El cine está mutando

Bernardo Bertolucci presentó en San Sebastián su última realización, "Besieged", una polémica meditación sobre la realidad del arte y del mundo
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28 de septiembre de 1998  

SAN SEBASTIAN.- En su paso por el 46º Festival de Cine celebrado en San Sebastián, Bernardo Bertolucci, el gran Bernardo, dejó una estela de admiración y la sugerente creencia de que el cine ha entrado en un estado de mutación al que hay que estar atento porque, "si no, perdemos la carrera y el cine nos pasa por encima o lo dejamos morir".

Presentó aquí su más reciente trabajo, "Besieged" (algo así como "sitiados" o "acorralados"), una coproducción ítalo-británica de apariencia pequeña y localista pero de sólido contenido universal. Su historia se ubica en la Roma contemporánea, una ciudad invadida por los colores de la ropa y de la piel de los múltiples inmigrantes africanos que, primero, se establecieron con su música y sus artesanías en la línea de la Stazione Termini y que ya se han corrido como reguero por la geografía íntima de la capital italiana y por sus oficios y costumbres.

Con ese fondo y dentro del juego humanista con que Bertolucci se acerca desde adentro a sus animados caracteres, "Besieged" cuenta una historia de amor, silenciosa, sensual, cauta aunque sin términos medios e interracial: el relato está basado en un texto del anglonorteamericano James Lasdun, un profesor de "escritura creativa" en Columbia y Princeton y autor del guión de "Sunday", de Jonathan Nossiter, galardonada este año en Sundance.

La letra habla de un solitario inglés diletante que se enamora sin palabras de su empleada doméstica colombiana. Bertolucci trasladó la acción de Londres a Roma y convirtió el origen latinoamericano de la protagonista en un viaje desde el Africa. Se dejó llevar asimismo por las músicas clásicas de Occidente en una deslumbrante hibridación con ritmos africanos, gritos y raras aerofonías y enigmáticos sones de cuerdas. El film tenía como destino sólo la televisión, medio que intervino en la producción, pero, dijo Bertolucci, "me pasé en la duración; me fui de cincuenta minutos a noventa y nos pusimos de acuerdo: hay que dejarla para el cine". ¡Qué suerte!, podemos acotar.

Bertolucci es un maestro de la concepción plástica y en permitirse el avance de unas artes sobre las otras para obtener significados insólitos y un soberano dominio de la imagen por encima de cualquier otra expresión, dentro del audiovisualismo. Al encontrarnos, se sorprende porque le decimos, admirativos: don Bernardo, todavía en las escaleras del María Cristina, un hotel imperial que es buena parte de la sede del festival y que, gracias a éste, podemos conocerlo en su magnitud de albergue de reyes y emperadores. "Don Bernardo...", retruca y se larga a reír. Debe de haber pensado que lo confundimos con el capomafia del celuloide.

"Los veinte minutos iniciales de "Besieged" son casi mudos de palabras, hay un silencio humano de lingüismo sintáctico, pero la acción se erige en protagonista gracias a las imágenes -don Bernardo tiene bien claro su objetivo de este tiempo-, y el resultado es producto de mi pensamiento sobre el cine en los últimos años, algo que me obsesiona, porque advierto que el cine está mutando y no sabemos por dónde asirlo o qué apariencia va a tomar después de la metamorfosis. Cuando decidí realizar "Besieged" me impuse el problema de la imagen por encima de la palabra, porque al cine sólo se lo puede recapturar desde ella. Después, con el tiempo, veremos."

"Una de las implicancias de estos cambios está en los movimientos y avances de la tecnología y en la inadecuada resistencia con que los directores-artistas se oponen a ellos. Los cambios -Bertolucci hace referencia a los efectos especiales y la rotundidad de la computación y de los procesos de digitalización de la imagen- deben ser aprovechados en favor de nuestra concepción diferente. No hay que enfrentarlos; debemos hacernos sus amigos, para que rindan más allá de la mirada ciega de los creadores de efectos. Tampoco hay que negarse al poder de la televisión, tanto en su calidad de coproductor como en las posibilidades concretas de su pantalla, un medio que multiplica al infinito el poder inicial de la imagen. "Besieged" es producto de mi deseo de abandonarme a la mutación por la que pasa la cinematografía."

