Acción y aventuras de la mano de los héroes de papel

Gracias a la historieta gauchesca, el público masivo pudo tener contacto con la cultura y la tradición del campo
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13 de junio de 2009  

La historieta gauchesca o criollista tuvo en la Argentina una aparición tardía. Los intentos iniciales corrieron por cuenta de Raúl Roux, pero fue Enrique Rapela quien impuso los primeros éxitos a partir del personaje Cirilo el Audaz, publicado por el diario La Razón en 1939.

Desde entonces otros guionistas y dibujantes se dieron a forjar historias y héroes con pilchas gauchas. Walter Ciocca, con Lindor Covas; Carlos Casalla y Alvarez Cao, con Cabo Savino fueron los más conocidos. Entre los extraordinarios dibujantes habría que agregar a Carlos Roume, y entre los guionistas de talento sobresaliente a Leonardo Wadel y Sergio Almendro.

Es verdad que en buena medida estas creaciones se inspiraron en la cultura estadounidense del cowboy. Lo es tanto como que los artistas mencionados eran profundos conocedores de lo gauchesco y rural, sabían dibujar a la perfección hasta el más pequeño pasto de la pampa, cómo montaba el paisano, su pose, su caballo. Y las historias resultaban genuinamente locales.

Rapela continuó su producción con otros dos personajes memorables: El Huinca, dado a conocer en las páginas de la revista Patoruzito, y Fabián Leyes, que se publicó en La Prensa. No tenían ambos demasiadas diferencias. Eran gauchos errantes en la inmensidad de la pampa -a veces contratados como baquianos o para alguna comisión-, en los años de la vida fortinera, y siempre dispuestos a dar una mano a quien la necesitara, o colaborar con la justicia. Tenían sus respectivos laderos: el de El Huinca era Zenón; el de Leyes, el moreno Amancio. Leyes había seguramente "heredado" del cowboy una singular capacidad, extraña en un gaucho: podía resolver algunas situaciones con eficaces golpes de puño.

Con esta dupla que había ganado lectores entusiastas Rapela lanzó en 1967 la editorial Cielosur. Así El Huinca y Fabián Leyes encabezaron sus respectivas publicaciones, editadas en diversos formatos y tipos de entrega: la revista mensual, el álbum extra, el fascículo de colección.

Rapela incorporó a otros colaboradores, Wadel y Roux, entre ellos. Es que las revistas no sólo tenían las aventuras de los personajes emblemáticos sino otras tales como Lanza Seca (de Roux) y Mapuche (de Almendro y M. A. Desilio). Esta última constituía una verdadera "rectificación" dentro la línea tradicional gauchesca, en la que el indio resultaba inequívocamente denostado. Mapuche era tal vez el primer héroe aborigen dibujado. También aparecían historias sin personaje fijo, en muchos casos recreaciones de anécdotas de la vida de fortín.

El conocimiento de Rapela quedaba manifiesto, además, en la sección "Conozcamos lo nuestro", dedicada a explicar y evocar costumbres y tecnologías tradicionales mediante textos y viñetas. También Roux hacía algo similar con "Cuentos de fogón", en los que referiría episodios de la historia argentina. Y Carlos Magallanes, en otro espacio destacado, realizaba explicaciones y dibujos de los bailes criollos.

En ambas publicaciones se promovía la sección "Crónica de la historia y la leyenda argentina" con aportes de los lectores, a los que se premiaba con dinero y dibujos originales o láminas autografiadas. Así, en la edición 75 de Fabián Leyes se publicó una nota acerca del último malón, aportada por un lector de Huinca Renancó, Córdoba. El copete de presentación de la misma informaba: "¡Aparceros: han sido tantas y tan buenas las colaboraciones recibidas que nuestra criollísima Cielosur Editora resolvió aumentar el importe del premio y obsequiar algo más! ¡Atentos! Desde el número 74 el premio subió a $ 20.000 antiguos y además el feliz ganador recibirá una preciosa lámina autografiada en colores del artista E. Rapela, de su hermosa colección Uniformes Navales Argentinos."

En agosto de 1972, la revista Fabián Leyes debió anunciar un aumento de su precio por el elevado costo del papel. A cambio, ofreció la nueva sección "Del Archivo de Fabián Leyes", con fotografías testimoniales y sus epígrafes.

Lo nativista

Las revistas tuvieron gran aceptación en sus primeros años. No las ayudaba una tendencia general declinante en la circulación de este tipo de publicaciones, pero sí el clima favorable de lo nativista. En los años sesenta e inicios de los setenta, el folklore vivía tiempos de oro con el afianzamiento de intérpretes como Los Chalchaleros, Los Cantores de Quilla Huasi, Horacio Guarany, Eduardo Falú y el auge de festivales y peñas. En las contratapas de las revistas hay un elocuente testimonio: la publicidad del Rancho de Fernando Ochoa, con fotos de los artistas que allí se presentaban y el mensaje "Pase una noche gaucha con canciones, danzas y poesías".

Rapela -tan talentoso como incansable- falleció en 1978, pero las publicaciones subsistieron una década más. Sin embargo, era evidente que se trataba del canto del cisne de las revistas de historieta de alta circulación, algo que se definió en la década del ochenta. También se perdía, en ese momento, el interés que el cine y la radio habían manifestado por la temática criollista.

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