Suscriptor digital

El Teatro Verdi, un gran milagro cañadense

Pola Suárez Urtubey
(0)
21 de mayo de 2009  

Pasé un día entero con la lectura de un libro de Gerardo Alvarez, abogado nacido en Cañada de Gómez, que nunca ejerció su profesión porque se dejó llevar por su pasión por la investigación histórica, en particular la de la inmigración en la "Pampa gringa", y la dirección del Museo Histórico de su ciudad natal. El Verdi , tal el título del libro, abarca los 83 años del cine-teatro cañadense cuya historia se despliega con asombrosa vivacidad. Así nos enteramos de que fue inaugurado el 14 de febrero de 1925 con Il trovatore , elección inmejorable para honrar al músico que simboliza un caso de genialidad creadora y de energía patriótica.

Nos deslumbran algunos detalles, como el hecho de haberse dado en pocos días de aquel caluroso febrero cinco títulos líricos, ante una audiencia que veía por vez primera una ópera. Es que se actuaba a cielo abierto, por la posibilidad de correr la parte central del techo. Alvarez nos transmite la fascinación de aquella Cañada de Gómez hija de la inmigración, con sus calles de tierra y sus sociedades mutualistas, como Unione e Benevolenza, en cuyo seno nació y sigue viviendo el Teatro Verdi.

La apertura estuvo a cargo de la compañía lírica italiana de la que formaba parte la soprano Adelina Agostinelli. Toda una garantía. Luego por allí pasarían desde Eva Duarte hasta Margarita Xirgu, desde Emma Gramatica, Mecha Ortiz y Luis Arata hasta Carlos Gardel, Libertad Lamarque, Luis Sandrini, China Zorrilla o Alfredo Alcón; desde la Orquesta de Juventudes Musicales dirigida por un veinteañero Guillermo Scarabino al Coro de Rosario con Hernández Larguía?

La lectura de El Verdi es a puro goce y emoción como la que transmite en su anéctdota sobre Rigoletto . Ocurrió tres días después de la inauguración, al presentarse la ópera de Verdi,hacia el final, y ya como presagio de la tragedia, Sparafucile, el asesino a sueldo, asegura que "la tempesta è vicina". Lo confirma Maddalena, quien dice "Tuona" a lo que aquel responde: "E pioverà fra poco". Fue la frase fatal, ya que, ante el temor de la tormenta, el público en su totalidad salió a la calle, donde habían quedado los sulkis cargados con bolsas de harina y otras mercaderías para el campo. Por única vez en la historia de Rigoletto , Gilda se salva y la temida maledizione ¡no se cumple!

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?