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"La pasión es fundamental en periodismo"

El periodista de CNN en Español cumple veinte años en la cadena y cuenta cómo es trabajar allí
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28 de junio de 2009  

La presentación de la beca Turner 2009 que otorga CNN en Español y Turner Internacional Argentina a un estudiante de periodismo argentino fue la excusa que trajo a José Levy al país, a principios de junio. Este reconocido periodista cumple 20 años en esa cadena de noticias y dedicó su corta estada en Buenos Aires a visitar varias universidades de periodismo y de comunicación para dar a conocer ese programa de prácticas profesionales.

A primera vista, su gran estatura es su rasgo más distintivo, algo inimaginable cuando se ve en la pantalla de televisión. Este periodista, que fue testigo de acontecimientos como la caída del Muro de Berlín o la muerte del papa Juan Pablo II, se define como un periodista africano y europeo, porque nació en Melilla, enclave español al norte del continente africano. Pero esos dos adjetivos gentilicios no le alcanzan para terminar de definirse; también se siente asiático, ya que hace al menos dos décadas que vive en Israel, y americano, por su larga trayectoria en la cadena norteamericana CNN en Español. Así es como se describe en el libro que presentará dentro de pocos meses y en el que hace un racconto de las experiencias que vivió en los últimos veinte años.

A pesar de lo lejos que ha llegado no puede ocultar cuánto añora su entrañable Melilla, donde vivió con su padre, un abogado y hombre de negocios; su madre, ama de casa, y sus dos hermanos. Sueña con anunciar la paz en Medio Oriente y cuenta que el periodismo se convirtió en su pasión, pasión que descubrió casi por casualidad; Levy era un biólogo decidido a encontrar la cura contra el cáncer.

-¿Cómo pasó de la biología al periodismo?

- Cuando era joven soñaba con ser investigador del cáncer y terminar con esa lacra. Todos mis caminos estaban decididos con esa intención. Estudié tres años en Barcelona y mi única opción para convertirme en científico era ir a Israel. En Barcelona, la ciencia a alto nivel era casi inalcanzable. Mis padres tampoco tenían la posibilidad de enviarme a Estados Unidos, a Inglaterra o a otro centro importante, y como soy judío obtuve una beca en Israel. Me trasladé para allá, a la Universidad Hebrea de Jerusalem. Pero un día, en medio de mi doctorado, cuando volvía del laboratorio a casa, se me encendió la lucecita y se me ocurrió que podía escribir para ganar un poco más de dinero y así poder invitar un café a mi mujer. Cuando vino mi padre a Israel, su primera reacción fue: "¿Tú? ¿Periodista?" Me imaginaba con bata, experimentando con ratones de laboratorio. Llevaba diez años de mi vida dedicados a la biología. Luego le encantó que fuera periodista, pero al principio se le hizo muy raro.

-¿Fue un cambio muy difícil?

- De pronto estaba en medio del laboratorio, dejaba las células incubando con algún anticuerpo y me iba rápidamente a enviar por la radio algún informe de última hora. Fue muy complicado terminar el doctorado, tenía diez años de trabajo y debía escribir mi tesis, y hacerlo hablando de Yasser Arafat a la mañana y, por las noches, escribir sobre los linfocitos T y los receptores E. Era muy extraño. Pero mi mujer me obligó, me dijo que tenía obtener mi doctorado. Me costó, pero lo hice. Ya abandoné totalmente la biología, porque aparte de descubrir mi vocación también había un aspecto muy importante que era que para mí la biología se había convertido en una verdadera pesadilla.

-¿Por qué se volvió una pesadilla?

-Empecé biología porque me gustaba el tema del cáncer y porque amaba a los animales, pero me encontré con la terrible realidad de tener que matar todos los días ratones con mis manos, hacer verdaderas salvajadas, inyectarles células cancerígenas. En fin, una cantidad de cosas terribles que iban en contra de mi esencia. Me justificaba diciendo: "Si matas a un millón de ratones para salvar a un niño está justificado". Hoy no sé si soy quién para hacer ese juicio de valor. La cuestión es que eso era muy frustrante.

