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Joshua Bell: "Soy un poco anticuado"

El músico dice que prefiere los compositores antiguos a los modernos, recuerda al Colón y habla de la tecnología
Pablo Gianera
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16 de junio de 2009  

Más que cualquiera de los héroes que su instrumento tuvo en el siglo XX, el modelo de Joshua Bell parece ser, sin más, Paganini. No, desde ya, en términos de interpretación, sino como modelo en la construcción de su figura de violinista, en el sentido de que cualquier repertorio debe rendirse ante el instrumento y ante quien lo toca, tal como puede escucharse en el disco Romance of the Violin (editado, como todos los suyos, por el sello Sony en 2003), en el que el prodigioso Bell traslada al violín desde arias de ópera italiana hasta el "Träumerei", de Robert Schumann.

Un año después de su última visita, Bell y su Stradivarius volverán a presentarse en Buenos Aires, esta noche en el teatro Coliseo, como parte de la temporada de Nuova Harmonia. "Lo pasé muy bien el año pasado y también la primera vez", explica el violinista desde Nueva York. "Hace unos años, toqué en el Teatro Colón y me enamoré de la ciudad." Como casi todo músico que tocó alguna vez allí, Bell se preocupa por el destino del Colón. "Ignoro los detalles. Sé que hubo un retraso en la reapertura. Tal vez usted pueda contarme algo." Después de hacerle notar que semejante explicación no se ajustaría a una conversación telefónica y demandaría más tiempo del que disponemos, Bell parece resignado: "Bueno, espero que se reabra pronto. Es una de las grandes salas del mundo, la primera elección para cualquier artista. Todos conocen el Colón".

Acompañado por el pianista Frédéric Chiu, tocará la Sonata nº 4 en La menor, op. 23, de Beethoven, la Sonata nº 3 en Re menor, op. 108, de Brahms, la Sonata nº 2 , op. 27, de Eugène Ysaÿe, y la Sonata en La mayor , de César Franck. Se trata de un programa que, lejos en esta ocasión del mero virtuosismo, constituye un núcleo posible del repertorio para violín y piano. "Son, además, piezas relativamente populares, aunque la sonata de Beethoven no se toca tan seguido", comenta el violinista. "Me parece que Beethoven y Brahms van muy bien juntos en la primera parte. Por otro lado, yo quería tocar algo de Ysaÿe, porque sus obras son importantes en el repertorio para violín, y porque fue maestro de mi maestro, Josef Gingold. Hay muchas maneras de armar un programa. Este no tiene nada particularmente contemporáneo. En fin, es imposible tocar todo en un solo concierto."

Cuando se le pregunta por su manera de abordar Beethoven, Bell toma distancia de las corrientes historicistas. "Autenticidad... ¿quién sabe qué significa eso realmente? En el plan de Beethoven no existe una interpretación auténtica. Se tocaba la música de la manera en que se la sentía. Vivimos un período interesante que se preocupa por la interpretación auténtica y los instrumentos de época. Es un movimiento muy importante en términos históricos y, en algunos aspectos, me influyó, pero yo no pienso de esa manera. Me parece que es un peligro ser demasiado consciente de estas cuestiones históricas.

-Tengo entendido que tiene cierta predilección por la tecnología, las computadoras y los gadgets. ¿Cómo evalúa la circulación de la música clásica en esta era?

-La tecnología está colaborando más que nunca con la distribución y la circulación de la música clásica. Tenemos acceso a todo tipo de música. Vamos a la computadora y bajamos lo que se nos ocurre. Voy a iTunes, tengo enseguida lo que quiero y después me lo llevo en mi iPhone mientras viajo en subterráneo. La verdad es que todo eso me entusiasma mucho. Además, podemos transmitir conciertos enteros por Internet.

-Tal vez, pueda pensarse en un renacimiento de los conciertos, en oposición al trabajo de estudio.

-Sí, es muy probable. La idea de la música grabada está cambiando y tenemos cada vez más conciertos en vivo, en lugar de música grabada y producida en el estudio. Sin ir más lejos, algunos de mis últimos discos [por ejemplo, el que incluye el concierto de Tchaikovsky, con la Filarmónica de Berlín] fueron grabados en vivo. Me gusta más.

-Hace unos días, murió el compositor inglés Nicholas Maw, que le dedicó a usted su Concierto para violín y orquesta. ¿Qué recuerdo tiene de esa colaboración?

-Me resulta difícil hablar ahora de Maw. Tenía tanto para decir que, por lo general, sus obras eran muy extensas. Realmente, me gusta mucho su música. Es muy sincera, muy concentrada, muy profunda. Como usted dice, colaboré con él en su Concierto para violín . Fue él quien me eligió. Me apena no tocar más frecuentemente su música, pero piezas de ese tipo son difíciles de programar por su extensión y porque son muy complejas. Por otra parte, era la primera vez que trabajaba con un compositor y aprendí muchísimo.

-Las grandes formas de Maw y la tentativa de restaurar, de algún modo, el lenguaje tonal conmueven porque parecen un gesto intempestivo.

-Bueno, por mi parte, siempre gravité en torno a la tonalidad. Me gustan más los compositores antiguos que los modernos porque tienden a ser más melódicos. Quiero decir: soy un poco anticuado.

Para agendar

Concierto de Joshua Bell, con el pianista Frédéric Chiu, para Nuova Harmonia.

Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125. Hoy, a las 20.30.

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