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Cuando no hay función, hay gran banquete

Los miércoles, el actor se pone el delantal y cocina para sus amigos
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30 de mayo de 2009  

  • El aroma a cebollas salteadas inunda el palier del departamento de Víctor Laplace, y hasta el encargado tiene ganas de ir a tocar timbre, pero sólo un grupo de comensales va con entrada en mano. Porque hoy es miércoles, día en el que no hay función de Tango turco en el Cervantes, y entre cacerolas, cuchillos y tablas el actor improvisa un escenario distinto para su otra gran pasión, la cocina, esta vez ante un público meramente gustativo.
  • Otra receta infalible es la sopa mexicana, herencia de los años que vivió exiliado en el país azteca durante la última dictadura argentina. "Corto cáscaras de limón, naranja y pomelo, muy finitas, y las dejo hirviendo. Después agrego una salsa de ajo y cebolla con caldo de verdura, cilantro y chiles –revela el actor–. Me gusta condimentar, pero uso sal, ajo, pimienta y no mucho más. A veces perejil, cilantro, orégano... Me encanta la albahaca."
  • Descendiente de franceses y vascos, el actor desmiente el mito del refinamiento culinario en aquellas regiones de Europa. "La comidas vasca y francesa no son muy complicadas. Son básicamente salsitas, con cebolla y ajo, y por ahí me muevo –explica–. Combino salsas y a menudo hago algunas fuertes, como la putanesca. Pero no hago florituras raras."
  • Amante de la variedad, Laplace reserva un lugar especial para las comidas agridulces. "Cocino pollo a la naranja, adobado con mostaza y miel. Tiempo atrás hacía pollo a la uva, con pollo salteado, jugo de uva y maní tostado, bien triturado", cuenta. Mientras tanto los comensales toman nota con una mano y devoran el lomito a la Víctor con la otra. "También me gusta hacer brochettes con abadejo y frutas tropicales", expresa y deleita al auditorio, aunque avisa que debe partir y no habrá segunda vuelta.
  • Sin la verborragia de un chef mediático, Laplace resulta tanto más convincente al derramar crema sobre un plato y esbozar una sonrisa. "Empiezo a cocinar y enseguida me dan ganas de comer", confiesa, sin que a nadie le cueste mucho ponerse en su lugar. Después avisa que falta hornear las papas y ya está listo el manjar que lleva su nombre: lomito con cebollas de verdeo a la Víctor. Es su especialidad del momento. "Resulta rico y sencillo –dice–. No tengo el tiempo que desearía, entonces busco algo de cierta elaboración que a la vez sea rápido."
  • De su práctica de yoga, a la que es fiel desde hace más de dos décadas, Víctor dice que le quedó el gusto por platos a base de arroz yamaní y trigo burgol. "Se agrega jengibre picadito, salsa de soja y no hay nada más rico", sonríe. "Me gusta la comida sana. Mucha fruta, arroz y pescado. No mucha carne", agrega.
  • "Mi madre me enseñó a cocinar", cuenta Laplace al recordar su infancia en Tandil. "A ella le salía muy bien la salsa blanca con nuez moscada; los cuatro hermanos nos peleábamos por la olla. También hacía ricos guisos de lentejas. En invierno hacía mucho frío y se comían platos fuertes, por eso me quedó el gusto por la comida sabrosa y los sabores distintivos."
  • "Me encanta ir a la verdulería para elegir fruta y verdura al tacto. Recuerdo esa sensación que tenía de chico, cuando sacábamos lechugas y rabanitos de las quintas. Ahora presentan bien la mercadería, pero no es lo mismo. ¿Serán los colorantes? Incluso cuando voy a Tandil el aroma es otro."
  • Lo que queda definitivamente fuera del menú Laplace son las innovaciones y las minúsculas porciones de la cocina gourmet. "Me gusta la comida nuestra; muero por la milanesa con papas fritas. Soy un clásico –admite–. En el teatro me gusta probar cosas nuevas. Pero en cuanto a comidas, prefiero tener la certeza de ciertos sabores."
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