-¿Cómo fue el camino de su preparación periodística?

-Empecé escribiendo para la revista Tiempo de España. En el número 55 salió mi primer artículo periodístico. Era sobre la decisión del gobierno israelí de retirar sus tropas del sur del Líbano. Pasé muy rápidamente de la prensa escrita a la televisión. Tenía que ver con un tema de oferta y demanda; sólo había un periodista de la agencia EFE en Israel. Además, cuando los medios comenzaron a ver mi firma en las notas empezaron a llamarme, primero para una radio y, al poco tiempo, para la televisión SIN (Spanish Independent Network), que luego se transformó en Univisión en Estados Unidos. En SIN tuve a mi profesor de periodismo, Emilio López Méndez, que falleció. Cada día se ponía al teléfono, a veces horas, para poder explicarme. Yo era especialmente duro. Me decía: "José no tienes ni idea. Esto no lo puedo cubrir, son temas muy políticos. Para la prensa escrita es fabuloso, pero para la televisión eso no vale". Se desesperaba, pero fue clave para mi cambio porque, a pesar de que se desesperaba, seguía. Era muy crítico y tenía una capacidad didáctica muy buena. Así fue como aprendí periodismo..., por teléfono.

-¿Cómo fue su traspaso a CNN en Español?

-Al principio, el canal suplía las noticias a Telemundo. Empecé ahí y cubrí la caída del Muro de Berlín. Por el hecho de estar en ese hemisferio me pudieron enviar para el fin de la Unión Soviética, la primera y la segunda Guerra del Golfo, el conflicto árabe-israelí, los viajes, la hospitalización y muerte de Juan Pablo II, la elección de Benedicto VI y su visita a Israel, todo lo que han sido desastres naturales en Turquía, Grecia, la subida de la ultraderecha en Austria, los atentados en Madrid, Londres, Turquía, Egipto, Jordania. Hacerlo dentro de CNN en Español permite cubrir las noticias de una forma más completa, aunque quizá las posibilidades sean mayores dentro de una cadena como CNN en Inglés, que está presente en casi todos los lugares del mundo. Pero cuando empecé las cosas eran muy diferentes. Me acuerdo cuando llegué a Berlín hace veinte años. Estaba al lado del Muro y veía camiones enormes de CBS, ABC y pregunté dónde estaba el camión de CNN en Español, y me señalaron una tienda de campaña chiquitita. Viví el cambio dentro de la cadena, que pasó de ser una televisión pequeña a ser lo que es hoy. Incluso, despertaba muchas ironías porque no se creía que la visión de Ted Turner pudiera tener éxito.

-¿Cuál es esa visión y por qué pensaban que no sería exitosa?

-La gente estaba acostumbrada a escuchar noticias a determinadas horas del día, centradas en la noticia local, mientras que la nueva visión consistía en transmitir desde todo el mundo a todo el mundo, todo el tiempo. No se creía que podía tener éxito hasta que vino la primera Guerra del Golfo, en la que se pudo seguir el conflicto en directo. A partir de allí, la CNN empezó a tener fuerza. También la globalización ayudó, lo que hoy pasa en el otro extremo del mundo es importante. De pronto, cubres un terremoto en Turquía y, del otro lado del mundo, interesa. Traen a casa ese drama terrible que se vive en esas situaciones. Eso es algo nuevo, en el pasado la gente estaba más centrada en su ciudad, su país, pero cuando se está expuesto a ese sufrimiento, aunque sea lejano, el concepto de globalización cobra una forma más solidaria, inexistente veinte años atrás.

-¿Qué importancia tiene la preparación académica en periodismo?

-Como alguien que no ha tenido esa preparación académica puedo apreciar hasta dónde es importante. Yo he tenido que aprender por el camino difícil. Si hoy tuviera que volver a empezar seguramente estudiaría periodismo. Es una asignatura pendiente.