¿En qué consiste la mutación? o ¿qué apariencia la delata? Las preguntas tienen respuesta en la claridad del realizador de "Ultimo tango en París" y "Novecento". "El cine regresa hoy a sus orígenes: cuando nació era mudo y llegó así casi hasta los treinta. Ahí empezó a hablar; del blanco y negro pasó al color y hoy muta por obra de las nuevas tecnologías. "Besieged" no puede apartarse de esas transformaciones y yo no pude resistirme a la tentación de hacer un film, en su inicio, casi mudo, porque el protagonista está obsesionado en silencio con la mujer negra que pasa la aspiradora y que apenas le apunta con los ojos, aun cuando presiente la agudeza de su mirada en cada acto."

Son protagonistas de "Besieged" Thandie Newton, a quien se conoce por su trabajo en "Jefferson in Paris", de James Ivori (sólo conocida en la Argentina en video), una sureña de quien Jefferson se enamoraba perdidamente. La acompaña David Thewlis, que encarna al joven y solitario millonario Mr. Kinsky, pianista abstraído que habita en un caserón del área de Piazza d´Spagna, en el centro de Roma. El diseño de la casa de Mr. Kinsky es un bellísimo trabajo de imaginación y de un estilo perdido, pero reconocible en su decadencia de abandono y olvido.

Sociedad familiar

Clare Peploe, la mujer de Bertolucci, como sucede habitualmente, trabajó en el guión junto con su marido. "Me llevó sólo diez segundos decidir que el rostro de Thandie era el de Shandurai, mi chica en "Besieged". Buscaba una cara atravesada por ideas, como si fueran manchas sobre la luz del sol. Ya había decidido que tenía que ser una actriz africana y no una latinoamericana como en la novela. Necesitaba un rostro en cuyo pasado se viese el dominio masculino, algo intolerable para esta historia, pero necesario para la trama."

Los primeros minutos del film transcurren en Africa, en un país innominado, pero donde acaba de entronizarse un dictador capaz de detener a un maestro justo cuando les enseña a sus niños el valor de ser libres. El fondo es una música crispada por algún dolor eterno, unas cuerdas tensadas sobre un palo torcido y la voz de un anciano negro y cantor, en un gesto que suponemos elegíaco.

"Ser africana es mi trabajo, me dijo Thandie en el momento de convocarla; soy actriz y sé cómo convertir lo que soy en un personaje". Bertolucci repite las palabras de Thandie Newton. "Tú eres inglesa; lo delatan tu acento y el lenguaje de cuerpo, le dije. Ella me convenció de que podría dar la mujer africana que se necesitaba. Lo convenció a usted también, ¿verdad? -nos pregunta Bertolucci-. La madre de Thandie es africana de Zimbabwe y su hija le tomó las costumbres y el acento convincente".

Le preguntamos por el cine político que cultivó con tanta fruición en su discurso personal y en el de tantas películas. "Yo soy sólo un servidor de la realidad, porque mi medio de expresión, la cámara, registra la realidad. Por ejemplo, hasta 1989, la realidad era política y la política inspiraba todo urgentemente. Luego, la política perdió urgencia y hoy no cuenta con la aceptación de la gente. En los sesenta y setenta hubo sobredosis de política.

"Hoy nos vamos recuperando del desaliento excitado en que nos dejó aquella frágil urgencia de vivir montado a la batalla. En "Besieged" regreso a la política... pero sólo por el argumento: tenemos una casa antigua con un inglés joven encerrado en ella y apasionado por la música y por su colección de obras de arte; una chica misteriosa está cuidando su casa. Hay un enfrentamiento crudo, sin palabras, racial, social y político, con su proyección poética sobre la realidad exterior y con la expresión de esa colisión, finalmente amigable, en la banda sonora, donde se conjugan los sonidos africanos de compositores como Papa Wemba, Salif Keita y J. C. Ojwang con clásicos temas de Mozart y Beethoven. La realidad, en cualquiera de sus formas y sólo por serlo, no puede dejar de ser política".

En la mujer africana de esta trama, dice Bertolucci, se conserva el camino desde vivir en una sociedad fuertemente politizada como la africana hasta ingresar en el clima de una historia de amor que, por fin, la reubica en su posición de mujer.

Fondo y forma

Lo individual, en esta mirada de Bertolucci, queda expuesto en su trabajo sobre la estructura del relato: "El comienzo es un retroceso en el tiempo, un flashback , por el cual ingresamos en las pesadillas africanas de Shandurai, sufriendo. Por este medio, el espectador comprende que la historia pasa por ella y que arranca desde su punto de vista. Buscamos incluir su vida en su propio interior: la violencia de una dictadura en el país africano, tras lo que se supone fue un golpe de Estado. Ella era enfermera y es por eso que la cámara recorre interminablemente cuerpos y rostros de niños en un hospital para minusválidos. En seguida, ella aparece en Roma."

