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Vicisitudes de un matrimonio en pugna

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25 de junio de 2009  

Batalla de arroz en un ring para dos. De Mauro Rasi. Dirección de Alejandro Ullua. Con Nacho Gadano y Mónica Salvador. Música original y banda sonora: Martín Bianchedi. Diseño de iluminación: Marcos Pastorino. Diseño de vestuario: Mini Zuccheri. En el Tabaris, Corrientes 829. Duración: 80 minutos.

Nuestra opinión: buena

El deseo de que nos vaya bien en una relación amorosa es tan universal que, desde los tiempos de Adán y Eva, cualquier dramaturgo que haya decidido a hurgar en ese mundo se ha asegurado una alta cuota de curiosidad del público. Porque, de alguna manera, ir a ver una obra de teatro donde se habla de la intimidad de dos personas es como ir a cotejar qué hay de parecido entre lo que pasa en el escenario y lo que vivimos en la realidad de nuestras parejas, tal vez en algún caso con la vana esperanza de encontrar allí una fórmula sabia sobre las pasiones.

Casi todos sabemos, sin embargo, que ni aun en el teatro se consiguen métodos infalibles para alcanzar la felicidad en una relación, porque el corazón danza el baile de su propio fuego y cada vínculo se atornilla sobre bases que a veces hasta los propios protagonistas desconocen. Lo que sí la humanidad ha aprendido a puro golpe de experiencia -y el teatro ha contribuido con su grano de arena a ese conocimiento- es que ciertas conductas o sentimientos llevan casi inevitablemente a la destrucción de las parejas. Nos referimos a los celos patológicos, el egoísmo a ultranza, la violencia o el desprecio por el otro.

Apoyándose en esta verdad, y proponiéndose un claro tono de comedia, el autor brasileño Mauro Rasi -bien traducido y adaptado por Mónica Mayer- elabora un introito y cuatro sketchs en los que satiriza, a veces hasta el delirio, estos comportamientos, mostrando su lugar más ridículo o patético. Los diálogos son fluidos y están construidos sobre observaciones de una gracia filosa, que ayudan a pensar porque los caracteres descritos están bien captados. No son meras ocurrencias vacías.

Las vicisitudes que se cuentan en esta pieza logran un desarrollo de mucha efectividad, sobre todo por el histrionismo de Mónica Salvador, cuyas composiciones en la introducción y los cuatro sketchs transmiten una gran frescura. El de mayor impacto es el último, donde Alejandro Ullua consigue mediante la utilización de un fragmento de Madama Butterfly una resolución hilarante pero en el borde de lo sobrecogedor. Gadano comienza sin demasiado punch la caracterización de un marido celoso, pero luego crece y se nivela a su partener.

La puesta de Ullua no utiliza escenografía, sino que juega con algunos objetos y en especial con una iluminación donde la transición de los colores va provocando los climas necesarios. Es acertada también su dirección de actores. Por último, hay que destacar el muy sugerente vestuario de Mini Zuccheri.

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