La importancia de llamarse Rucci

Hija del sindicalista cuyo asesinato marcó un punto de inflexión en la escalada violenta de los años 70, Claudia Rucci vuelve hoy a la política decidida a dar batalla desde el peronismo ortodoxo, después de un paso fugaz por el Gobierno Damián Nabot Para LA NACION
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19 de abril de 2009  

El primer indicio de la muerte fueron las sirenas. Claudia, de nueve años, y Aníbal, de 14, se pegaron a las ventanillas y descubrieron las ambulancias, los patrulleros, los curiosos arremolinados en torno a su casa. El chofer presintió el olor de la violencia y aceleró. Los hermanos volvían del colegio Almirante Brown rumbo a su hogar pero, aquel mediodía primaveral de 1973, vieron cómo el automóvil donde viajaban seguía de largo y dejaba atrás la casa de Flores y una multitud de fisgones en torno al cuerpo de su padre, José Ignacio Rucci, tirado en la vereda con 23 balazos.

A Claudia la dejaron en la casa de unos vecinos para evitar el impacto de la escena. Nadie terminaba por contarle lo ocurrido. En un descuido, se acercó a un televisor encendido y de pronto una placa tituló en la pantalla con la noticia del asesinato de su padre.

Cuando finalmente la devolvieron a su casa encontró a su madre en la cama, sedada por la medicación. El terror finalmente se había corporizado, pero la violencia la había acompañado prácticamente desde su nacimiento en la forma de custodios, mudanzas intempestivas y arsenales escondidos. Desde entonces, el apellido Rucci se transformó en una bandera, una consigna de la ortodoxia peronista enfrentada a los Montoneros y a los defensores de "Perón y la patria socialista".

Tres décadas después, Claudia Rucci, con 45 años y tres hijos, se descubre nuevamente en el centro de enfrentamientos internos del PJ. El intento por imponerla como tercera en la lista encabezada por Francisco De Narváez derivó en una puja interna que dejó a Unión Pro al borde de la fractura. Afortunadamente, los tiempos de dirimir las luchas a balazos evolucionaron hacia formas civilizadas.

Sin embargo, otras herencias se mantienen sin cambios: su aparición en el escenario político se encuentra irremediablemente atada al simbolismo que encarna su apellido, una suerte de anzuelo para peronistas desencantados con el Gobierno.

Hijos de tigre

Cuando Claudia Rucci nació, la vida de su padre, el Petiso, ya había dibujado un frenesí de ascensos y caídas. Tras una escalada prometedora impulsada por su oratoria y su carácter explosivo, Rucci fue defenestrado a San Nicolás por Augusto Vandor, el sindicalista que intentó edificar un peronismo sin Perón. Con el tiempo, Rucci regresó triunfal como secretario general de la CGT de la mano del titular de la UOM, Lorenzo "el Loro" Miguel, por entonces el verdadero poder en las sombras del sindicalismo peronista.

El Petiso se ganó la simpatía de Juan Domingo Perón desde su primera visita a Puerta de Hierro, en 1971, y levantó vuelo sin sentirse deudor de Miguel, quien sintió que su primogénito lo traicionaba.

"Era incontrolable", recuerdan todavía los sindicalistas que lo conocieron. Los códigos sin tinta de la hermandad sindical hicieron que, pese a las diferencias que los habían enfrentado en los últimos años, Lorenzo Miguel cobijara a la familia de Rucci tras el asesinato: Nélida Coca, la viuda, y su hijo Aníbal tuvieron trabajo en la UOM, un ingreso que la mujer mantuvo hasta jubilarse.

Claudia Rucci, en cambio, se alejó de la política como quien busca sacarse de encima el sabor amargo de una pesadilla y se volcó a la actuación. Había comenzado a los seis años, cuando después de machacar a sus padres con prematuros deseos de actriz, la madre la presentó a Alejandro Romay, quien la ubicó en el programa "Música en libertad". "Fue la única vez que vi llorar a mi viejo", dice al recordar el momento en que la familia se reunió para ver el programa frente al aparatoso televisor del living.

La dictadura la encontró convertida en una adolescente que cuestionaba por qué la pollera tenía que esconder las rodillas. Fue expulsada del Instituto Belgrano y deambuló por otros secundarios, como el colegio San Agustín, de Las Heras y Agüero.

Su voto debutante fue para el justicialista Italo Luder. Por esos años, sumaba trabajos en la televisión, algo que ya se había convertido en su forma de ganarse la vida: "Crecer con papá", con Alberto Martín; "Carmiña", la telenovela "Malevo", "Hola papi", "Verdad Consecuencia"; y en teatro "Despacio escuela", de Nelly Fernández Tiscornia o "Crímenes de Corazón", entre otras obras.

Su hermano, Aníbal Rucci, sintió en cambio tempranamente que los genes heredados de su padre volvían a encenderse en su interior y comenzó a jugar a la política dentro de la UOM. Lorenzo Miguel, envejecido, todavía controlaba el gremio aunque presentía la ambición de quienes aspiraban a su silla. Entonces ocurrió lo innombrable. Todos en la UOM reconocen que Miguel descubrió al hijo de Rucci en una jugada que lo enfureció pero, en honor a la hermandad, incluso en el presente nadie revela el pecado que encendió la ira. Los ciclos dieron un nuevo giro a la rueda y, otra vez, un Rucci fue desterrado. Aníbal debió abandonar el reino del "Loro" y se refugió bajo las alas de Carlos "el ruso" Gdansky, titular de la seccional UOM de La Matanza y opositor interno a Lorenzo Miguel. Carlos Menem gobernaba la Argentina.

