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Esperando a la doncella de Orleáns

Pola Suárez Urtubey
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9 de abril de 2009  

Ya los cuerpos artísticos del Teatro Colón se disponen con todos sus bríos para la apertura de la temporada lírica, en el teatro Coliseo, fijada para el 19 de mayo próximo. Ese día, el oratorio dramático de Arthur Honegger y Paul Claudel Juana de Arco en la hoguera, la inmortal doncella (pucelle) de Orleáns, podrá revelar hasta qué punto músicos y técnicos serán capaces de mantener la centenaria tradición porteña de la ópera, hasta tanto la casa esté en orden y puedan tornar a la calle Libertad. El comienzo de las actividades de la Orquesta Estable está fijado para el día 28 de este mes, fecha en la que el director de orquesta John Neschling iniciará la preparación de la obra. Por su parte están en plena labor el Coro Estable y el Coro de Niños, mientras los cantantes solistas y un pequeño grupo de bailarines ensayan lo suyo en diferentes lugares de la ciudad. A ello se agregará la tarea del director de escena y escenógrafo, Roberto Plate, que será nuevamente responsable de la puesta (ya lo hizo en dos ocasiones anteriores).

La creación de Honegger fue conocida en el Colón en la temporada 1947, cuando la dirigió Erich Kleiber, con Margarita Wallmann en la régie y Nicola Benois en la escenografía. Su protagonista fue Clara Oyuela, mientras Felipe Romito tuvo a su cargo la parte de Frère Dominique. Luego se la repuso en 1948, 1961, 1974, 2000 y 2002. Estas dos últimas, ya muy cercanas a nuestra memoria, contaron con el protagonismo de Isabel Karajan (Serge Baudo en la concertación general) y de la actriz francesa Dominique Sanda (dirección de Reinaldo Censabella). La obra (ahora protagonizada por Vera Cirkovic y Didier Sandre) está para nosotros, entonces, relativamente fresca y tan amada y admirada como siempre.

* * *

A los que se sumen este año a las huestes de amantes de esta formidable propuesta de Honegger, sepan que estarán frente a una concepción teatral de excepcional belleza y originalidad. Comienza cuando Juana está ya atada al poste de la hoguera. Y así como los moribundos –medita Claudel– en su instante extremo, en su último minuto de verdad, reviven los momentos decisivos de su propia existencia, así nos los muestra Juana, si bien en la perspectiva angélica con que ella los interpreta.

Por su parte, escribe Honegger: "La música debe cambiar de carácter, ser dúctil, flexible, y de gran vuelo; pero al mismo tiempo sencilla: al público no le importa la técnica. Por eso me he esforzado por ser accesible tanto al hombre de la calle como al músico. He tratado de realizar eso en Juana de Arco". Un ideal que, desde luego, se cumple con plenitud.

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