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Como el agua de un arroyo

Bajo la forma de una novela epistolar amorosa, De A para X , el nuevo libro del narrador y crítico inglés John Berger, insinúa en realidad un tratado sobre micropolítica, un grito de rebelión intimista, una crónica de época y, especialmente, el autorretrato de una mente privilegiada
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20 de junio de 2009  

De A para X

Por John Berger

Alfaguara

Trad.: Pilar Vázquez

202 Páginas

$ 49

"Si los hombres han sacrificado ideales y vida por la fabricación de un vehículo, toma dicho vehículo para huir de los cadáveres y acercarte a los ideales." La expresión, que pertenece a Karl Kraus, bien podría levantarse como una insignia sobre la primera página de este nuevo libro de John Berger, y sobre cualquiera de los muchos que este narrador y crítico de arte inglés lleva publicados hasta la fecha. Cuando escribe sobre pintura, cuando opina sobre el statu quo o cuando narra el sufrimiento de los excluidos del sistema como lo hizo en la sustancial trilogía De sus fatigas, que comprende Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag, Berger es un escritor que enaltece la dignidad de la vida como un bien supremo, por encima de cualquier ortodoxia ideológica y a contrapelo de una época en la que el desaliento y la apatía moral son moneda común.

Ello se debe quizás a que Berger no es un intelectual comprometido con todos los laureles, ni uno de esos partisanos de traje y corbata que lanzan sus arengas contra la injusticia social desde los atrios mullidos del PEN Club y luego vuelven a su residencia de campo a empollar la gran obra. En cada una de las causas que defiende, en cada uno de los males que denuncia, Berger es un escritor que rehúye las fórmulas maximalistas; sostiene un doble compromiso -ético y estético- pero situándose siempre en el centro del ring, con los pies bien plantados sobre la tierra. Lúcidamente, ha sabido mantenerse a distancia tanto del nihilismo como del populismo, las dos "soluciones" más trajinadas -que conducen, al fin y al cabo, a un callejón sin salida- cuando hay que pensar en los términos de una "literatura comprometida". En verdad, Berger nunca se ha sometido a ningún programa dogmático, nunca se ha contentado con expedir soluciones fáciles y mentirosas, sino que, acaso, ha querido tan sólo indicar que existen múltiples -y muchas veces imperceptibles- formas de resistencia frente a la barbarie desmedida que impulsa el capitalismo global.

De A para X trata justamente de eso, de la escritura y el amor (y quizá, también, ¿por qué no?, de la escritura amorosa) como una forma oblicua pero tenaz de la resistencia, entendida no ya como una fuerza reactiva o una revolución modesta, sino como un modo dinámico de participar y manifestarse en los pequeños y grandes acontecimientos de la época que nos ha tocado vivir. En cada una de las cartas que A´ida envía a la cárcel donde su amado Xavier cumple una condena por insurrección, se perfila un relato amoroso que se entrelaza con un ensayo vívido y rigurosamente documentado sobre esa vasta penitenciaría informática en la que se ha convertido el mundo actual. De hecho, en el reverso de las cartas, las respuestas de Xavier no son las efusivas y previsibles palabras de un enamorado sino las interpelaciones y proclamas políticas de un revolucionario cuyo modo de pensar y de expresarse evoca de inmediato las románticas -y por momentos, casi rulfianas- alocuciones del subcomandante Marcos, el líder y portavoz del grupo armado indígena mexicano denominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional, figura con la cual Berger se ha identificado ideológica y literariamente en más de una ocasión.

En la orilla opuesta de la negatividad sartreana, los personajes de Berger suelen estar exentos de mala fe y suelen también dejarse llevar en andas por la esperanza y la ternura, aun en las condiciones más adversas. Ello se debe quizás a que no pasan de ser una proyección de las buenas intenciones de su creador o a que, en el fondo, no son personajes en el sentido tradicional, sino más bien voces que buscan intercambiar señales afectivas u opiniones personales sobre el mundo. En este sentido, podría decirse que De A para X es algo más que "una historia en cartas", como reza el subtítulo. Es un tratado sobre micropolítica, un poema epistolar, un grito de rebelión intimista, una crónica de época, o todas esas cosas juntas. Sin embargo, ante todo es el autorretrato de una mente privilegiada, que siempre permanece alerta a los acontecimientos de la contemporaneidad y que sabe, también, cuando es necesario, situarse más allá de las contingencias.

Pese a que buena parte de su obra ensayística y narrativa bordea las ingenuidades de un catecismo utopizante, John Berger entiende que la única obligación de un escritor es escribir bien, esto es: escribir de acuerdo a una sensibilidad particular y una visión del mundo que muchas veces entra en contradicción con la propia ideología y con la experiencia común. Es lo que el autor ha definido, a lo largo de sus muchas páginas consagradas a las artes visuales, como un "modo de ver", un concepto que funciona como una categoría estética y que evidencia a la vez esa inusual maestría -tan suya- para disolverse y encontrarse en los desamparados y los insurgentes; un modo de ver que es también una capacidad profundamente humana para establecer un diálogo introspectivo con cada uno de sus lectores, en un lenguaje diáfano y terso como el agua de un arroyo.

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