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Del subsuelo a las calles de Bucarest

Es la ópera prima de Marco Pontecorvo, rodada en Rumania, que recibió el premio del público en Mar del Plata
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6 de mayo de 2009  

Hijo de Gillo Pontecorvo, Marco Pontecorvo tiene 42 años. Se inició muy joven, como director de fotografía, y por años trabajó en cine publicitario y para otros cineastas, tales los casos de Francesco Rosi, Franco Battiato, Richard Loncraine y nada menos que Michelangelo Antonioni, a quien asistió en su último trabajo (el episodio The Dangerous Thread of Things, de Eros ). En 2003 debutó como realizador con el premiado corto Ore 2, calma piatta , con John Turturro, y cinco año más tarde con Pa-ra-da , largometraje que mañana estrenará Primer Plano, con el que participó en el último Festival de Venecia y poco después en el de Mar del Plata, donde recibió el premio del público.

Sin ser un documental, pero con mucho del lenguaje del género que da testimonio puro y duro de la realidad (como la reciente Gomorra , de Mateo Garrone), Pa-ra-da toma la verdadera historia del payaso argelino Miloud Oukili -interpretado por Jalil Lespert- con el grupo circense del título, conformado por los boskettari (chicos de la calle, desamparados o fugados de orfanatos, con pasado de pedofilia y drogas, que sobreviven a fuerza del pillaje, limosna y prostitución callejera en los subsuelos de Bucarest). El conjunto vive refugiado en las cloacas de la ciudad capital de una Rumania que aún hoy sigue pidiendo a gritos una mano solidaria que pueda devolver a niños y jóvenes algo del futuro arrebatado por la opresión y sus consecuencias trágicas.

La película de Pontecorvo recrea la historia del joven Miloud desde su llegada a Rumania, a principios de la década del 90, tres años después del final de la dictadura de Nicolae Ceaucescu, y la tarea que lo obsesionó apenas conoció a los sobrevivientes de aquella ciudad devastada.

Apellido ilustre

"Gillio fue quien me inspiró amor por el cine y las historias comprometidas con su tiempo", dijo Pontecorvo a propósito de su padre, autor de obras como La batalla de Argelia y Queimada! , entre otras, en diálogo con LA NACION, a su paso por la muestra marplatense en la que supo ganarse, en forma genuina, el respeto de un público que pocas veces encuentra en la pantalla historias tan conmovedoras y movilizadoras como ésta. "A pesar de que mucha gente antes de ver mi película cree que se trata de un documental, no fue mi intención dar testimonio fiel de la realidad con una cámara furtiva, sino aprovechar algunos de los recursos de ese género para dar espontaneidad y, en consecuencia, credibilidad, a la historia de este personaje tan singular", explicó. "Cuando en 2002 la compañía de Miloud llegó a Italia, tuve la idea de hacer algo con su historia. Averigüé cuándo se marchaba a Bucarest y me ofrecí para llevarlo en mi automóvil hasta el aeropuerto y aprovechar el trayecto para hablar de mi proyecto", recordó. "Más tarde viajé a Rumania para completar mi idea de guión, recorrer esos túneles malolientes donde intentan sobrevivir miles de niños y donde este hombre se metió para devolverlos al lugar del que habían sido despojados", aseguró. "Mi película intenta ser un reflejo de la esperanza que volvió a esos niños por obra de ese payaso callejero, y cómo él descubrió que sólo una vez que estás con ellos, dejando de lado cualquier prejuicio, se puede terminar para siempre con las diferencias", concluyó.

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