Para entonces, Claudia Rucci se había casado con el actor Víctor Hugo Vieyra. La pareja compró una casa en Parque Leloir, tuvieron dos hijos y fundaron un pequeño teatro en Castelar. Las esferas del espectáculo y la política parecían girar sin tocarse, aunque en los pasillos de los canales todavía resuenan los gritos que se cruzaban la peronista Rucci y la entonces radical Mariquita Valenzuela, un tanto en broma y un poco en serio.

Un día, inesperadamente, los mundos comenzaron a cruzarse y el pasado asomó sin aviso. Primero fue en el personaje de Blanca, la mujer de un desaparecido que Claudia Rucci interpretó en el teatro San Martín en la obra "Cuento de Hadas". "El negro no hacía nada, sólo repartía papelitos y volantes, era un hombre bueno", recitaba Blanca, en un monólogo de la obra sobre su marido secuestrado.

Después fue su cumpleaños: el 19 de diciembre de 2001, los invitados, su hermano Aníbal y sus sobrinos, la torta, los brindis y el presidente Fernando de la Rúa que anunciaba por televisión el estado de sitio. Entonces la actriz anunció que abandonaba su propia fiesta y se iba a Plaza de Mayo, entre multitudes y amenazas de gases lacrimógenos. Aquella madrugada, dice, cuando volvía manejando de la Plaza y veía los neumáticos quemándose, la gente que deambulaba por las calles, decidió que se volcaría a la política.

Llamó por teléfono a su amiga Ester Niti Iglesias, militante peronista que responde al dirigente Cristian Ritondo, quien por entonces ya había saltado del menemismo al duhaldismo, y le comunicó su decisión. Cuando Duhalde designó a Ritondo como viceministro del Interior, Claudia Rucci lo acompañó como empleada. Poco después Néstor Kirchner fue elegido presidente.

Piedra de la discordia

Rucci fue llamada entonces para trabajar en la Subsececretaría General de la Presidencia, a cargo entonces de Carlos Kunkel, quien en los setenta se había identificado con Montoneros, la agrupación a la que siempre se señaló como responsable del asesinato de su padre. En el presente, Rucci busca rodear de asepsia su paso por el staff de Kunkel, en un intento por tamizar la contradicción. En el entorno del dirigente kirchnerista, en cambio, deslizan con intencionalidad que nunca planteó desacuerdos políticos y que se fue cuando recibió una oferta más conveniente.

En los reportajes de la época, Rucci afirmaba que le gustaba Kirchner y que Cristina Fernández tenía "unos ovarios tremendos".

Finalmente, el eterno retorno volvió a cerrar su círculo y Claudia Rucci regresó a la CGT, ahora como secretaria del sindicalista Gerónimo "Momo" Venegas, titular del gremio de peones rurales (UATRE). Se instaló en el cuarto piso, a pocos metros del lugar en que su padre escribía sus discursos.

Kirchner llegó a llamarla para preguntarle por qué había abandonado el Gobierno. Pero no volvió. Venegas se hizo cargo de la Secretaría de Interior de la CGT, donde impulsado por Eduardo Duhalde acercó recursos y organización al PJ disidente de Felipe Solá. El jefe político de Claudia Rucci es un clásico peronista ortodoxo, nostálgico de la liturgia de los bombos y la marcha, impulsor del monumento a Juan Perón y, paralelamente, promotor de emprendimientos inmobiliarios de su gremio en Necochea, la localidad donde emergió como dirigente.

El año pasado, tras la aparición del libro Operación Traviata , los homenajes por el 35 aniversario del asesinato de José Ignacio Rucci y la consolidación de la hipótesis de que los Montoneros habían sido los responsables, el peronismo opositor centró sus ansias en el apellido Rucci como estandarte electoral.

Venegas presentó entonces a los hermanos Claudia y Aníbal al abogado Jorge Casanovas, quien fue ministro de Seguridad bonaerense durante la gobernación de Carlos Ruckauf. La adormecida causa judicial por la muerte de Rucci tomó entonces nuevo impulso.

Poco después, Claudia Rucci fue presentada en un acto junto a Solá y Francisco De Narváez como candidata en la lista de diputados bonaerenses por Unión Pro. Para entonces ya era una ferviente opositora, pero su inclusión en la lista -una imposición, para el Pro- dejó a la alianza con el macrismo a un paso de la ruptura. Hicieron falta intensas negociaciones para recomponerla.

Rucci todavía vive en Parque Leloir aunque se divorció y formó una nueva pareja, con quien tuvo a su hijo menor, de tres años. En la lista de amigos de Facebook no hay farándula, en cambio conviven un navegante de apellido Solá con Horacio García Belsunce.

Instalada en el comando de campaña de Salguero 79, Rucci recibe ahora a dirigentes de la provincia junto a su hermano, convertido en uno de los principales operadores del PJ opositor. Ambos se sienten exponentes del "verdadero" peronismo, una marca que en tiempos electorales se disputan demasiados propietarios.

Quién es

Nombre y apellido:

Claudia Rucci

Edad:

45

Actriz precoz :

comenzó a trabajar en televisión a los 6 años, en el programa "Música en Libertad", y durante décadas se dedicó a la actuación. Con su ex marido, Víctor Hugo Vieyra, fundó un pequeño teatro en Castelar.

Su ingreso en la política :

la crisis que se desató en diciembre de 2001 marcó su ingreso en la política. Actualmente trabaja en la CGT, muy cerca del lugar donde su padre escribía sus discursos.

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