Historiadores destacan el papel de Alfonsín como restaurador de la democracia

Félix Luna, Miguel Angel De Marco y Fernando Rocchi coincidieron, en diálogo con lanacion.com, en que la gente lo recordará como un político digno e incorruptible
Constanza Longarte
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2 de abril de 2009  • 00:58

"Un político intachable", "un hombre que defendió sus ideas hasta su muerte" o "el restaurador de la democracia" son algunos de los calificativos con los que los historiadores Félix Luna, Miguel Angel De Marco y Fernando Rocchi describen al ex presidente Raúl Alfonsín.

Félix Luna lo recuerda, principalmente, como un gran demócrata y está convencido que la historia lo evaluará como tal: "No hubo contradicciones importantes en su trayectoria como presidente. El punto más destacable fue volvernos a enseñar a vivir en democracia y la idea de que todo lo que se hacía desde la esfera del gobierno debía tener un propósito saludable para el país".

La búsqueda del bien común y la falta de codicias personales es otro de los aspectos rememorables del ex mandatario, según Luna. "Fue un modelo de presidente porque en su gestión nada estuvo inspirado por un interés personal o de amigos, solamente en el interés del país. Como político nunca entró en alianzas espurias o que lo obligaran a comprometerse con cosas que no podía cumplir. En ese sentido, su carrera fue muy pulcra. El pacto de Olivos fue muy discutible. Yo creo que fue necesario para evitar el desmadre total de la arquitectura constitucional argentina que se iba a poner patas arribas en aras de la reelección de Menem", opinó.

Su colega De Marco, ex presidente de la Academia Nacional de la Historia, concuerda con su opinión y rescata el papel fundamental que jugó el líder radical en la restauración y la defensa de la democracia.

"Alfonsín asumió la presidencia en un momento extremadamente complejo y difícil. Cualquier gesto desmesurado, cualquier exabrupto podía poner en peligro el proceso de reinstauración democrática que le tocaba encabezar. Desde la campaña electoral que lo llevó a la presidencia consideró un valor supremo para la convivencia de los argentinos el respeto a los derechos y deberes que consagra la Constitución Nacional", consideró.

Sin embargo, este historiador no comparte la visión de Luna sobre el pacto de Olivos. Al igual que Fernando Rocchi, profesor de la Universidad Di Tella, opina que fue el punto más criticable de la carrera política del dirigente.

"Las circunstancias lo llevaron a promover reformas que tenían por objeto fundar lo que él llamó la segunda república, entre ellas la controvertida reelección presidencial, fruto de un pacto que provocó bastantes distorsiones en la vida argentina", expresó Di Marco.

"No creo que se lo vaya a valorar bien por el pacto de Olivos, que fue uno de sus grandes errores. Tampoco cuando al finalizar su gobierno realizó esa alianza con los sindicatos. Y tampoco creo que sea bien estimado en términos económicos. Su política, en este sentido, no fue buena. Al plan Austral, su mayor acierto, lo dejó caer", juzgó Rocchi, en referencia a los fallidos intentos del ex presidente por sanear la economía argentina, diezmada tras siete años de dictadura militar, que derivaron en una profunda hiperinflación que produjo a la vez saqueos y caos popular.

Aunque reconoce que Alfonsín nunca fue un buen economista, Luna, en cambio, rescata la política económica llevada adelante por el líder de la UCR.

"El no fue nunca un buen economista, ni tenía porque serlo, pero se rodeó de buenos especialistas. Pero la situación del país y del mundo hacía muy difícil el saneamiento que hubiese deseado. La hiperinflación fue al final de su mandato. En realidad, durante la mayor parte de su gobierno las cosas en el campo económico estuvieron bien encaminadas", reflexionó.

Rocchi destaca su figura en otro aspecto fundamental para la historia argentina y lo señala como el gran defensor de los derechos humanos, gracias a la creación de la Conadep, el Nunca Más y el juicio a las Juntas Militares.

Además, lo marca como un político a la antigua, un gran estadista, que tenía ideas y las llevaba adelante, sin basar sus decisiones en encuestas. "Fue un hombre de lucha, que dedicó su vida a la política. Tuvo momentos de mucha adversidad, hasta dentro del propio radicalismo. Sin embrago, siguió luchando hasta el final", subrayó.

Más allá de los aciertos y desaciertos en su política social y económica, los tres historiadores coincidieron en destacar al ex presidente como un gran hombre, un ejemplo de dignidad, austeridad y conducta.

"Nadie podrá negar que fue un demócrata convencido y respetuoso de las instituciones, tolerante y pacifista. Fue consecuente con sus principios y no se enriqueció en el poder. En ese aspecto, sobre todo, lo rescatará la historia", expresó De Marco.

Y Rocchi lo acercó a la figura de otro presidente radical: "Creo que la valoración va a ser similar a la que se hizo de Arturo Illia, que fue muy cuestionado en su momento, pero después la gente lo exoneró. La imagen de hombre íntegro, no corrupto, que no se enriqueció en el gobierno, que tuvo ideas y las llevaba adelante. Era un hombre de bien".

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