Pero después de veinte años la experiencia del día a día me suple lo que me faltaba al principio... ¡Pero vamos! Me acuerdo que no sabía cómo estar frente a una cámara, me llevaba el teleprompter móvil a todos los sitios, hacíamos miles de kilómetros y teníamos que cargarlo porque yo no tenía la seguridad de decir tres frases seguidas delante de cámara. Tenía la sensación de que estaba en un mundo al que no pertenecía. Poquito a poco la realidad fue cambiando, pero la preparación académica en el periodismo es fundamental.

-¿Hoy sería posible convertirse en un periodista exitoso sin una preparación académica en esa profesión, o viniendo de otro ámbito?

-Pienso que también muchas veces es una cuestión de oportunidad, porque en mi caso empecé en un lugar en el que no había oferta de periodistas. Entonces me imagino que si hoy hay alguien en algún área geográfica de interés, en la que no hay otras personas que compitan con él, lo tendrá más fácil para empezar y seguir adelante, aunque no sea periodista. Hay mucho de eso, de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado.

-¿Cuáles son las capacidades o cualidades que la CNN valora en jóvenes periodistas?

-La pasión es fundamental en periodismo. Hay que estar dispuesto a dedicarle la vida, a no ser más dueño del tiempo de uno, sobre todo en una empresa como la CNN, porque la noticia puede ocurrir en cualquier momento del día, de la noche, del año. Por ejemplo, una vez mi mujer estaba preparándome un cumpleaños sorpresa y había invitado a medio centenar de personas a casa, De pronto se murió Hafez al- Assad, presidente de Siria, y me llamaron de Atlanta, me dijeron que tenía que irme a Damasco. A mi mujer se le descompuso la cara y me decía que no me podía ir y al final tuvo que explicármelo y toda la sorpresa se desbarató. En otra oportunidad estaba en un crucero en Turquía, a mí me gustan los cruceros porque es lo contrario de mi vida diaria... Ahí está todo organizado, no tienes que hacer nada. Estábamos en Estambul y me llamaron porque yo había cubierto los atentados del 7 de julio en Londres y habían encontrado otras cuatro bombas. Me dijeron: "Prepara tus maletas porque puede que tengas que bajarte del crucero y tomar un avión en Estambul para ir a Londres". Al final se aclaró que no hubo víctimas, pero la posibilidad de dejar a mi mujer sola en el crucero existió. La cuestión de dedicación completa, de pasión, es importantísima. A veces me pasa que estoy de vacaciones, veo que hay una noticia fuerte y me da una rabia tremenda no poder estar allí porque estoy de vacaciones. Esa pasión en las venas es fundamental.

Otro tema central es el ejercicio constante de la objetividad, estar capacitado para presentar las distintas caras de la moneda de las complejas situaciones en las que nos encontramos. Tenemos el deber sagrado de transmitir a los demás esa complejidad. Por ejemplo, en el conflicto israelí palestino, un conflicto que muchos tienden a verlo en término de buenos y malos, blanco y negro, víctimas y verdugos, ángeles y demonios. La cuestión es presentar todo. Yo soy de los que piensan que en ese conflicto el que habla de buenos y malos es que no ha querido escuchar las razones del malo, y eso es fundamental. Son dos pueblos que han sufrido mucho: los judíos con el Holocausto y los palestinos con la creación del Estado de Israel.

-Siendo judío y viviendo en Israel, ¿te resulta muy difícil el ejercicio de la objetividad?

-El compromiso con la objetividad es un compromiso que hay que renovar todos días. De hecho, soy un periodista muy cuestionado por esto de querer mostrar las distintas caras de la moneda.

-¿Qué papel juega la tecnología dentro de la CNN?

-La tecnología es un factor clave dentro del operativo de la cadena, nos permite emitir en directo desde los lugares más recónditos. Con la tecnología satelital podemos enviar camiones que mandan la señal o hacerlo desde estudios fijos. Pero cuando no tenemos la llegada del camión o de equipos más importantes tenemos un pequeño aparato, que lo puedes llevar en un bolso y que envía la señal para que nos vean en directo desde miles de kilómetros. Son sistemas basados en Internet que nos ayudan bastante en las coberturas para mostrar lo que ocurre en cada lugar.

