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Adiós a un maestro del gran café del tango

El músico falleció anteayer; tenía 79 años
Mauro Apicella
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24 de junio de 2009  

Tras varios días internado por un infarto del que no se pudo recuperar, el pianista y compositor Emilio de la Peña falleció anteayer. Tenía 79 años.

De la Peña venía sufriendo una cardiopatía, pero contrarrestaba sus males con muchos proyectos. Una semana antes del infarto había compartido una larga charla con LA NACION en la que hizo un repaso de su vida y habló de todo lo que quería hacer. Hace casi un lustro había participado en el proyecto Café de los Maestros , el último año había sido homenajeado por sus pares con un concierto en el teatro Roma de Avellaneda y distinguido como Personalidad destacada de la Cultura por el gobierno porteño. Tenía pendientes para el próximo mes varias actuaciones como solista y con su trío, y para agosto un concierto en el próximo festival de Tango de Buenos Aires. Además, no perdía las esperanzas: pensaba que alguna compañía discográfica se interesaría en un nuevo CD que tenía grabado, pero que no tenía recursos para publicar de manera independiente.

Aquella mañana había llegado al local de música en vivo y disquería de Callao y Marcelo T. de Alvear con ganas de charlar y de tocar el piano; había traído toda su sencillez y la historia del tipo que había comenzado a tocar tango de joven, en la orquesta de su padre, pero que quizá por un nivel de autoexigencia demasiado alto luego se recluyó en su taller industrial y puso a la música en segundo plano.

Tuvieron que pasar muchos años hasta que otro gran músico, Manolo Juárez, lo descubriera y, desde entonces, muchos notaran su talento como pianista y especialmente como armonizador. Porque hay que destacar que De la Peña fue toda una autoridad en este aspecto

y ha dejado métodos y teorías para sus alumnos. Y a pesar de que fue un gran admirador de Bill Evans, llamarlo "el Evans del tango" no es lo más justo, ya que había encontrado un modo propio para la música popular argentina, especialmente para el tango. Temas compuestos por él, como "Réquiem para los que viven", de homenaje a Piazzolla, dan cuenta de esto. De la Peña era un "tapado" que terminó siendo muy reconocido por el ambiente musical local y elogiado en el exterior por colegas como Teté Montoliú, y que será recordado como un artista de culto.

Aquella mañana, para esa charla con un cronista de este suplemento, Emilio traía su trayectoria de "tornero que toca el piano" –así lo había presentado una vez Manolo Juárez– y su humildad. Sólo después de un rato de conversación dejó de lado esa humildad y se mostró apenado porque nadie reeditaba sus discos.

Empezó a grabar a los 60 años. Publicó Tango New Expression; Así de simple, con Oscar Alem; Virgilio está de gira y Este tango es otra historia. Y le quedó un buen repertorio compuesto junto con el poeta Hamlet Lima Quintana y una serie de temas de homenaje a varios artistas que no pudo agrupar en un CD.

"Están reeditando cosas que no hablan de la dignidad musical. Lo que no deja plata no se reedita. La música y el espectáculo son cosas distintas. Yo jamás podría tocar tirando humo por debajo del piano. El espectáculo no tiene nada que ver con el arte musical. Es otro arte", decía.

A sus casi 80 años Emilio tenía una idea bien pulida de lo que quería y lo que no. Lo que no dejaba de sorprenderlo era la música en sí. "Tengo una pequeña tesis que estoy practicando con los alumnos. Me está dando resultado. No voy a modificar las técnicas armónicas de la música, pero se me ocurre que puedo aportar alguna cosa luego de 60 años arriba de esto", contaba un rato después de sentarse al piano de esta sala de Callao, para posar para el fotógrafo y tocar algunos tangos o convertir una milonga en una especie de invención a dos voces.

Pianista y tornero

Durante esa entrevista se le preguntó para qué cosas tenía apuro y para cuales no. "Apuro tengo siempre. Nací apurado –contestó–. Lo que pasa es que uno va caminando según la pendiente que tiene adelante. Antes era más empinada; ahora no tanto porque tengo quien me ayude", decía mientras observaba a Mariana Pellegrino, que fue su manager y la que lo puso nuevamente en la escena.

¿De la Peña siempre pensó que era un tornero que tocaba el piano? "Sí, porque quiero la tornería y la industria –explicaba–. Con la música se unen en un punto que es la creación. Yo nunca copié máquinas, siempre las diseñé. Es una facilidad que quisiera tener también para la música."

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