Con Ricci, la Filarmónica estuvo en su mejor nivel

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1 de octubre de 1998  

Conciertos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigidos por Enrique Ricci. Primer programa, con la participación del Coro Lagún Onak (dirección: Mario de Rose) y los cantantes Ana María González, Virginia Correa Dupuy, Eduardo Ayas y Luis Gaeta. Obras: "Tiento del primer tono y batalla imperial", de Cristóbal Halffter, "Siete canciones españolas" (orquestación de Luciano Berio) y "Goyescas", drama lírico de Enrique Granados. Segundo programa: "La noche de los mayas", de Silvestre Revueltas; Concierto Nº 1 en Re bemol mayor Op. 10, de Prokofiev (solista: Horacio Azcárate); "Tangazo", de Piazzolla, y "Francesca da Rimini", obertura-fantasía Op. 32, de Tchaikovsky. En el Teatro Colón.

Con un programa original de compositores españoles, la Orquesta Filarmónica, con coro y voces solistas, se presentó el pianista y director argentino Enrique Ricci, radicado desde hace varios años en España. Programa y dirección, en este y en el siguiente concierto, confirieron a las audiciones una tonicidad sonora y musical que últimamente se extrañaba en la orquesta de Buenos Aires, y en obras pocas veces oídas quizá por su complejo ensamblaje sonoro.

Cierto es que la presencia vocal y coral de destacados elementos confirió, además, en la primera oportunidad, particular atractivo tratándose de "Goyescas", de Granados, por largo tiempo ausente de la escena lírica, y de las "Siete canciones españolas", de Manuel de Falla, en versión orquestal de Luciano Berio, y en calidad de estreno local.

Pero no menor fue el interés suscitado por "Tiento del primer tono y batalla imperial", de Cristóbal Halffter, con un lenguaje sonoro muy original, de gran brillo y expresividad.

Cristóbal Halffter va del tiento , forma instrumental de los siglos XVI y XVII españoles, a las sonoridades masivas de la batalla, forma musical cultivada por la tradición organística peninsular.

La obra fue compuesta en 1986 y está basada en dos composiciones para órgano y un tiento, de Cabezón, y en la "Batalla imperial" de Cabanilles. A partir de temas lineales ejecutados por las cuerdas, la textura se va densificando hasta alcanzar sonoridades masivas. El pasado musical español es abordado aquí desde un contexto auditivo actual y llega a emplear enormes clusters , de ejecución libre, gestando un intenso clímax sonoro de dimensiones épicas. La Filarmónica ejecutó esta obra con gran ajuste, equilibrio dinámico y excelente desempeño de los bronces y la percusión.

Las "Siete canciones populares españolas" que se escucharon a continuación, en una excelente versión para orquesta, tuvieron un condigno correlato en la voz de Virginia Correa Dupuy.

Enmarcada en una historia de amor y celos del siglo XVIII, "Goyescas", o "Los majos enamorados", drama lírico en tres cuadros, construida sobre una colección homónima de piezas pianísticas y sobre poemas de Fernando Periquet, es la obra más bella y significativa de Granados.

Por la pintura de ambientes y las pasiones que agitan a los personajes aludidos por Goya en sus telas, el objetivo estético del compositor estuvo en gran parte logrado.

La versión de concierto, ofrecida en esta oportunidad, tornó más visible el espíritu de la concepción inicial; tuvo una notoria presencia coral, amplia y competente, asumida por el Coro Lagún Onak, y sus cuatro voces solistas asumieron bien sus responsabilidades individuales, si bien resultaron desparejas en el rendimiento conjunto.

La dirección fue precisa y segura en ritmos y acentos -muy atinada y expresiva en el famoso primer Intermezzo-, coadyuvando a la labor de los cantantes solistas, que en el caso de Gaeta (Paquiro) fue excelente en la emisión, el timbre y el carácter; en el de Ayas (Fernando), salvo el caudal, hubo expresiva musicalidad; Ana María González tuvo un buen desempeño en el canto conjunto, especialmente, en el Dúo de Amor en la Rejal; Correa Dupuy (Pepa) exhibió su firme y afinada emisión.

El segundo concierto de la Filarmónica tuvo momentos empinados en cuanto a rendimiento orquestal en obras de genuino fuste sinfónico y difícil ensamblaje. Primero, fue con "La noche de los mayas", del mexicano Silvestre Revueltas, cuyo título denomina a la primera de sus tres partes programáticas.

El discurso de Revueltas, rico en colorido y timbres instrumentales, trajo en la versión la presencia viviente de la música popular y folklórica mexicana, su "realismo mestizo" con la fuerza del rito y el misterio. Lo que da carácter indeleble a este tríptico musical es el ritmo y la estructura métrica, rasgos fundamentales que Ricci y los integrantes de la Filarmónica supieron destacar.

El Concierto Nº 1 para piano, de Prokofiev, tuvo como solista al pianista argentino Horacio Azcárate, quien asumió con pulcritud efectiva y musicalidad el discurso del compositor ruso, aunque sin lograr plenamente el brillo que su ejecución virtuosística requiere. Azcárate cuidó, empero, el color y aun los mínimos detalles de la ejecución, en los tres movimientos, en el último de los cuales ( Allegro scherzando ) se resintió un tanto el balance sonoro.

No fue feliz la versión que los intérpretes ofrecieron del "Tangazo", de Piazzolla, en parte por la falta de intensidad del lento y grave movimiento inicial.

Pero,ciertamente, fue la excepcional obertura fantasía "Francesca da Rimini", de Tchaicovsky, lo que compensó al oyente de tal desazón. Las superposiciones rítmicas y la tumultuosa pasión evocada alcanzaron niveles superiores. Finalmente, la intensificación paulatina y creciente del tema final dejó la impresión de una potencia orquestal equilibrada y la fuerza interpretativa privativa de las mejores batutas.

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