Además, la tecnología nos permite tener muchas plataformas para los distintos medios. Permite que la CNN tenga en Internet sitios Web en muchos idiomas. En fin, todo está basado en una tecnología que hace que nuestras crónicas tengan una riqueza visual y un formato muy atractivos.

-¿Y los idiomas?

-Es un aspecto enriquecedor el manejo de los idiomas. Participan dentro de la CNN cadenas de lenguas tan disímiles como la inglesa, la turca o la hindi. Además, en CNN en Español se nos toma el nivel académico de español universal para que dentro de varias generaciones podamos entendernos sin problemas entre los hispanohablantes y para evitar que se contamine con el inglés. De alguna forma, para varios medios académicos estamos sirviendo de ejemplo de lo que puede ser ese español universal. También sucede que Atlanta es un núcleo en el que se reúnen personas de distintos países iberoamericanos, que hablan el español con regionalismos típicos de su país.

-¿Tienen cursos de capacitación interna?

-Tenemos algunos cursillos, uno de ellos consiste en cómo sobrevivir en caso de ataques nucleares. Lo primero que uno piensa es que no hay forma de sobrevivir en el lugar que cae la bomba y en un radio de varios kilómetros, pero el que se encuentra, por ejemplo, a 15 kilómetros puede salvarse. Nos enseñan cómo tirarnos al suelo, que no hay que mirar para el lado de la explosión porque causa ceguera. Es terrible tener que aprender ese tipo de cosas.

-¿Alguna vez las pusiste en práctica?

-En la primera Guerra del Golfo, cuando Irak atacó con armas convencionales a Israel, al principio se desconocía lo que podía ocurrir. Christopher Crommett (actual vicepresidente senior de CNN en Español) me llamó y me dijo que primero me ocupara de mis hijos, que sellara la habitación para que no entre el aire y que después llamara para informarlos.

Recuerdo que a mi hija le temblaban las piernas y le dije que se tranquilizara: "Estoy tranquila, son las piernas que se mueven solas", me respondió. Mi hijo se enervaba debajo de la máscara y tuve que apretarlo bien fuerte para que no se la sacara. Es una gran responsabilidad, primero hay que velar por la seguridad de uno mismo y del equipo de trabajo. Hay que cubrir una información, pero no llegar a situaciones extremas, suicidas.

-¿Qué es lo más difícil de vivir y trabajar allí?

-No es fácil. Hay situaciones peligrosas que forman parte de la vida cotidiana, pero en el mundo son pocos los lugares completamente seguros. Uno aprende una determinada rutina, aprende a asimilar que en el lugar donde se vive hay violencia. Por ejemplo, una vez con mi mujer habíamos ido a un restaurante a comer y al día siguiente nos enteramos de que habían detenido a una persona que se dirigía allí para hacer un ataque suicida.

-En todos estos años, ¿cuáles son las situaciones que más te conmueven?

-El sufrimiento de los niños es conmovedor. Recuerdo la conversación que tuve con un niño de 4 años que se llamaba Ismael, víctima de un terremoto en Turquía. Le pregunté si ansiaba volver a su hogar y me respondió que ya no tenía sentido, porque sus amigos habían muerto.

En otra oportunidad estuve de visita en una escuela palestina y pregunté a unos chiquitos de pocos años si estaban a favor de los ataques suicidas a los israelíes y todos levantaron la mano. Luego pregunté quiénes estaban a favor del proceso de paz y sólo dos niños levantaron tímidamente sus manos, pero cuando vieron que eran los únicos las bajaron rápidamente. Por último, les pregunté si estaban dispuestos a dar la vida en esos ataques y, esta vez, todos levantaron sus manos. Después estuve conversando con el profesor y estaba orgulloso de que sus alumnos hubieran respondido de esa manera. Ese tipo de situaciones duelen mucho. Duele mucho que se haya llegado a esa realidad.

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