fernando Navas y Juan Riquelme son el pulmón de este equipo. Y sólo falla cuando el fondo no da la seguridad necesaria.

Y Bianchi no necesitó hacer la revolución. Sólo tomó la base e intentó armar un equipo que signifique más que un conjunto de individualidades. Que no sólo parezca unido sino que además lo sea. Granito por granito de arena fue construyendo al hoy puntero del campeonato. Algunos dirán que todavía no jugó ningún clásico -el domingo próximo se viene Racing-, pero cabe recordar que en el Apertura 97, el Boca del Bambino Veira terminó perdiendo el certamen ante Ferro y Lanús, ambos en la Bombonera. Y pese a que derrotó en el superclásico a River, no pudo mantenerse en la punta. En un comienzo más que alentador, no se entiende la neutralidad de la hinchada de Boca. Pero bueno, son códigos que maneja el público. Hasta ahora, el equipo de Carlos Bianchi les dio más dentro de un campo de juego que en su momento uno de Bilardo o de Veira. Pero la gente no canta. No se sabe. Serán códigos que manejan las hinchadas.

Es cierto que a priori, para los hinchas de Boca, tanto Bilardo como Veira tenían más carisma que el Virrey, pero hasta ahora los números no mienten. Y el "¡Que de la mano de Carlos Bianchi... Todos la vuelta vamos a dar...!" sólo se escuchó de la garganta de un centenar de rosarinos el 9 de julio último, precisamente en el debut de Bianchi como entrenador del equipo de la Ribera, en un amistoso donde Boca goleó a Rosario Central por 4 a 2, con una gran producción de Juan Román Riquelme y Guillermo Barros Schelotto.

Fue la primera y la última vez que ese canto bajó de la popular. Sigo sin entender. Justo en un momento que los entrenadores parecen vivir en un mundo lleno de presiones, Boca encuentra seguido el desahogo, pero nadie lo grita. O se escudan en el "Porque este año desde La Boca, desde La Boca, salió el nuevo campeón...". ¿Será que ya no se quieren ilusionar en vano? Si la ilusión del hincha de Boca se renueva con cada triunfo...

Saliendo un instante de la Bombonera, se observa que en Liniers tampoco hay nueces. En Vélez 2-Boca 1, por la Copa Mercosur, Bianchi volvía al club que lo vio nacer y que tanto le dio, pero no bajó ni siquiera un tibio aplauso de reconocimiento para el Virrey. Y eso que era la primera vez que Bianchi volvía al barrio. Por la calle, el hincha de Vélez lo saluda todos los días. Pero esa noche, en masa, la actitud fue otra.

El tercer acto del ciclo Macri parece demostrar indiferencia desde las tribunas para con Bianchi. No se entienden los códigos de las hinchadas. Y eso que Boca va primero...

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