Advierte Bertolucci que fue intencional articular una suerte de poema en el segmento africano y que por ese motivo prefirió no poner subtítulos, "de manera que la musicalidad se eleve por sobre todo". El universo africano, resume, está fuera de la historia: la del tiempo y la de Shandurai.

Tampoco cree Bertolucci que haya que volver a poner sobre el tapete político la cuestión del colonialismo. "No quiero ser una reencarnación de mí mismo, volviendo a algo que me preocupó largamente, hace tiempo. A veces, los productores me piden, deslumbrados por la imagen y por la música, una secuela de "Ultimo tango en París". Marlon Brando está muerto en la película, les respondo. Hasta me pidieron que lo resucitara o que demostrara que no había muerto... La historia de mi vida es siempre cambiar. No acepto el manierismo de repetirme como hacen otros colegas. Hoy hay muchas películas, pero hay poco cine... En los sesenta -prosigue este singular creador, despertando la admiración de quien está enfrente-, en esos años, todos se preguntaban qué es el cine; hoy pocos directores mantienen en pie esa necesaria pregunta: Scorsese, David Lynch, Kiarostami, Almodóvar, Otar Iosseliani y algunos más. Ellos son quienes intentan seguir reinventando el cine. A lo mejor estoy un poco perdido o será porque empecé en los sesenta, pero yo sigo preguntándome "qu´est ceque c´est le cinéma".

Así, ¿en francés?, cortamos su expresividad y su sensato enfatismo.

"Sí. El francés es el idioma del arte cinematográfico. En cambio, la difusión del cine la hacemos en inglés, que es el lenguaje de la industria."

Es verdad, estamos dialogando en inglés, buscando las palabras más precisas, reelaborando Bertolucci la pasión de crear también con palabras que tampoco quieren perder el dejo italiano.

"El italiano es la lengua materna, la de las primeras películas, la del aprendizaje del medio," sonríe sin ánimo de luchador agobiado.

Todavía un arte

De acuerdo con lo explicado por Bertolucci -habla siempre de la película, pero en realidad regala una lección de cómo ver el cine, de la actitud para crear y de la soledad de los que aún lo creen un modo de arte-, la opinión de Shandurai, su personaje, podría regir la historia por un sendero de preguntas: ¿es una comedia? ¿es una tragedia? ¿es más que una historia de amor? "Lo aprendemos en el colegio: tragedia y comedia van juntas; se reúnen en la risa con que el hombre defiende su integridad frente al dolor. Ninguna historia puede negarse a imponer sus toques de ridículo en medio de la seriedad de un asunto. Nuestro pianista, en el fondo, es un ridículo, al no poder sobrellevar la oferta de amor implícita en los silencios." Le preguntamos por el cine italiano, casi ausente en las carteleras internacionales. "Hay más películas italianas de las que uno supone -es la respuesta-, pero muy poco cine. Por suerte, nuestro actual ministro de Cultura es un apasionado de la cinematografía y entiende que por ella la comunicación del artista con el pueblo es muy positiva. Eso da confianza.

"Ya dije que el cine apunta a la realidad y la prueba se refleja en aquel cine italiano de los setenta que se adelantaba a veces a los hechos y a las sentencias judiciales. Hoy, la realidad es otra; el cine es otro. Sostengo no obstante que este ministro debería hacer más aportes para crear una suerte de instituto fílmico como el British Film Institute (Londres), que fomente la memoria de la imagen. Hay que conseguir que las cinematecas del mundo dejen de ser museos y vitrinas muertas para convertir sus reservorios en espacios públicos de difusión, consulta y enseñanza desinteresada, que sean instituciones de puertas abiertas."

Tras señalar que la banda sonora de "Besieged", múltiple y rica en contenidos y en metáforas auditivas, es producto de una idea suya que rigió inclusive la escritura del guión como una "precedencia" de los acontecimientos narrados, no podemos dejar de preguntarle sobre el sentido del final, que no vamos a contar aquí porque tiene desarrollo propio y todo sucede en cien segundos. "Está abierto a la interpretación del espectador", establece con aire misterioso, "abierto, pero no en el Limbo: hay que interpretarlo desde las posiciones de la cámara, a partir de la luz de un amanecer y por medio del sonido de un timbre que se escucha. Un sonido, no una palabra".

Bertolucci mira hacia arriba como enfocando su calva larga, todavía juvenil, y sonríe, satisfecho de que se ha propuesto jugar a ser el maestro y lo ha logrado.

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